11.7.09

Hamlet revisitado (para seguir con los espectros...)



Jorge Villegas, hombre de teatro, talentosísimo y en constante búsqueda -recordemos la trilogía Judiciales, LSD, Informe Mono, etc.; la dirección de su grupo teatral Zeppelin, su intensa actividad pedagógica, las obras escritas en colaboración, los encuentros crítico-gastronómicos trimestrales, entre otros haceres suyos-, organiza y dicta el siguiente seminario:


HAMLET HP TY 14/4


Una Clínica sobre el “Hamlet” de William Shakespeare

Cómo Pensar y Hacer “Hamlet” entre las ideas de Hanna Arendt (¿por qué debe haber alguien?)
y el deseo de la Institución Noble.

Lo Estético y lo Estático.
Lo Unidimensional y la Diseminación de Sentido como tema Político.
El Cuerpo como Transmisor de Ideas Políticas.
El Cuerpo Domesticado y las Ideas Sujetas.
El Discurso del Amo en la Creación de la Obra de Arte.
El Valor Político del Instante y su Relación con el Concepto de Signo de Derrida.
El Concepto de Política en Hanna Arendt.
¿Qué hizo con HAMLET Heiner Müller?
El Trabajo con la Forma como Construcción de Sentido.
De la Dinamarca del 1600 a la Ciudad Panóptica: Shenzhen

6 encuentros de 3 horas cada uno, los sábados de agosto y dos de setiembre. Teórico/Práctico.

Objetivo: Pensar y Montar Escenas de la obra HAMLET atravesándola de Ideas Políticas y de Ideas Estéticas.
Dirigido a: Actores, Estudiantes de Teatro, Docentes y Personas Interesadas en el Hecho Teatral Contemporáneo.
Condiciones: Lectura de “HAMLET”de W. Shakespeare y del artículo “China y el Estado Vigilante” de Naomi Klein, Revista Rolling Stone número 124, Julio 2008.

Para pensar la política y el poder, con un autor de todos los tiempos...

1.7.09

De la noche

HÉCATE EN LA RIBERA… o de las cosas que el día no ve.

Soy su memoria.

He visto las verdades del cuerpo que los hombres prefieren ocultar por discreción o vergüenza.
He visto las miradas furtivas de los amantes contra la piedra húmeda y sentido en carne viva los sudores, las palpitaciones, el estertor del orgasmo.
He visto la rebelión del agua: sacar de cuajo árboles y lechos, llevarse el calicanto, y el moho que dejó la turba después de varios días se adhirió a mi piel; y fue mi piel.

Soy su reina.

La gente que va de misa vespertina se persigna cuando le salgo al cruce. No todos pueden verme. Privilegio real: yo elijo a quien mostrarme. Y cuando me aseguro de que están paralizados, cuando sé que definitivamente no huirán de mi risa completa y blanca, _y no de encías huecas, como en los cuentos de los Grimm_ dejo caer la capucha y revelo la quintaesencia de mi sensualidad. Brilla con apenas una pelusilla suave y algunas manchas celestes alrededor de la coronilla.

Soy su hechicera.

Conozco cuatrocientos cincuenta y dos fórmulas para conjurar daños y producir entuertos. Alguna vez, sólo por divertirme, casé a la fea pobre con el petulante, a quien volví pobre y cornudo, transcurridos unos pocos años de relativa felicidad.

Soy su maestra.

Con sólo invocarme, las mujeres entrenadas en el oficio más antiguo del mundo logran poderes impensados. Lo de las fotos y la bola de vidrio funciona como placebo. El único exorcismo auténtico reside en la palabra.

Soy su lectora.

Me descifro en ella; me adjetivo y la celebro en poemas epigramáticos. Dejo muescas grabadas en las esquinas como notas al pie. Escribo lo que ella me dicta. A sus lectores les advierto: ella no tiene misterios. Ella siempre dice la verdad. Ella se abre y prodiga.

Soy su puta.

Bajo la toga oculto unas tetas generosas, que son la envidia de mis amigos travestis. A veces para ayudarlos se las muestro a los potenciales clientes, ocultando mi rostro entre el follaje de las tipas.

Soy su memoria.

He visto morir a un crío de cuatro, seis, siete, nueve, diez, de una paliza, de un tiro, de hambre, de indiferencia. He visto a un adolescente desangrarse. He visto a otro correr con unas zapatillas fosforescentes atadas sobre la espalda y un brillo dentro del puño. He visto bocas masticando desechos. He visto a una mujer rascarse con frenesí la cabeza de Medusa. He visto a Icaro vomitar sangre con un ala quebrada, a Sísifo abrazado a la roca, y a Perséfone buscando a su marido por los tugurios de Güemes.
He visto a Démeter maldecir el fruto, cuando se dio cuenta de que la chinita otra vez se había escapado con ese miserable.

Soy su confín.

Deambulo por las márgenes de un río que avanzó sobre la ciudad, antes de que la ciudad avanzara sobre él para domar su furia.

Soy su oído.

Escucho las plegarias non sanctas de las viudas cuando el calor aprieta. Dicen cosas que ruborizarían a las mujeres de largas piernas que fuman a mi lado. Que me cuentan las cosas que les dicen los hombres que les pagan. Lo que les dicen los novios mientras las golpean.

Soy su memoria.

He visto sombras engullidas por un Falcon, desaparecer.
Por eso llevo luto.

Soy su voz.

Pregunto por José, por Cacho, por Ignacio, por María…

Soy su tenacidad.

…y nadie puede decirme adónde fueron. Quizás no sepan; quizás mi aspecto los asuste. No es común que una mujer calva ande haciendo preguntas imprudentes por la vía pública.

Soy su memoria.

He visto a hombres y mujeres volviendo de sus marchas. Con minifaldas y botas D´Artagnan; con cuellos mao; con remeras Lacoste; con pieles sintéticas; con velas, con encendedores, con ollas vacías y ahumados de choripán. Con botamangas amplias y mochilas. Con palos. Con alpargatas. Con camisas de jean.
Los he visto en mayos, en setiembres, en octubres, diciembres… y de nuevo en los marzos, desmembrarse cansados, de regreso a sus vidas.

Soy su hermana.

Escondo mis dolores en el bolsillo que abrí detrás del esternón.
Mi aspecto es sólo una caricatura de lo que fui. Uno de mis tantos disfraces sobre este armazón de huesos que transporto desde hace miles de años.

Soy su heraldo.

Me lastima la luz. Mi estilo es hiperbólico:
“¿Parezco irritada? ¿Y no tengo motivos, brujas insolentes y temerarias? ¿Cómo habéis osado comerciar con Macbeth y traficar en enigmas y asuntos de la muerte mientras yo, vuestra maestra en sortilegios, artífice secreta de los maleficios, no fui ni convocada a ejecutar mi parte ni tampoco a mostrar nuestro arte en todo su esplendor? Y lo que es peor, todo lo que habéis hecho fue por un hijo caprichoso, malvado y violento, que al igual que muchos por sus fines procura; nunca por los vuestros. Poned ahora remedio; así, partid y a las cavernas de Aqueronte venid para buscarme con el alba, que allí él para saber de su destino ha de acudir. Preparad vasijas, los conjuros, vuestros filtros y todo lo demás. Me vuelvo al aire, que he de emplear la noche en un fatal y trágico designio. Grandes cosas habrán de urdirse antes del mediodía. De la curva de la luna pende una gota que exhala hondos misterios que yo he de recoger antes que caiga a la tierra, y destilada por los filtros mágicos hará surgir espíritus artificiales con la fuerza debida a su ilusión que le conducirán hacia su ruina. Despreciando el destino, se reirá de la muerte, llevará su esperanza más allá del temor, sabiduría y gracia. Vosotras lo sabéis: la confianza es para los mortales la peor enemiga.…. “
… fue una gran actuación… Pero el destino me trajo hasta estas tierras para ser…o no ser…

Un espectro menor.

No tengo séquito porque no hay que andar por estos lugares ostentando título. Cada tanto, los diarios me incorporan a sus notas de color local.

Soy su libertad.

Ella me abraza en medio de la lluvia, el granizo, el rocío, el estallido de una estrella; lunática o nublada; ella me invita a transitarla, a sentarme con ella, a contarle sus desventuras, a imaginarla, a atravesar fronteras; ella me ordena que haga saltar los cepos, los elásticos, las clavijas, las lenguas, los corchos, las órbitas, los hábitos del día.

Soy su memoria.

Ella me llama cada vez que alguien quiere olvidarla.


(Publicado en Decamerón Cordobés. Libro de la noche. (Libros 7 y 8). Babel. 2008 )

11.6.09

Rosa cubana

Trinidad, Cuba, 2000.


Ella se llama Rosa, pongamos. Rosa está maquillada como para ir de fiesta, el pelo negro cayendo en bucles perfectos, dos hebillas doradas que sostienen las mechas más cortas, minifalda, medias de lycra, labios contorneados con lápiz chocolate, quizás un poco más oscuro de lo que debiera haber sido la insinuación de un continente para el rouge, rabiosamente fresa, de la boca. Anda así, subida a su carro, con esa pinta, y eso que son las 6 de la mañana, y del sol todavía ni asomo. Yo voy en zapatillas, un buzo dos veces más holgado que mi cuerpo, vaqueros flojos, una bolsa con algunos obsequios para quienes me esperan en la ciudad sin mar, la valija azul, la cámara de fotos en el bolsillo de la campera de lona, también azul.

Ella acomoda el equipaje en el asiento de atrás, y cuando voy a sentarme en el extremo libre, me pregunta, extrañada, por qué no le hago compañía, así podemos charlar más cómodas, y yo le digo por qué no, y me siento a su lado.Costumbres, le digo, argentinas, esto de ubicarnos atrás cuando vamos de pasajeros. Aquí, me dice, no estamos habituados, somos conversadores, y quien viaja con nosotros comparte.¿Aunque les paguen? pregunto, y me arrepiento al segundo de haberlo preguntado. Ella sonríe: Claro que sí, por supuesto. Qué diferencia hace si el viaje es el mismo para todos.

25.5.09

Cordobazo, cordobeses

Yo era una niña de 7 años y no vivía en Argentina entonces. Pero soy argentina por opción, y creo que la memoria es una construcción social hecha de muchas memorias, que se combaten, que se enlazan, que se revisan, que se discuten, que se reformulan. Eso es política: un lugar efervescente, intranquilo, vital. Así que esta es, también, mi memoria, mi política y la de todos quienes aun creemos que ciertas luchas siguen valiendo las penas, y para que, si las hay, no haya olvidos...

24.5.09

Un rostro


De uno de los libros más lindos que leí en mi vida, Celebraciones. Me lo prestó Federico Falco. Los dos somos admiradores de la obra de Michel Tournier. Habla en este ensayito, del cual reproduzco un fragmento, acerca de un rostro, el de una de mis escritoras favoritas: Marguerite Duras. Puede ser el rostro de cualquiera de nosotros, si el rostro fuera ese lugar en el que no sólo se inscriben los rastros de la sangre cierta (la memoria, el linaje, whatever it´ll be) sino también la extrañeza... eso que Freud llamó "umheilich"(lo siniestro)... ¿por qué otra razón escribiríamos?


Siempre hay que volver al rostro de los escritores. Pasarse horas y horas ante una página en blanco, que una mano cubre de signos mentirosos, es un gesto que no queda impune. Tampoco queda impune nacer en un rincón perdido del Vietnam, de un padre moribundo y una madre algo loca. Mirad buen ese rostro. Antes hablaba de un fruto exótico, asiático. Es cierto que ella tiene los ojos rasgados, los pómulos altos, y esa frente cuadrangular que se encuentra entre Cantón y Tcheng-tou, mientras que su hermano mayor, el odiado, tiene un rostro ciento por ciento europeo (…) Supongamos que haya habido por parte de Marguerite Duras, en un reflejo de piedad filial muy respetable, un salto de una generación. Supongamos que el chino de la limusina negra, quince años antes, fuera a esperar no a la adolescente, sino a la joven mamá, siempre algo descuidada, que se siente sola porque su marido no acaba de morirse. Entonces esa breve y estremecedora novela no debería llamarse “El amante” sino “El padre”. Un padre odiado porque es amarillo, porque compromete a la madre “caída”, y compromete a la hija que lleva en su rostro euroasiático la vergüenza de su origen. ¿Una nueva mentira? ¿Una tercera novela? La misma novela apenas retocada.

MICHEL TOURNIER: Celebraciones

17.5.09

Sumi-e: el arte del zen en el arte


Desde hace unos años, investigo y experimento las maneras de meditar en/con el arte. El sumi-e es una técnica de aguada japonesa antiquísima, la espontaneidad y la concentración logran unirse en un mismo punto.

Por lo general sus motivos son los paisajes. Paisajes en absoluto "figurativos", sino hechos de trazos levísimos, cuya densidad y calibre van dando entidad a las formas.

Como sucede siempre con las tintas, el trazo es irreversible.

El soporte es delicado y semi-traslúcido: por lo general, se pinta-dibuja sobre papel de arroz. El pincel acariciando la tela levísima y rugosa. Todo un arte que requiere entrega absoluta de quien lo practica, como debiera requerirlo todo arte. Y toda vida.

Si alguien tiene el dato de dónde se vende papel de arroz en Cba, se agradece, hace tiempo que no logro conseguirlo.


2.5.09

Imaginario colectivo


El martes próximo, Eugenia Almeida presenta la novela que leyó una buena parte del mundo -Grecia, Italia, Portugal, España, entre otros países- antes que nosotros.
Hace cinco años ganó un premio importantísimo. Viajó, dio charlas, intercambió experiencias con otros escritores, le hicieron notas. Ella, según contó en distintos reportajes, fue la primera en sorprenderse de todo lo que le estaba pasando.
Yo la conocí cuando presentamos juntas el excelente libro de cuentos de Raúl Vidal, Pagué y salí. Su lectura aguda y pormenorizada de los matices sensoriales y psicológicos de los personajes me impresionó. Eugenia es una escritora de raza.
Hace una semana la entrevistó Osvaldo Quiroga en su programa "El refugio de la cultura". Fue un verdadero placer escucharlos a los dos. A él, porque es un excelente entrevistador y se le nota la pasión por lo que hace. A ella, por la firmeza y sencillez que mostró en cada una de sus reflexiones. Entre otras cosas, la autora explicó que, aunque la trama de El colectivo transcurra en los setenta, la semilla del autoritarismo anida aun en nuestra sociedad. Asi, el pasado de los años de plomo no es un relato cristalizado, sino un pre-texto para seguir hablando del presente.
Yo me la acabo de comprar. Espera en mi mesa de luz la promesa de éste, un nuevo libro y siempre, por esto, una buena noticia. A la que sumo la alegría de que personas como Eugenia lleguen con su palabra hasta nosotros. Y trasciendan.

29.4.09

Maneras de decir "ya no". Vilariño, in memoriam


De Idea Vilariño, poeta uruguaya que falleció ayer. Dicen los chismógrafos de las letras que se lo dedicó a Juan Carlos Onetti -el gran Onetti- de quien estaba perdida e inútilmente enamorada...


Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.


Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.


No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volveré a tocarte.
No te veré morir.

Nuestras bestias queridas




Hoy es el Día del Animal, y quiero decir que los animales me han enseñado mucho. Y no me refiero a las fábulas, en las que ellos son usados como pretextos para construir moralejas sobre nuestras miserabilidades y virtudes.

Evoco a Diana y Cuqui, las perritas que estuvieron en mi infancia en casas, hasta las mascotas de departamento: la tortuga de mi hermano Germán -de horrible e infausta muerte entre las fauces de una celosa Cuqui-, y el Pipi canario mandarín, que sólo comía de la mano de mi vieja y que se suicidó, declarándose en huelga de hambre, una vez que su ama viajó a Rosario por varios días. (¡oh madre abandónica, pagarás con la culpa!)

Cuando armé mi vida en pareja -la primera de ellas- llegó El Gordo, que tenía un nombre mucho más largo y en alemán, una humorada que ignoró olímpicamente, con esa actitud desdeñosa que es la marca registrada (y fascinante) de los caracteres gatunos. Yo a-do-ra-ba al Gordo. Había crecido con el prejuicio de que los gatos son: traicioneros, interesados, fríos, olorosos, desconfiados, etc, etc, ¡infamias! mi Gordo era li-bre. Cariñoso, perceptivo, juguetón, mimoso ma non troppo. Cuando estuve con los cólicos de mi gastroenteritis aguda se quedó durmiendo al ladito de mi cama, vigilando al médico que vino a revisarme, los varios días que demandó mi recuperación, sin moverse -¡lo juro!- hasta que salí a flote. Entonces recién ahí partió a sus aventuras diurnas y nocturnas. ¿Frío? ¿Interesado?

Algún vecino o vecina mal parido lo envenenó. Nunca olvidaré los ojitos agonizantes de mi Gordo que, literalmente, murió en mis brazos. Fue todo un duelo; él había llegado a nuestras vidas cuando era casi imperceptible, lo dejaron en la puerta de casa adentro de una caja de cartón. Y asi llegó Tavo, un perro alegre de pelo brillante, para sacarnos de la depre: asustado, se refugió entre la reja y la ventana del comedor. Tenía unas pústulas horribles en el hocico y la lengua. Lo curamos, lo bañamos, lo alimentamos... y la dolencia desapareció velozmente. Y lo adoptamos, claro, con el miedo lógico de perder una mascota otra vez, por eso del sufrimiento etc... y sí, él también partió a otro destino cuando nosotros nos separamos.

Incluso Nachito me enseñó que hay que respetarle el lugar a la naturaleza y que no todos los bichos son iguales: no se sentía bien encerrado en una casa con un patio ínfimo, solo con una dueña que pasaba varias horas laburando fuera de la casa. Ni el huesito de juguete, ni el pececito que me regaló Rossana para él, ni el champú especial ni el más caro alimento balanceado podían compensar su ansia de libertad, de correr entre las vacas, de revolcarse en el pasto como hizo después, cuando lo entregué a una familia recomendada por mi cuñado en Río Ceballos.

Hace tres años, los bichos aparecieron de la manera más insólita en mis dibujos, mis tintas, mis pinturas de mi Libro de ojos. Mejor que aparecer: irrumpieron. En sus miradas encontré muchas facetas de la vida "salvaje" de la que las urbes nos alejan: algo de esa mirada perdida de la que habla John Berger en su maravilloso libro Mirar: la mirada perdida entre el hombre y la bestia: "La cultura del capitalismo no puede reparar hoy esa pérdida histórica a la que los zoológicos erigen un monumento".




15.4.09

Suave delicadeza de un ocaso

Manhattan, Nueva York, 2001

Qué fluencia. No fluidez: no hay errata. Un irme / venirme, sin pecado concebida. La mancha significa apenas una huella del vómito en mi vestido. Una huella de un resto de lo que no puede digerirse. Antigua sabiduría intestinal.

Me despojo de afeites: en la guarida, el cuerpo es un pretexto. Amor ¿lo estoy diciendo bien? ¿Despojo produce buena yunta con afeites? Raro, querida, pero no necesariamente falso… me dicta.

Él ya no está, se lo tragó la tierra, pero nos escuchamos, lo consulto, lo miro, lo huelo, lo presiento.

En el humito del cigarrillo, ahí. Ningún delirio místico, ni hagiografía: él es el humo que me llena y me intoxica los pulmones, las células, la sangre, el cerebro, el corazón, la lengua.
¿Es que acaso llegamos hasta aquí para nada, para esta intemperie de desierto helado? Le pregunto pero esta vez se ha ido, como siempre que le hago esa pregunta. Muy zen lo suyo. Fuck you dear, y revoleo la taza y la estrello contra la puerta del baño. (La taza de todos modos tenía una muesca en el borde, no me gustan las cosas rotas, ahora recojo los fragmentos de loza y los envuelvo en hojas de diario, páginas 4 a 8, sección deportes, otro triunfo de Messi, viene de tapa, Messi a la basura con mi taza amarilla, al polvo volverás, dijo el poeta español… aquí entre el polvo orgánico de cáscaras de banana y cartones de leche descremada fortificada con hierro e isoflavonas)

Afuera es cuerpo. Comer, correr, disfrazarse. Sonreír. Mostrar los dientes. Grrrrr…. fuera bestia, no te metas conmigo. Blablablabla.

Adentro la mente que inquiere, sin automatismos, si la destrucción activa o consume. Si no veo mi sombra persiguiéndome por las veredas, si la busco y tampoco mi réplica en los espejos de la calle, entonces ¿existo? ¿dónde? ¿dónde me ven los otros? ¿en quién se encuentran ellos? ¿Quiénes son ellos para mí si yo tampoco puedo verme en sus ojos? ¿Fantasmas?

Esta levedad en lo efímero es un antídoto que procuraba para la melancolía, para los fantasmas que no nos dejan, para los mitos del pasado que nos pesan. Frente al dolor suave del pasado que no pasa, una “modesta alegría”. No resistir el empequeñecimiento de las cosas y las personas. El retrato envasado. … La levedad de la deriva, la liberación del peso de la orfandad, dos que desaparecerán. Vestigios de deseos tardíamente percibidos. Encanto al conseguir recordar las dichas tanto como las pérdidas. Suave delicadeza de un ocaso. (Denilson Lopes).