11.3.14

Días de poesía


Mañana empieza el Festival Internacional de Poesía de Córdoba. Es la tercera edición de un encuentro que parece haber llegado para quedarse.
Tengo la alegría de integrar la lista de 60 poetas que llevarán sus voces hasta el patio central del Cabildo, donde también ocurrirán la música y el cine. Los bienvenidos intercambios, canjes, mixturas y contagios entre las artes, sus hacedores y sus públicos, como en ediciones anteriores, volverán a prodigarse.

Abrir la poesía a la gente, tender un lazo entre nuestras palabras y quien las acoja, y que esa ceremonia se convierta en fiesta. Ser receptores también de esas otras voces que hacen posible mantener viva la llama de la creación.
Para que  la lengua siga siendo esa dama indómita capaz de dar testimonio, de hacer sentir, de suscitar revelaciones profundas y terribles de este animal que somos... Así sea, una vez más.







7.3.14

La pasión según Clarice



hay piedad en la ofrenda de la boca
a la abyección hermana de la carne 


un decir carne y no cuerpo
un decir nadie 


sino el instante de parirse cosa
el estar ahí rotundo de la espera
que no espera 

sino la difícil alegría de
no ser.



(A propósito de "La pasión según G.H." de Clarice Lispector)


25.2.14

A real sand



My lenguage is over me undressing my words. Pushing me into the real sand.


9.1.14

Parterogénesis


Herida por los fragmentos del espejo que atravesó la carne
se devora a sí misma.
Es minuciosa la metamorfosis.



* Obra de Pat Andrea que ilustra una de las versiones de "Alicia en el país de las maravillas", el clásico de Lewis Carroll


18.12.13

El necesario abandono

A veces tengo la alegría de encontrar estas cosas, de la manera más inesperada. Son fragmentos de una de las ponencias presentadas  en un congreso de literatura brasileña post 70 que después se reunieron en un libro. Traduje lo mejor que pude.



El necesario abandono: sobre desapariciones, fantasmas y mitos. Por Denilson Lopes.

 “ Si la invisibilidad comúnmente tiene un sentido negativo en un primer momento de una política de identidades, tal vez ahora ella pueda significar algo diferente. Ser invisible en una sociedad consumista puede ser una manera de hacer una diferencia por pausa y sutileza. En una sociedad donde todo y todos deben ser visibles a cualquier costo, incluyendo más y más a diversos grupos minoritarios; en este sentido la transgresión y la diferencia son apenas estrategias de marketing. Por cierto, “invisibilidad” no significa esconderse, huir de la realidad, sino simplemente una forma de enfrentar el poder corrosivo del simulacro, el exceso de imágenes y signos, cada vez más desprovistos de sentido.”

¿Como sería posible, entonces, hoy, no sólo una estética sino una ética encarnada en la desaparición en tiempos de máxima exposición, cuando el marginal es “glamorizado”, vendido y empaquetado en las mejores editoras del ramo? ¿El propio silencio no sería apenas un golpe publicitario para valorizar obras y crear un aura en torno del autor? ¿O el deseo de desaparecer en el paisaje, de ser apenas uno más, se podría cifrar como deseo de muerte? Hay un frágil legado de liviandad, una posición, una brecha, si permitimos que un paisaje nos tome y nos reeduque para la delicadeza y para el desamparo.

Habría una liviandad en lo efímero. Si hay un efímero melancólico, constitutivo del Barroco histórico en lo moderno (Baudelaire, Benjamin, Pessoa, etc), que revive y actualiza sin fin el pasado y sus trazos, hay, por otra parte, un efímero positivo, más explícitamente cósmico, que atraviesa la historia de la mirada en la Francia del siglo XIX (cf. Monet) y que me parecen servir de “puente” teórico y estético entre Asia y Occidente, que integra, aceita y transforma la fluidez de los flujos electrónicos, transformando sus efectos y creando flujos imagínicos que tienden a ignorar la urgencia-simulacro del mercado. Un efímero sin melancolía, que reelaboraría, en lo precario y lo frágil, los extractos del tiempo, sus paisajes, sus facciones y sus imaginarios.

Esta levedad en lo efímero es un antídoto que procuraba para la melancolía, para los fantasmas que no nos dejan, para los mitos del pasado que nos pesan. Frente a l dolor suave del pasado que no pasa, una “modesta alegría”. No resistir el empequeñecimiento de las cosas y las personas. El retrato envasado. … La levedad de la deriva, la liberación del peso de la orfandad, dos que desaparecerán. Vestigios de deseos tardíamente percibidos. Encanto al conseguir recordar las dichas tanto como las pérdidas. Suave delicadeza de un ocaso”.


Denilson Lopes es doctor en Letras y profesor de la facultad de comunicación de la universidad de Brasilia, investigador del CNPq. Autor de El hombre que amaba los muchachos y otros ensayos (2002), Nosotros los muertos: melancolía y neo-barroco (1999) y coordinador de Imagen y diversidad sexual (2004) y El Cine de los años 90 (2005)

*la imagen es una fotografía del artista David Trullo titulada "Invisible man", y extraida del blog http://javierdiazguardiola.blogspot.com.ar

11.11.13

Benjamin ensemble



Puede que sea en los confines de ese silencio donde deberíamos, siempre, leerlo.

Edmond Jabés
 (Libro de los márgenes II)


La encuentra aun doblegado por su pasión rusa.
Le habla de su hijo, de los amigos que han partido a tiempo. De los umbrales, de lo que ve en las calles, del miedo, del asco, de la soledad.
Le pide imperativo que se saque la ropa, mientras busca los lentes que ha extraviado. El cuerpo judío arrodillado sobre la alfombra.
Evoca el mundo objetual de la madre, el costurero, el carretel acechante en algún lugar de la habitación. El fuego en el hogar y la manzana dulce de las navidades.
No le dice querida, le dice Helena, le dice Sarah, le dice Albertine.
Le pregunta qué ha hecho hoy, a quién besó.
Le cuenta que ha estado en la biblioteca.
Cierra los ojos, se deja acariciar. Después le lame los pezones, le huele el sexo.
La penetra con fuerza. Acaba rápido.
Los otros alemanes, afuera.



(de mi libro por venir...)

14.10.13

El café cordobés

Una notita de esas que se conocen como "de color" que encontré revolviendo archivos muy antiguos del diario donde trabajo ("La Voz del Interior"). La bohemia y su sociología particular, modelo 1912.


"

 La pulpería de nuestros abuelos, degeneración de la taberna europea, ha llegado a ser el café, distanciándose los parroquianos del mostrador, esparciéndose por un reciento más amplio. El pulpero o tabernero se ha multiplicado en solícitos mozos. El mobiliario ha adoptado nuevo estilo, sui géneris; luces, espejos y los mil adminículos del confort, han hecho más atractivo ese lugar en que las clases sociales se codean como en parte alguna.

En los centros de alta civilización, el café constituye una estación en la cual predomina el peatón que recobra bríos para la tarea de los negocios, con rectificantes del sistema nervioso, con restauradores del estómago. Pero en las ciudades que como la nuestra, tienen un si es no es de patriarcal en sus costumbres, el café es algo más: es un lugar de sociabilidad para lo que no frecuentan la sociedad, para los que no departen en los corros de los clubs, para los que temen la soledad o para los que, al decir de Schopenhauer, aman la soledad acompañada.

Los cafés de Córdoba nunca están desiertos. Se tratan en ellos, como en todas partes, los negocios, se descansa. Pero rasgo notable, se vive mucho en ellos. Hay hombres que pasan todas sus horas de vigilia en el café, y que cuando no los véis más allí, podéis darlos por muertos.

Son estos seres dichosos, pues han sabido formarse un hogar rumoroso y en el que abundan los motivos de esparcimiento. Correctos, con aire de severa suficiencia, con ademanes un poco litúrgicos, parecen presidir la asamblea zumbadora. Por la mañana, sus fisonomías tienen la misma expresión que por la tarde y noche. Y como una demostrativa del aburrimiento, de la fatiga que es acomete, los tenéis en los diversos lugares de la sala, y en las puertas o ventanas, ya en alguna mesa de un rincón,  ya acodados en el mostrador.
El hábito es omnipotente. Uno de estos hombres nos comentaba que el día que no concurría a su habitual café era día de molestia, de malestar para su ánimo.

Al lado de estos hombres, cuya misión parece exclusivamente ornamental, existen otros jóvenes en su mayor parte, que constituyen corros o patotas. A estos últimos, hinchando la expresión, podría llamárseles las columnas del café. Como jóvenes que son, petulantes son. Es un opio la conversación general. Horas y horas podréis oír, al lado de perogrullescas reflexiones, la malevolencia venenosa de los chismes de comadres.

Sin embargo, hay una hora en que estos característicos del café se confunden con la rebosante concurrencia. Es la hora del aperitivo. Entonces el espectáculo de la sala desbordante, del vaivén acelerado de los mozos, la polifonía de las palmadas, los gritos y la orquesta constituyen un conjunto estético que entusiasma.
¡Las energías que consume la vida de café!

El adolescente que, ruborizado, bebe su primera copa  no presiente que, andando el tiempo, aquel lugar donde se iniciaron en el juego y en el vino, insensiblemente, se convertirá en imprescindible para ellos, lugar en el cual transcurrirán, muertas, sus horas más preciosas, arruinarán su salud, perderán hasta el último vestigio de donosura espiritual, para salir de allí, quizá, a la ancianidad deplorable que se arrastra por las tabernas excéntricas o, lo que es peor, perdida la personalidad en un cretinismo absoluto.
Pero en el café cordobés late el alma de nuestro pueblo.
Alma adusta, seria, que apenas sabe sonreír; alma parsimoniosa y poco accesible a las grandes efusiones; alma antigua; alma nuestra y nada más que nuestra.
Fito Gal. 
"
Publicado el 25 de mayo de 1912 en La Voz del Interior. 

3.9.13

Orfeo






Orfeo
Gustave Moreau, 1865
Museo d'Orsay, París

28.6.13

Un poema de María Negroni





 LA CIUDAD NÓMADE 

Como si de tanto ser abril, abril se esfumara.
Y yo, esa mujer cansada, sin saber
qué hacer con tanta huida,
dónde esconder las armas del exilio y la astucia.
Al entrar, primero a un corredor
y luego a un patio cuadrado y generoso,
alcanzo a ver al hombre que tal vez me enseñe a amar.
Por un beso,
recogería ese umbral,
ese cielo más hondo donde sueñan sus labios,
abrazaría mis lágrimas futuras,
esta penosa vida que me avanza.
Pero no me detengo,
el patio hierve: unos jóvenes corren,
un auto frena en seco,
rugen ametralladoras, la noche clandestina,
hay un algo de nupcias con fantasmas,
de cita cantada.
De pronto, dice una voz a mi lado:
—Córrete para atrás que ahí viene la ciudad.
Veo que la ciudad se acerca
y pasa por delante como si fuera un río.
Una novia clara.
Transcurre, de izquierda a derecha,
lentamente,
con su perfil de almenas y de lumbre.
Alborozada, me pregunto por dónde he de cruzarla.


MARIA NEGRONI

1.6.13

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?



Se anuncia la edición de un libro del filósofo español Manuel Cruz, dedicado íntegramente a mapear (y discutir) las reflexiones de distintos pensadores que en el tiempo han rondado el problema del amor (Amo, luego existo, editorial Eudeba). Problema en tanto la naturaleza del sentimiento es cambiante, en función de las variables sociales, económicas, históricas que configuran a los sujetos de cada tiempo. Al respecto, recordé  un hermoso libro de entrevistas a historiadores que abordaban ese seguimiento, desde el neolítico hasta las últimas décadas.  (La más bella historia del amor, Paidós).

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? se preguntaba en uno de los títulos de sus inquietantes relatos  el estadounidense Raymond Carver. (un cuentazo, si quieren leerlo, va una versión
http://teecuento.wordpress.com/2009/08/18/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-amor-r-carver/)

Aquí, un par de ¿respuestas? que me interesaron de la reseña que la revista Ñ publicó en su edición de hoy.

Según Spinoza (el gran Baruch/ Benedicto / Bento) "lo que está en juego en el amor es la satisfacción de una serie de necesidades profundas del yo. Acaso lo que prueba la pareja inesperada o sorprendente es que uno nunca termina de conocerse del todo a sí mismo". 

La filósofa alemana Hannah Arendt recelaba sobre todo de quienes en el fondo pretendían introducir lo amoroso en la esfera de lo político con la inconfesada intención de sustituir el debate racional por la movilización emotiva... "no "amo" al pueblo judío en ninguna instancia suprapersonal de la misma escala (escribe a Gershom Sholem, el también amigo de Walter Benjamin)... porque sólo se ama a personas concretas... la política tiene que ver con el interés (de inter-esse); entre los amantes no hay "inter", son pura continuidad...".


*las gráficas: 1) fotograma de "El romance del Aniceto y la Francisca" (la gran película del gran Leonardo Favio).
2) "El amor" óleo de Pedro Pont Vergés.