19.5.13

Fósiles del tiempo




"Hay documentos que parecen muertos hasta que un golpe de suerte , un soplo inesperado, los trae y los sustrae del recuerdo del que dependían para dar de sí lo mejor o en el que estaban condenados a residir, estáticos (...) Es la mirada del arqueólogo, y después la del historiador, y al final será la del demiurgo que crea un objeto nuevo de esos papeles de ghetto, translúcidos cuando eran "de avión" o "biblia"; bastos cuando eran de estraza. Un objeto nuevo de esas cartas delgadas como pétalos, escritas de los dos lados, a mano o a máquina, profusas de signos y de golpes de tecla. (...) Son fósiles de tiempo, de clamoroso estar en el tiempo".

Tununa Mercado: "Yo nunca te prometí la eternidad".

18.4.13

Composición tema...



... un clásico argentino de la redacción escolar.

6.4.13

Cartografías imaginarias


Mundo arborescente, xilografía, 2012.

2.4.13

Las palabras de Circe


Un poema de la maravillosa poeta uruguaya Circe Maia, que nos visitó hace unos días, incluido en "La pesadora de perlas", la delicadísima antología sobre la autora publicada por la editorial cordobesa Viento de Fondo. 




PALABRAS

 Tantos millones de bocas
tienen pasadas.
Pedro Salinas

En este cuarto me rodean muebles
que no conoces: tengo puesto ahora
este vestido que no has visto y miro
_¿hacia dentro, hacia fuera? No lo sabes_.

Pero ahora y aquí y mientras viva
tiendo palabras-puentes hacia otros:
hacia otros ojos van y no son mías
no solamente mías:
las he tomado como tomo el agua
como tomé la leche de otro pecho.
Vinieron de otras bocas
y aprenderlas fue un modo
de aprender a pisar, a sostenerse.

No es fácil, sin embargo.
Maderas frágiles, fibras delicadas
ya pronto crujen, ceden.

Duro oficio apoyarse sin quebrarlas
y caminar por invisible puente.

CIRCE MAIA


22.3.13

(Una) erótica del duelo


Xilografía intervenida, 2012/2013

18.3.13

Unas raíces









La idea de construir algo, de establecer unos cimientos, siempre como un deseo aunque con las contradicciones propias de un alma nómade...
Algún anclaje ahora,  sin embargo, un pedazo de tierra con muchos árboles, algunos cactus, chañares, algarrobos, palos borrachos y hasta un ceibo, en abundancia... y las espinas gruesas, que no le perdonan la vida a ningún calzado, por más reforzada su suela.
Un horizonte montañoso, el bello filo de la sierra Comechingona.
El olor del bosque nativo, la textura agreste del follaje, el cielo limpio de opacidades y luces estentóreas. Los sonidos de la fauna y del viento.
Mi hombre, cerca.
Un lugar que me impulsa al silencio, y a tomar contacto con los datos de la naturaleza, y los de mi propio cuerpo explorando los matices sensoriales del entorno.
Un bicho de ciudad, descubriendo la potencia de los sentidos, de la observación penetrante y sutil de la vida en su materialidad.



17.2.13

Bestiaria



Escribe con los dientes mientras mastica el pedazo de carne tibia que ha moldeado para darle la forma de la ene con su lengua. Escriben sus caninos que no fueron gastados suficientemente por el morral que debió morder, cuando el puntazo de la aguja sobre el cuero arriba le cauterizó, adonde va la ceja; sucede que escribiendo puede recordar este episodio de su cuerpo. Mastica y vuelve, la letra deshilachando cada frase, antes de terminarla. Gotea lo que quiere decir, se le obnubila el ojo que concentra la fuerza de su estilo, maniera que supura y aparece por exceso, expresa aquello que no es parte aún de su naturaleza: las vigas, los andamios, los pelos. La puntada.

Lo piensa y pronto: sale la línea. Muerde la letra y se lastima; la evocación de otras máculas aflora, aunque esta vez lo que duele es producción.

Oculta en el ramaje del invierno helado hasta que pare la tormenta escribe, lejos de su manada, fuera de sí.

12.2.13

El hombre que está solo y espera



Una noticia excelente: Lucrecia Martel dirigirá la adaptación cinematográfica de "Zama", la novela de Antonio Di Benedetto, una de las mejores ficciones de la literatura argentina de todos los tiempos.
 Salute!


Considerada una de las mejores novelas de la literatura argentina del siglo XX, Zama, del escritor mendocino Antonio Di Benedetto, está dedicada “a las víctimas de la espera”. La novela cuenta la historia de Diego de Zama, un funcionario de la corona española varado a fines del siglo XVIII en Asunción del Paraguay, adonde fue enviado de manera interina. Zama espera el traslado a una sede mejor y, mientras eso no ocurre, espera el barco que traiga noticias de su mujer y sus hijos, y el pago de un sueldo atrasado.

Zama espera y padece la espera. Tal vez sea pura coincidencia, pero Lucrecia Martel, una directora clave de aquello que en su momento se llamó “nuevo cine argentino”, tuvo que esperar bastante para encarar su cuarta película. Poco después del estreno de La mujer sin cabeza en 2008, se supo que la directora argentina más celebrada por la crítica y los festivales internacionales adaptaría El Eternauta. Pasó el tiempo y Martel terminó una versión del guión que todavía le gusta mucho, pero el proyecto se canceló por un desacuerdo con los productores. Entonces fue cuando una amiga con la que compartía charlas sobre el río, un tema que a Martel le fascina, le regaló Zama. “La leí hace dos años y tuve la corazonada de que tenía que hacer algo. Me gustó tanto que me dieron ganas no de adaptarla, sino de revivir algo de la novela a través del cine”, cuenta.

Martel empezaría a rodar recién en enero de 2014, pero la espera seguro valdrá la pena, porque la apuesta es de lo más ambiciosa. La película, que demandará unas doce semanas de filmación y un presupuesto de 5,2 millones de dólares, ya cuenta con apoyo del INCAA y de El deseo, la productora de los hermanos Pedro y Agustín Almodóvar, pero todavía necesita conseguir buena parte de la financiación. El sábado 26, Martel y la productora Lita Stantic llegaron a Rotterdam para participar del CineMart, el mercado de coproducción del festival. Entre el 27 y el 30 de enero mantuvieron más de cincuenta reuniones con productores y distintos personajes del negocio del cine, y en la noche del 30 el proyecto argentino –el de mayor presupuesto de los 33 que participaron– recibió uno de los tres premios del CineMart, dotado de 5000 euros.

Pero la gira europea no termina allí. En los próximos días, Zama también participará del mercado de coproducción de la Berlinale, y es muy probable que durante ese festival haya algún anuncio oficial sobre un nuevo acuerdo de coproducción.

4.1.13

Apocalipse now


Anoche tuve un sueño apocalíptico, el segundo desde el famoso 21 de diciembre que, pese a mi escepticismo racionalista, se abrió camino en el territorio de mi psique y articuló su propio "fin de la historia" -cualesquiera fuera, aun no sé, los sueños son siempre premonitorios y laberínticos...

El primero trajo el fuego, bajo la forma de una gruesa columna que avanzaba como un tornado, pero con dirección precisa hacia... nosotros, obviamente. Morábamos en una casa con ventanas grandes, la noche ocurría de pronto y con ella el apagón y tras el apagón, el fuego que vendría a devorar la tierra sin piedad.

Miraba incrédula a mi pareja: ¿cómo, no era que la profecía maya era un bardo? decime que mis ojos no ven lo que ven, despertame de esta, pero era en vano: sus ojos no podían ocultar su propio miedo. Recuerdo o creo o decido que haya sido así (los recuerdos de vigilia organizan el caos del relato, pero no las sensaciones que experimentamos dentro del sueño en sí) que le decía: "por lo menos, moriremos juntos". Después todo comenzó a moverse, a girar, pero me desperté a tiempo antes del humo y las llamas irrefrenables, antes de arder con el mundo entero.

El de ayer fue líquido. La escena ocurría en un chalet con grandes ventanales, al pie de una montaña. Mi compañero, siempre presente en mis catástrofes, leía algo en el atardecer aun con luz. De pronto, se callaban los pájaros -en el sueño ese silencio repentino era notable para mí- y el rumor creciente de una cascada se abría camino desde la altura de la montaña hasta convertirse en torrentes, grandes masas de agua desbordando y cubriendo rápidamente las ventanas, colándose por las hendiduras, mientras nosotros corríamos a tapar cualquier hueco por donde pudiera filtrarse y estallar. Corríamos junto a los niños de la familia, pues esta vez, había niños y había familia en el sueño. Sobre mojado, llovido: a raudales, como maná del cielo, todo era gris en sordina a nuestro alrededor.

Hasta que cesaba la lluvia, el cielo comenzaba a despejarse, pero no del todo, nubes oscuras ocupaban la mitad del cielo que mirábamos, esperando que bajara el agua que nos había anegado.
Nunca morimos, parece que hasta allí llega mi apocalipsis.

No los vivos; sí: en cambio, encontraba a mi padre, muerto -por segunda vez- y con una expresión serena; el agua no lo había alcanzado. Yo lo tomaba en brazos y lo acunaba. Después, lo llevaba a uno de los cuartos, lo acostaba sobre una de las camas -había muchos cuartos en la casa-, lo tapaba y seguía acomodando el caos producido por la inundación, hasta el próximo embate de la naturaleza que no tardaría en producirse.