20.8.16

Sobre "La voz más distante" de Eugenia Cabral



LUCES Y SOMBRAS DE LA VOZ EN DUELO
(A propósito de “La voz distante” de Eugenia Cabral)

¿Qué le cuenta la noche a la poesía, qué le dice el silencio? ¿le hablará de quienes fueron y fuimos, en otro tiempo, con ellos? ¿cómo será esa voz, qué color, qué timbre tendrá?
¿Es que la poesía puede existir separada de lo que podría callar, de lo que omite decir, o de aquello que no puede expresarse sino en la lengua herida de la pérdida?
Estadios de la luz y de su ausencia, este libro de poemas que nos entrega  Eugenia (*),   fechados entre 1999 y 2001, escribe su propia clave secreta “en el corazón” de una voz que anuncia y elabora su distancia, precisamente allí donde resulta más difícil producirla.  Porque si el corazón atesora la cifra del poema, y esa cifra es secreta _como somos advertidos en el poema de apertura_, el corazón también recuerda…  Y al recordar, el “verso” _ritornelo, dobladura, vuelta_ “como el arado forma surcos en la tierra, regresa sobre el terreno, yendo y volviendo para que algo fructifique, buscando y rebuscando el sentido de lo que quiere decir” (1) .
 Memoria, destino, oscuridad, sombra…  palabras que vuelven,  ya filigranadas, como los delicados hilos que sostienen el deseo de hacerse ausencia en la voz del poema, ya encarnadas –esto es, hechas cuerpo_ en la voz en duelo, la voz que no puede distanciarse.

EN ESTOS NOMBRES
Buscar entre las voces de otros, los horizontes de la propia. Un lugar donde puedan vibrar al unísono. Voces de poetas que eligen la penumbra, resisten la luz de los feriantes capaces de “navegar por un dólar/ en aguas del Leteo”. Voces que, como las del ruiseñor, el ave del duelo,  optan por la oscuridad, para no sucumbir a la banalidad y el olvido. Así, Artaud, Juanele, Fijman: “Ángeles que atraviesan/ un siglo de constelaciones artificiales”,  los poetas-faros de una ética de la escritura, que es la del vivir mismo, un modo de hacerse una vida en las palabras, y de hacer obra de la propia vida.  
Y entre “la magia y la sombra/ el péndulo arisco de la palabra./ Pura magia, la vida; sombra pura, la muerte”, el recuerdo del amigo poeta Marcelo Torelli, fallecido a los 24 años: “¿Cómo volver del futuro pasado?/ ¿Cómo hacer retroceder el río?/ ¿Cómo borrar lo que se ha escrito?// Sombra: no me ahogues. Magia: suprime la sombra”.  La palabra arma el conjuro  para exorcizar el tiempo, se vuelve sobre sí misma y formula la apuesta: “sé que podemos producir estas metamorfosis”, sin intermediarios, sin dioses. El acto mágico bajo la sola fe de la poesía.
Como aquella constelación de Elegidos, se hacen oír entre los versos de Eugenia, las voces de las mujeres. Doncellas, madonnas, vírgenes barrocas,  vienen a decirnos, desde la “voz distante” que las convoca, “que la ausencia que tiene su (tu) cuerpo/es un destino”.   Paradigmas de feminidad y belleza,  la condición extemporánea de estos personajes es acaso la metáfora de un arte que apela al pasado para referirse al presente en clave de ironía.  Un procedimiento que la autora extrema y estiliza en otro poemario reciente: “En este nombre y en este cuerpo” (2). En alguna de sus páginas, la poeta ya nos advertía que: “Otras muchas metamorfosis han de imponerles/ a posteriori nuevas gradaciones y degradaciones./ A pesar de ello, seguirán llamándose/ con el mismo nombre/ y no habrá cambios visibles en sus cuerpos. / Bajo cada apariencia persistirán tatuajes,/ heráldicas subcutáneas…” .
La voz juega con las variaciones de la luz, su propia “paleta” de matices. Voz sombría, voz oscura, voz opaca, voz entrevista: “Doncella iluminada en tus sombras/ por el Arte,/ entreabres tu camisa/ y el amante busca en tus pezones/ la luz de aquella tarde…”.  De la oscuridad como atributo esencial de la belleza también nos hablan estos versos: “Doncella ayer oscura/ ciertamente no sabías/ por qué llorabas,/ tenías sólo la certeza/ de ser inefablemente bella/ en tu oscuridad, tu oscuridad/ más amada que la vida…” Ritornelo de la oscuridad, de la poesía encarnada en “Madonna de beso oscuro y fresco/… con tu oscura sabiduría/ que hasta parece clara/ y hasta se diría casta…”.
Sobre el maridaje de belleza y oscuridad que los poemas de Eugenia invoca, ha escrito preciosamente el japonés Junichiro Tanizaki, en su ensayo “El elogio de la sombra” (3). Allí lo bello es definido, no como una sustancia en sí, sino como “un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de las diferentes sustancias que va formando el juego sutil de las modulaciones de la sombra. Lo mismo que una piedra fosforescente en la oscuridad pierde toda su fascinante sensación de joya preciosa si es expuesta a plena luz, la belleza pierde toda su existencia si se suprimen los efectos de la sombra”.
También Paul Celan, el gran poeta de la desolación, el gran testigo del Holocausto, escribió, “Y da a tu decir sentido:/ dale sombra” (4).
En el poema “Perennidad”, la palabra se vuelve celebrante del mundo “real” de los seres y las cosas: “Todo rezuma la fetidez del agua/ escondida en cántaros/ en ánforas, en urnas.//  Todo se rebela y alza en armas/ contra la fobia, la usura y el hastío// Todo fue mandado por el destino/ a morir de nimiedad.// Todo, exasperantemente bello.”.   Belleza oscura y vana, belleza no apolínea, belleza efímera, aunque la materia “suplique un préstamo/ al infinito… “ y sin embargo: “quién podrá contra la cascada?/ Si la destruyen, el murmullo será eterno”.

POESÍA DE PASAJE
El poema Geometría, el más extenso y el único que integra el capítulo “La voces extrañas”, podría leerse como un poema de “pasaje”,  porque marca una bisagra en la composición del libro.  Aparece una voz que se diversifica en agonista, testigo, plural…  que juega a extrañarse oscilando de una persona a otra,  en un movimiento que bascula entre el repliegue y la expansión, la intimidad y el desasosiego, la empatía y el rechazo, la evidencia y la duda...
Y que juega a ser distante, aunque pronto se desvele en la inutilidad del gesto. Pues, cuán distante puede ser una voz, siendo ésta cuerpo _no discurso, sino voz_ , pasible de quebrarse, herrumbrarse, extrañarse,  es decir, de dejarse “afectar” por los imponderables de la vida, que es siempre con otros, en ausencia o presencia, consciente de su propia caducidad…
Qué geometría, esto es, qué lógica de organización de los cuerpos, las pasiones y los sueños en el territorio que imagina el poema sería aquella capaz de sosegar “esa apasionada soledad de la desdicha” que reiteran las primeras estrofas, en combate perpetuo por preservarse soberana frente al tentación de una deriva mendicante.
Y si “Cada sueño reclama para sí/ virtudes de la lógica y pierde/ su calidad de laberinto” sabremos finalmente que “La manzana es el deseo,/ el dardo es la herida,/ el cilindro y el hueco/ no son complementarios/ y tampoco lo son el rojo y el violado,/ la soledad y la grandeza”.
Aunque el poema se pronuncia asertivamente,  no categoriza, no somete a juicio, porque su seguridad está basada en la experiencia.  Entonces cambia el tono.  Cambian los personajes.  No habrá lugar para doncellas, ni vírgenes barrocas, ni ánforas cuando el mundo del vecino se imponga:  “en pobrísimo cuarto,/el simple hombre, casi tonto/ pero guiado por la astucia de la pasión,/observa tras la cortina de nylon grasiento/ a la vecina (cuyas piernas lamería),/ porque ella ha comprado mucho pan/ y piensa la manera de apropiárselo.”
Porque en el mundo del vecino, el de la patria, el de la sangre…  en el mundo real sin ilusiones, “la existencia  es asimétrica”…
Es el momento “umbral”, un componente del pasaje, hacia la voz “herrumbrosa” que nos depara “El día breve”.  Con una intensidad que ya no reconocerá distancia alguna.
Herrumbre de la voz, corroída por el salitre (salina, salivazo, salobral…), pero no es esa sal, no la que corroe las paredes, estando tan lejos del mar… sino sal inesperada de lágrimas, que no pueden nombrar la sed, porque la sed no tiene voz. Esa sed inefable, insonora, que aun implora “un aullido de ángeles al cielo…”  y también, “la médula de un poema (…) algo que diga algo del deseo/ y del silencio”.
Sed que además nos doblega, sed de estar solos.
Para que al final del día breve, un poema “se” escriba.  Sea el dolor que escriba, la muerte prematura del niño,  el “eso” que escriba las preguntas, con la voz menos distante posible y sin embargo, escrita como fuera de sí. Pues sólo resta preguntar: “que me digan la tierra, los astros: ¿en qué lengua se han escrito/ las leyes de la Muerte?” … “cómo leer en la oscuridad,/ en signos de una sola pieza?”
Preguntar todo, ese todo que ya no afirma, ese todo que duda de todo. Quizás porque parafraseando a Jacques Derrida: cada vez única, el fin del mundo, al final de cada vida para nosotros y con nosotros.
Habrá una entrega al avatar del texto, y en esa entrega, la voz anuncia su metamorfosis. Se herrumbra, se corroe, pero no se calla: “Seremos niños de habla incompleta/ para el lenguaje de las pérdidas”.
El conjuro de una voz que se deja escribir, que se deja vivir: una voz viva.
Andrea Guiu
(*) “LA VOZ MÁS DISTANTE” de Eugenia Cabral (Pan comido, Cba. 2016)


CITAS
(1) GRAÑA ETCHEVERRY, Manuel. “El ritmo en el verso”, Ediciones del Copista (Córdoba, 2003).
(2) CABRAL, Eugenia. “En este nombre y en este cuerpo”, Babel (Córdoba, 2012).
(3) TANIZAKI, Junichiro: “Elogio de la sombra”, Siruela (Madrid, 2013).
(4) CELAN, Paul:   “Habla también tú…” en “De umbral en umbral” (versión de José Ángel Valente, 1955, tomada del blog Poéticas en diáspora, de Arturo Borra).
(5) DERRIDA, Jacques: “Cada vez única, el fin del mundo”, Pre-Textos. (Valencia, 2005).  Este volumen reúne un conjunto de textos de despedida, redactados por el autor tras la muerte de amigos y colegas. “Textos que hablan del duelo pero son también textos “de” duelo, “en” duelo”, señalan los compiladores.  En el texto escrito “para” Roland Barthes, apunta que “todo lo que decimos del amigo y al amigo permanece desesperadamente en nosotros o entre nosotros los vivos, sin atravesar el espejo de cierta especulación. “




21.7.16

El ser de la poesía


"El lenguaje nos hace hombres. Estamos hechos de lenguaje como estamos hechos de tiempo y, por lo tanto, en consecuencia, de memoria. Y deviene entonces ilusoria (también ésta, ay) la certeza de que nos servimos del lenguaje cuando es él quien muy probablemente se sirve de nosotros.

Braceando sobre los abismos de la vida, y no de una vida cualquiera, abstracta, sino de esta vida, nuestra, actual, contemporánea, donde el destino final implementado por los propios humanos puede ser muchísimo más ferozmente voraz que un tiburón o una orca, el lenguaje humano es consciente  de que no es posible ya, ante tanto naufragio, intentar apenas decir sino casi milagrosamente ser, así lo haga por un instante. No otra es la ambición de la más auténtica poesía, en rigor de todo el más auténtico arte moderno. Especialmente a partir de Rimbaud.

Experiencia del fracaso de nuestra condición, pero a la vez prueba irrefutable de su presencia (así sea instantánea, como vimos) en el mundo, quizás no sean los hombres quienes hablan sino ese mar orgánico y fecundísimo del gran lenguaje humano, hecho de todos los lenguajes, de todas las civilizaciones y de todos los muertos, vida misma en sí, lengua viva inmortal mientras la humanidad exista, y que sería irrisorio pretender juzgar apenas como literatura. A ese nivel, la poesía sólo encuentra _y ofrece_ preguntas”.


Rodolfo Alonso. La voz sin amo (Alción, Córdoba, 2006).

14.1.16

Potlatch



El potlatch es un modelo de fiesta que celebraban algunas tribus del Pacífico, en el que un hombre próspero festejaba su propia riqueza dando un gran banquete y distribuyendo regalos a los invitados, a veces hasta el punto de la bancarrota propia o tribal.  Hasta perderlo todo.
¿Qué ofrendaré de mi riqueza de estar viva?

19.11.15

Chiquitania



Tajibos, moraos, sotos
a sus pies el alma roja del camino.

Ellos trajeron
la oración de la música
dice el poeta
mientras talla el querubín
de ojos oscuros
y  redondos.

No la guerra
insiste
mientras afuera confrontan
los andes y la selva.

En el centro del altar mestizo
un san roque de piernas robustas
cuenta la historia de la metamorfosis
del santo en hombre
de la piedra en agua
de la sangre en chicha venerada.






(A.G.)

11.7.15

Hold the line


San Jacinto

Thick cloud, steam rising, hissing stone on sweat lodge fire
Around me, buffalo robe, sage in bundle, run on skin
Outside, cold air, stand, wait for rising sun
Red paint, eagle feathers, coyote calling, it has begun
Something moving in, I taste it in my mouth and in my heart
It feels like dying, slow, letting go of life

Medicine man lead me up though town, Indian ground,
So far down
Cut up land, each house, a pool, kids wearing water
Wings, drink in cool
Follow dry river bed, watch Scout and Guides make
Pow-wow signs
Past Geronimo's disco, Sit 'n' Bull steakhouse, white
Men dream
A rattle in the old man's sack, look at mountain top,
Keep climbing up
Way above us the desert snow, white wind blow

I hold the line, the line of strength that pulls me through
The fear
San Jacinto, I hold the line
San Jacinto, the poison bite and darkness take my sight,
I hold the line
And the tears roll down my swollen cheek, think I'm losing
It, getting weaker
I hold the line, I hold the line
San Jacinto, yellow eagle flies down from the sun,
From the sun

We will walk, on the land
We will breathe, of the air
We will drink, from the stream
We will live, hold the line.

San Jacinto (Peter Gabriel)

Densa nube de vapor que crece.
Murmullo de piedra del temascal de fuego.
Alrededor de mi, piel de búfalo.
Ramo de salvia en el bolsillo de piel.

Afuera, el aire frío, de pie
esperando el nacimiento del sol.
Pintura roja, plumas de águila.
El llamado del Coyote ha comenzado.

Adentro, algo se mueve.
Un sabor en la boca y en mi corazón.
Se siente como morir lentamente,
dejando partir a la vida.

El anciano de la medicina me guía a través de la ciudad.
Suelo indio lejano, allí, bien abajo.
Cortes en la tierra, dividida. Cada casa, una piscina.
Niños vistiendo alas, beben agua fresca.

Sigue el cauce seco del río. Mira a los Exploradores y Guías
haciendo signos del ritual Pow-wow.
Último disco de Jerónimo. El restaurante de Toro Sentado.
Sueños del hombre blanco.

El cascabel en el bolso del anciano me susurra:
-Mira la cima de la montaña, mientras sigues subiendo.-
Muy por encima de nosotros, el desierto de nieve
y el murmullo del viento blanco.

Mantengo mi meta. La línea de fuerza
que tira de mí a través del miedo.
La línea de fuerza que me jala a través del miedo.

San Jacinto, mantengo mi meta. San Jacinto, mantengo mi meta.
San Jacinto. El veneno y la oscuridad se apoderan de mi vista.

Mantengo mi meta. Mantengo mi meta.
Y las lágrimas ruedan por mis mejillas hinchadas.
Creo no poder lograrlo, estoy cada vez más débil.
Mantengo mi meta. Mantengo mi meta.
San Jacinto, el águila dorada vuela por sobre el sol.
por encima del sol...

Vamos a caminar sobre la tierra.
Vamos a beber de la corriente.
Vamos a respirar el aire.
Podremos vivir manteniendo una meta.
Mantén tu meta.
Mantengo mi meta.
Podremos vivir.
Viviremos.
Mantengo mi meta.
Mantengamos la meta.

6.6.15

Estrenando acuarelas II (los rosas)


Estrenando acuarelas (los rojos)

El jueves rompí el chanchito y adquirí mis anheladas Windsor and Newton. El kit básico de 12 pastillas cuadradas envueltas individualmente en papel celofán.
Lo bueno cuesta lo suyo, se sabe, pero este es el tipo de ¿gastos? que me hacen verdaderamente feliz. Este y los libros, y los viajes, junto a la alegría de compartirlos.
Por eso comparto ahora algunas de las primeras pruebitas de color, paisajes-cuerpos-manchas hechos sin pensar demasiado y disfrutando de las texturas y veladuras que me permito experimentar con esas tintas maravillosas...





29.5.15

Arde Babel




ARDE BABEL

Algo estalla en la noche
de pronto
el color irrumpe la monotonía
se expande y repliega
en contorsión.

Arden la pulpa y los hilos
que sostienen el alma
de Babel
bajo las monstruosas figuraciones
de sus sueños.

Danzan al rojo vivo
las cicatrices de los póstumos
que no encontraron destino
y vagan por la eternidad
asustando al viajero.

Ellos no paran de reír
así conjuran la nostalgia
de la porcelana sobre el mantel
metonimia del sabor concernido
por atlas ancestrales.


II

Ojos de muñecas yacen
desorbitados
si nada fuera lo que parece
_dicen, mirando todo_
la belleza no tendría razón
de existir
ni la mano acariciar con piedad
los huesos
del enfermo.

La escritura no salva
_dice la voz de la mano_
si no puede golpear
al que ha golpeado
con la misma mano
que acaricia
la misma que enciende
el fósforo
para escribir su ardor.

a.g.

25.5.15

Un poema maravilloso de Daniel Geisser



EURINOME

Quédese quieta ahora, ya no baile,
mujer de blancos brazos,
más blancos que la espuma,
abandone esa danza, triplemente alocada,
ya no siga moviéndose, agitándose,
en la furia azulada de las olas;
que cese el frenesí del marino aquelarre:
no convoque a los vientos
déjelos que reposen en sus odres de cuero,
que se aquieten las aguas
y que no haya mareas,
que sea noche perpetua,
que no se diferencien las estrellas
y que el sol siga negro y no conozca el brillo;
aplaque esa tormenta primigenia,
deje en paz a las cosas, deje que anden,
que sigan, tranquilas en el caos como
hasta ahora, que giren y que floten
en esa sopa cósmica, mezcladas con los restos
de lo que no ha nacido, que siga el remolino
dando vueltas y vueltas; ya no baile, mujer,
mujer de blancos brazos, más blancos
que la espuma, quédese quieta ahora,
hasta apagar la fiebre de los muslos
ebúrneos; no se entregue al fornicio
con la vieja serpiente; apriete bien
los labios de esa grieta purpúrea;
que no haya ningún huevo
para que no haya un mundo.

Daniel Geisser

3.3.15

Insecto


Un aire negro emerge
entre rastros de baba.
Temblor de insecto por la grieta
unos instantes más
una efímera tregua
en la batalla.
Tan digno asirse
del repliegue
su nada.

A.G.

10.12.14

El cuento más enigmático de Clarice





EL HUEVO O LA GALLINA

De mañana en la cocina veo sobre la mesa un huevo.
Miro el huevo con una sola mirada. Inmediatamente percibo que no se puede estar viendo un huevo. Ver un huevo nunca se mantiene en el presente: mal veo un huevo y ya me parece haberlo visto hace tres milenios. En el propio instante de verse un huevo él ya es el recuerdo de un huevo. Sólo ve el huevo quien ya lo haya visto. Al ver el huevo ya es demasiado tarde: huevo visto, huevo perdido. Ver el huevo es la promesa de un día llegar a ver el huevo. Mirar breve e indivisible; si es que hay pensamiento; no hay, lo que hay es un huevo. Mirar es el instrumento necesario que, después de usado, arrojaré fuera. Me quedaré con el huevo. El huevo no tiene un si-mismo. Individualmente él no existe.

Ver el huevo es imposible: el huevo es supervisible, así como hay sonidos supersónicos. Nadie es capaz de ver el huevo. ¿El perro ve el huevo? Solamente las máquinas ven el huevo. Cuando yo era antigua un huevo se posó en mi hombro. El amor por el huevo tampoco se siente. El amor por el huevo es supersensible. La gente no sabe que ama al huevo. Cuando yo era antigua fui depositaria del huevo. Cuando morí, me quitaron de adentro el huevo, con cuidado. Todavía estaba vivo. Sólo quien viera el mundo vería el huevo. Como el mundo, el huevo es obvio.

El huevo no existe más. Como la luz de la estrella ya muerta, el huevo propiamente dicho no existe más. Tú eres perfecto, huevo. Tú eres blanco. A ti te dedico el comienzo. A ti te dedico la primera vez.

Al huevo le dedico la nación china.
El huevo es una cosa suspendida. Nunca se posó. Cuando se posa, no es él quien se posó. Fue una cosa que quedó debajo del huevo. Miro el huevo, en la cocina, con una atención superficial para no quebrarlo. Tomo el mayor cuidado para no entenderlo. Siendo imposible entenderlo, sé que si yo lo entiendo es porque estoy equivocándome. Entender es la prueba del error. Entenderlo no es el modo de verlo. Jamás pensar en el huevo es un modo de haberlo visto. ¿Sabré algo del huevo? Es casi seguro que sí. Así: existo, luego sé. Lo que yo no sé del huevo es lo que realmente importa. Lo que yo no sé del huevo me lo da el huevo propiamente dicho. La luna está habitada por huevos. El huevo es una exteriorización. Tener una cáscara es darse. El huevo desnuda la cocina. Hace de la mesa un plano inclinado. El huevo expone. Quien se interna en el huevo, quien ve más que la superficie del huevo, está queriendo otra cosa: está con hambre. El huevo es el alma de la gallina.

La gallina torpe. El huevo seguro. La gallina asustada. El huevo seguro. Como un proyectil parado. Pues huevo es huevo en el espacio. Huevo sobre azul. Yo te amo, huevo. Yo te amo como una cosa que ni siquiera sabe que ama a otra cosa.

No lo toco. Pero dedicarme a la visión del huevo sería morir para la vida mundana, y yo necesito de la yema y de la clara. No lo toco. Pero dedicarme a la visión del huevo sería morir para la vida mundana, y yo necesito de la yema y de la clara. El huevo me ve. ¿El huevo me idealiza? ¿El huevo me medita? No, el huevo paenas me ve. Está libre de la comprensión que hiere. El huevo nunca luchó. El es un don. El huevo es invisible al ojo desnudo. De huevo a huevo se llega a Dios, que es invisible al ojo desnudo. El huevo habrá sido quizá un triángulo que de tanto rodar en el espacio se fue ovalando. El huevo es básicamente un jarro. ¿Habrá sido el primer jarro moldeado por los etruscos? No. El huevo es originario de Macedonia. Allí fue calculado, fruto de la más penosa espontaneidad. En las arenas de Macedonia un hombre con una vara en la mano lo diseño. Y después lo borró con el pie desnudo. El huevo es una cosa con la que es necesario tener cuidado. Por eso la gallina es el disfraz del huevo.

La gallina existe para que el huevo atraviese los tiempos. Una madre es para eso. El huevo vive siempre huyendo por estar siempre adelantado a su época. Por lo tanto, por el momento el huevo será siempre revolucionario. El vive adentro de la gallina para que no lo nombren blanco. El huevo es realmente blanco. No porque eso le haga mal a él, pero sí a las personas que lo llaman blanco, porque mueren para la vida. Llamar blanco a aquello que es blanco puede destruir a la humanidad. Una vez un hombre fue acusado de lo que él era, y fue llamado Aquel Hombre. No habían mentido: era El. Pero hasta hoy aún no nos recuperamos, unos después de otros. La ley general para continuar vivos: se puede decir “un lindo rostro”, pero quien diga “el rostro”, muere; por haber agotado el tema.

Con el tiempo el huevo se tornó un huevo de gallina. No lo es. Pero, adoptado, le usa el sobrenombre. Debe decir “el huevo de la gallina”. Si se dijera apenas “el huevo” el tema se agota y el mundo queda desnudo. Con relación al huevo, el peligro está en que se descubra lo que se podría llamar belleza, esto es, su veracidad. La veracidad del huevo no es verosímil. Si la descubren pueden querer obligarlo a tornarse rectangular. (Nuestra garantía es que él no puede:
no puede, esa es la gran fuerza del huevo: su grandiosidad viene de la grandeza de no poder, que se irradia como un no querer.) pero quien luchase por tornarlo rectangular estaría perdiendo la propia vida. El huevo nos pone, por lo tanto, en peligro. Nuestra ventaja es que el huevo es invisible. Y en cuanto a los iniciados, los iniciados disfrazan el huevo.

En cuanto al cuerpo de la gallina, el cuerpo de la gallina es la mayor prueba de que el huevo no existe. Basta mirar a la gallina para que se torne obvio que es imposible que el huevo exista. ¿Y la gallina? El huevo es el gran sacrificio de la gallina. El huevo es la cruz que la gallina carga en la vida.

El huevo es el sueño inalcanzable de la gallina. La gallina ama al huevo. Ella no sabe si el huevo existe. ¿Si supiera que tiene en sí misma un huevo, ella se salvaría? Si supiera que tiene en sí misma el huevo, perdería el estado de gallina. Ser una gallina es la sobrevivencia de la gallina. Sobrevivir es la salvación. Pues parece que vivir no existe. Vivir lleva la muerte. Entonces lo que la gallina hace es estar permanentemente sobreviviendo. Sobrevivir se llama a mantener lucha contra la vida que es mortal. Ser una gallina es eso. La gallina tiene un aire confundido. Es necesario que la gallina no sepa que tiene un huevo. Si no ella se salvaría como gallina, lo que tampoco es garantía, pero perdería el huevo. Entonces ella no sabe. Para que el huevo use a la gallina es necesario que la gallina exista. Ella estaba sólo para cumplir, pero le gustó.

El desaparecer de la gallina viene de eso; gustar no formaba parte del nacer. Gustar de estar vivo duele. En cuanto a quién vino antes, fue el huevo el que encontró a la gallina. La gallina ni siquiera fue llamada. La gallina es directamente una elegida. La gallina vive como en sueño. No tiene sentido de la realidad. Todo el gusto de la gallina surge de que siempre están interrumpiendo sus movimientos. La gallina es un gran sueño. La gallina sufre de un mal desconocido. El mal desconocido de la gallina es el huevo. Ella no sabe explicarse: “sé que el error está en mí misma”, ella llama error a su vida, “no sé más lo que siento”, etc. “Etc., etc., etc.”, es lo que cacarea el día entero la gallina. La gallina tiene mucha vida interior. Para decir la verdad, la gallina solamente tiene vida interior. Nuestra visión de su vida interior es lo que nosotros llamamos “gallina”. La vida interior de la gallina consiste en actuar como si entendiese. Cualquier amenaza hace que ella grite escandalosamente, hecha una loca. Todo eso para que el huevo no se quiebre dentro de ella. El huevo que se quiebra adentro de una gallina es como sangre.

La gallina mira el horizonte. Como si de la línea del horizonte viniera llegando un huevo. Fuera de ser un medio de transporte para el huevo, la gallina es tonta, desocupada y miope.
¿Cómo podría entenderse la gallina si ella es la contradicción del huevo?. El huevo es aún el mismo que se originó en Macedonia. La gallina es siempre la tragedia más moderna. Está siempre inútilmente a la par. Y continúa siendo redibujada. Todavía no se encontró la forma más adecuada para una gallina. Mientras mi vecino atiende el teléfono él redibuja la gallina con lápiz distraído. Pera para la gallina no hay sentido: está en su condición no servirse a sí misma. Siendo, sin embargo, su destino más importante que ella, y siendo su destino el huevo, su vida personal no nos interesa.

Dentro de sí la gallina no reconoce al huevo pero fuera de sí tampoco lo reconoce. Cuando la gallina ve al huevo piensa que está liando con una cosa imposible. Y con el corazón golpeando, con el corazón golpeando tanto, ella no lo reconoce.

De repente miro al huevo en la cocina y sólo veo en él la comida. No lo reconozco, y mi corazón late. La metamorfosis se está produciendo en mí: comienzo a no poder mirar más al huevo. Fuera de cada huevo particular, fuera de cada huevo que se come, el huevo no existe. Ya no consigo creer más en un huevo. Estoy cada vez más sin fuerza para creer, estoy muriendo, adiós, miré demasiado a un huevo y él me fue adormeciendo. La gallina no quería sacrificar su vida. La que optó por querer ser “feliz”. La que no se daba cuenta que si se pasaba la vida dibujando al huevo adentro de ella como en una iluminación, estaría sirviendo para algo. La que no sabía perderse a sí misma. La que pensó que tenía plumas de gallina para cubrirse porque tenía una piel preciosa, sin entender que las plumas eran exclusivamente para suavizar la travesía al cargar el huevo, porque el sufrimiento intenso podría perjudicarlo. La que pensó que el placer le era un don, sin percibir que era para que ella se distrajera totalmente mientras nacía el huevo. La que no sabía que “yo” es apenas una de las palabras que se dibujan cuando se atiende el teléfono, simple intento de buscar una forma más adecuada. La que pensó que “yo” significaba tener un sí-mismo. Las gallinas perjudiciales al huevo son aquellas que son un “yo” sin tregua. En ellas el “yo” es tan constante que ellas ya no pueden más pronunciar la palabra “huevo”.
Pero ¡quién sabe! Era de eso mismo que necesitaba al huevo. Pues si ellas no estuvieran tan distraídas, si prestasen atención a la gran vida que se hace adentro de ellas, complicarían al huevo.

Comencé a hablar de la gallina y ya hace mucho que no estoy hablando de la gallina. Pero todavía estoy hablando del huevo. Es que no entiendo al huevo. Sólo entiendo al huevo roto: cuando lo quiebro en la sartén. Y es de este modo indirecto como me ofrezco a la existencia del huevo: mi sacrificio es reducirme a mi vida personal. Hice de mi placer y de mi dolor mi destino disfrazado.

Y tener apenas la propia vida es, para quien ya vio al huevo, un sacrificio. Como aquellos que, en el convento, barren el suelo y lavan la ropa sirviendo sin la gloria de la función mayor, mi trabajo es el de vivir mis placeres y mis dolores. Es necesario que yo tenga la modestia de vivir. Tomo otro huevo en la cocina, le quiebro la cáscara y la forma. Y a partir de este instante exacto nunca existió un huevo. Es absolutamente indispensable que yo sea una ocupada y una distraída. Soy indispensablemente uno de los que reniegan. Hago parte de la masonería de los que vieron una vez el huevo y reniegan de él como forma de protegerlo. Somos los que se abstienen de destruir, y en eso se consumen.

Nosotros, agentes disfrazados y distribuidos por las funciones menos reveladoras, a veces nos reconocemos. Por un cierto modo de mirar, una cierta manera de dar la mano, nosotros nos reconocemos, y a eso llamamos amor. Y entonces no es necesario el disfraz aunque no se hable, tampoco se miente aunque no se diga la verdad, tampoco ya es necesario disimular. El amor existe cuando es concedido participar un poco más. Pocos quieren el amor, porque el amor es la gran desilusión de todo lo demás. Y pocos soportan perder todas las otras ilusiones. Están los que se hacen voluntarios por amor, pensando que el amor enriquecerá la vida personal. Y es lo contrario: el amor es finalmente la pobreza. Amor es no tener. Inclusive, amor es la desilusión de lo que se pensaba que era amor. Y no es premio, por eso no envanece, el amor no es premio, es una condición concedida exclusivamente para aquellos que, sin él, corromperían al huevo con el dolor personal. Eso no hace del amor una excepción honrosa; él es exactamente concedido a los malos agentes, a aquellos que complicarían todo si no les fuera permitido adivinar vagamente. A todos los agentes les son dadas muchas ventajas para que el huevo se haga. No es el caso de tener envidia ya que, inclusive algunas de las condiciones peores que las de los otros, son apenas las condiciones ideales para el huevo. En cuanto al placer de los agentes, ellos también lo reciben sin orgullo. Viven austeramente todos los placeres: inclusive es nuestro sacrificio para que el huevo se haga. Ya nos fue impuesta, inclusive, una naturaleza totalmente adecuada al mucho placer. La que lo facilita. Por lo menos torna menos penoso el placer.

Hay casos de agentes que se suicidan; les parecen insuficientes las poquísimas instrucciones recibidas, y se sienten sin apoyo. Hubo el caso del agente que se reveló públicamente como tal porque le fue intolerable no ser comprendido, y él ya no soportaba carecer del respeto ajeno: murió atropellado cuando salía de un restaurante. Hubo otro que ni necesitó ser eliminado: él mismo se consumió lentamente en su rebelión, rebelión que vino cuando descubrió que las dos o tres instrucciones recibidas no incluían ninguna explicación. Hubo otro, también eliminado, porque creía que “la verdad debe ser dicha valientemente”, y en primer lugar comenzó a buscarla; de él se dijo que murió en nombre de la verdad, pero el hecho es que él apenas si estaba dificultando la verdad con su inocencia; su aparente coraje era apenas tontería, y su deseo de lealtad era ingenuo porque no había comprendido que ser leal no es ser limpio, ser leal es ser desleal para con todo el resto.

Esos casos extremos de muerte no lo son por crueldad. El porque hay un trabajo, digamos, cósmico que debe ser realizado, y los casos individuales infelizmente no pueden ser tomados en consideración. Para los que sucumben y se tornan individuales existen las instituciones, la caridad, la comprensión que no discrimina motivos, nuestra vida humana, en fin. Los huevos estaban en la sartén, y sumergida en el sueño preparo el desayuno. Sin ningún sentido de la realidad, grito a los chicos que brotan de varias camas, arrastran sillas y comen, y el trabajo del día amanecido comienza gritado, reído y comido clara y yema, alegría entre peleas, día que es nuestra sal y nosotros somos la sal del día, vivir es extremadamente tolerable, vivir ocupa y distrae, vivir hace reir.

Y me hace sonreir en mi misterio. Mi misterio es que yo soy apenas un medio, y no un fin, me han dado la más maliciosa de las libertades: no soy tonta y aprovecho. Inclusive hago un mal a los otros. El falso empleo que me dieron es para disfrazar mi verdadera función, y yo aprovecho el falso empleo y de él hago el mío verdadero: inclusive, el dinero que me dan como “diaria” para facilitar mi vida de modo que el huevo se haga, porque ese dinero ha sido usado por mí para otros fines, y últimamente compré acciones de la Brama y ahora soy rica. A todo eso aún llamo tener la necesaria modestia de vivir. Y también el tiempo que me dieron, y que nos dan apenas para que en el ocio honrado el huevo se haga, pues he usado ese tiempo para placeres ilícitos y dolores ilícitos, enteramente olvidada del huevo.

Esta es mi simplicidad. ¿O es eso mismo lo que ellos quieren que me suceda, exactamente para que el huevo se cumpla? ¿Es libertad, o estoy siendo mandada? Porque vengo notando que todo lo que es error mío viene siendo aprovechado. Mi rebelión nace porque para ellos yo no soy nada, soy apenas preciosa: ellos cuidan de mí segundo por segundo, con la más absoluta falta de amor; soy apenas preciosa. Con el dinero que me dan últimamente ando bebiendo. ¿Abuso de confianza? Pero es que nadie sabe cómo se siente por dentro aquel cuyo empleo cosiste en fingir fue está traicionando, y que termine creyendo en la propia traición. Cuyo empleo consiste diariamente en olvidar. Aquel de quien es exigida la aparente deshonra. Ni siquiera mi espejo refleja ya un rostro que sea mío. Yo soy un agente, o bien soy la misma traición.

Pero duermo el sueño de los justos por saber que mi vida fútil no complica la marcha del gran tiempo. Por el contrario: parece que se exige de mí que sea extremadamente fútil, es exigido de mí, inclusive que yo duerma como un justo. Ellos me quieren ocupada y distraída y no les importa cómo. Pues, con mi atención equivocada y mi grave tontería, yo podría complicar lo que se está haciendo a través de mí. Es que yo misma ¡yo misma! Sólo he servido para complicar. Lo que me revela que quizá yo sea un agente es la idea de que mi destino me sobrepasa: por lo menos eso ellos tuvieron que dejarme adivinar, yo era de aquellos que harían mal el trabajo si por lo menos no adivinaran un poco; me hicieron olvidar lo que me dejaron adivinar, pero vagamente me quedó la noción de que mi destino me sobrepasa, y de que soy un instrumento del trabajo de ellos. Pero de cualquier modo yo podría ser sólo un instrumento, pues el trabajo no podría ser mío. Ya traté de establecerme por mi propia cuenta y no salió bien; hasta hoy me quedó esta mano trémula. Si yo hubiera insistido un poco más habría perdido para siempre la salud. Desde entonces, desde esa malograda experiencia, procuro razonar de esta manera: que ya me fue dado mucho, que ellos ya me concedieron todo lo que puede ser concedido; y que otros agentes, muy superiores a mí, también trabajaron para lo que no sabían. Y con las mismas poquísimas instrucciones. Ya me fue dado mucho; esto, por ejemplo: una vez u otra, con el corazón latiendo por el privilegio ¡yo por lo menos sé que no estoy reconociendo!, con el corazón
latiendo de emoción ¡yo por lo menos no comprendo! Con el corazón latiendo de confianza, yo por lo menos no lo sé.

Pero ¿y el huevo? Este es uno del os subterfugios de ellos: mientras yo hablaba del huevo, había olvidado al huevo. “¡Hablad, hablad!” me instruyeron ellos. Y el huevo queda enteramente protegido por tantas palabras. Hablad mucho, es una de las instrucciones, estoy tan cansada.
Por devoción al huevo lo olvidé. Mi necesario olvido. Mi interesado olvido. Pues el huevo es esquivo. Frente a mi adoración posesiva él podría retraerse y no volver nunca más. Pero si él fuera olvidado. Si yo hiciera el sacrificio de vivir solamente mi vida y de olvidarlo. Si el huevo fuera imposible. Entonces –libre, delicado, sin mensaje alguno para mí- quizá una vez aún él se trasladaría del espacio hasta esta ventana que desde siempre dejé abierta. Y de madrugada baje a nuestro edificio. Sereno, hasta la cocina. Iluminándola de palidez.


Ilustración tomada de este sitio:
http://www.directoalpaladar.com/otros/arte-con-cascaras-de-huevo
al cuento lo saqué de acá
http://nuevasletrasun.blogspot.com.ar/2009/08/el-huevo-o-la-gallina.html