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28.5.13

La patria legada

Encuentro (esas pequeñas cosas..), unas anotaciones previas a mi partida, mi petit periplo cubano (¿petit?).
(Día de pequeñeces y paréntesis hoy....).

Guardar algo de estas piedritas marcando el camino, antes, en mi viaje imaginado, proyectado, el que dio inicio a mi vida como escritora, a la búsqueda de mi propia voz...



Las fotos de los chicos para mostrarles a los hipotéticos parientes vivos en la isla (comiendo hamburguesas en McDonalds, qué ironía). El recibo de pago de la parcela (marzo 12,  1964).  La dirección de los amigos de la amiga. La tarjeta de una agencia de taxis por las dudas ¿me pierda? (Transgaviota),  la de un contacto con contactos en el gobierno, la de otro que me paseará por los lindes no publicitados de la isla y que, por algunos dólares más (que deberé aportar en concepto de gentileza al huésped), me hará saborear  una exquisita carne de cangrejo (y alguna que otra exquisita tentación que ahumaremos juntos, si me abismo). Llevo también algunas instrucciones sobre los sitios que debo visitar, sí-o-sí,
(Museo de la Revolución Coliseo Teatro García Lorca Tabaquería Hoteles Inglaterra y Nacional Museo Wilfredo Lam  Catedral  Terminal de Trenes Casa de Hemingway El Floridita La Bodeguita del Medio La Plaza de Armas El Gato Negro Copacabana Cabaret El Nacional El Palacio de la Salsa El Club de Jazz del Shopping casa de Lezama Lima Casa de las Américas librerías “de viejo”)
Y los lugares que podrían establecer un mapa de los trayectos familiares, antes de la diáspora,  registrados en las cartas que me fueron ofrendadas por mi padre, herencia in lettera de una patria (nunca más literal) a construir.
La tía trabajó en la terminal pesquera de Ecopemar.
Alicia, casada con Danilo, vive en Marianao (ahora tendría 83 años).
El abuelo trabajó en la planta de Tallapiedra, en Regla (distrito donde se casaron los viejos).
El sobre con la dirección al dorso del origen perdido: una calle (Calle 6), un numeral seguido de tres dígitos (# 115), el nombre de un barrio (Vedado: cfr “vedar”: prohibir, impedir, obstaculizar, estorbar, privar, embarazar) entre las calles que la circunscriben.




1.7.12

Didascalia (apuntes para un teatro de la memoria)







Migrar del personaje (su parlamento, su máscara).
Ser parte del coro, de la platea, de los iluminadores, de los tramoyistas. Confundirse (fundirse con ellos).
Perpetrar el apagón para oscurecer, desdibujar; es propicio, como dicen los chinos en el libro de las mutaciones. Es propicio, estropicio. Estropear la obra, interviniéndola. Sacarla, salirse de libreto. Noche y sonoridad, lo que acontece.
Nadie contesta las preguntas, nadie se traviste, nadie aplaude en la obra que se va haciendo. No hay actos, no hay cierre. El público (que es decir, el actor, el técnico, el director; que es decir, el personaje), puede irse cuando quiera, y volver cuando lo desee. La memoria se presenta como una sucesión de voces en off que intercambian sus roles sin previo aviso.  Se escuchan frases cortas y monosílabos que perviven como residuos atómicos de lo que fue alguna vez la comunicación entre los hombres.
A tientas deambulan, fantasmales, tratando de construir una lengua nueva para los oídos, nacida de la perplejidad y la intemperie.