11.7.10

Séraphine o el éxtasis



Séraphine montada sobre la rama de un árbol mirando la pradera, de regreso a la pensión miserable donde vive.
La sonrisa de Séraphine.
Las manos regordetas recogiendo flores silvestres para hacer tintas.
Séraphine rezando con los ojos cerrados.
Las manos de Seraphine juntando en un frasquito los aceites de las velas en el altar, para sus óleos.
Séraphine tomándose su vinito curativo, ese que sólo ella sabe hacer, el vino del consuelo, el elixir de los pobres.
Séraphine guardándose un pedazo de pan seco en el bolsillo del delantal.
Los dedos de Seraphine manchados de los colores que ella misma ha producido con lo que tuviera a su alcance.
Séraphine extendiendo orgullosa uno a uno los billetes con que pagará su primer lienzo al tendero del pueblo.
Séraphine dormida en el piso al lado del cuadro que ha pintado hasta la extenuación.
El vestido de novia de Seraphine.
Su llanto silencioso mirando la pradera tras las rejas.

(Aquí un enlace sobre la película inspirada en su vida.)

4 comentarios:

Andrea Molas dijo...

pensando al "artista", la manera, la posición de Seraphine,me atrae, me convoca... perdida en su hacer, sin otro fin que ese mismo hacer...
Hermoso texto Andrea!

Andrea Molas dijo...

pensando al "artista", la manera, la posición de Seraphine,me atrae, me convoca... perdida en su hacer, sin otro fin que ese mismo hacer...
Hermoso texto Andrea!

andrea guiu dijo...

Gracias amiga!

andrea guiu dijo...

Incluso, Andrea, recuerdo las memorias neoyorquinas de Patti Smith, que hemos compartido, tan presente esa efervescencia en sus años con Mappletorne, en los que no importaba nada más que su arte y su modo amatorio de vivirlo.