14.11.16

Viaje al país de Le Clézio



(texto de contratapa de la novela "Urania", en la edición argentina de El cuenco de plata)

Una de dos: uno se arriesga a ser tragado por la literatura, o a ser tragado por sí mismo. Si se deja tragar pro sí mismo, se vuelve loco. Si se deja tragar por la literatura, se vuelve escritor. El camino de JMG Le Clézio va de la locura a la escritura, de la escucha de sí mismo a la del mundo, del torbellino de la palabra al tiempo del relato. El atestado hurgaba en las fisuras de la lengua de la tribu y con ello en los fundamentos de la individualidad. Admirador de Lautréamont, Artaud, Rimbaud, Michaux, la violenta sintonía con los abordajes del nouveau roman, de Nathalie Sarraute, con los sucesos del mayo francés. Pero en pleno estallido de la revuelta Le Clézio se internaba a solas en la selva, y entraba en contacto con las culturas originarias de México y Panamá: comenzaba su radical viraje hacia las cosas. Es por eso que puede parecer no un escritor sino muchos, autor ubicuo e inasible, pues ha sabido poner la aparente variación de sus intereses al servicio de una invariable sinceridad. La extranjería y el viaje son sus marcas permanentes: el viaje de exploración interior, el viaje del aventurero que sigue las huellas de sus ancestros, de sangre y de letra (Verne, Stevenson), el viaje del anti-antropólogo que se empecina en escuchar lo que las culturas que la suya ahogó en esclavitud y sangre tienen aun para decir.
Urania es uno de sus libros que mejor lo sintetizan. El geógrafo francés Daniel Sillitoe remonta las fuentes del Tepalcatepec. Descubrimiento de sí mismo, desencantada visita a los estertores finales del discurso revolucionario en Centroamérica, incursión en la vida real de persona reales en una época de multiculturalismo en la que todos son, como el visitante, extranjeros. Entre el viaje de iniciación y la huida, entre las ilusiones perdidas y el retorno crepuscular, el impulso utópico en sí mismo preserva su esencial nobleza.

Ariel Dilon. 

20.8.16

Sobre "La voz más distante" de Eugenia Cabral



LUCES Y SOMBRAS DE LA VOZ EN DUELO
(A propósito de “La voz distante” de Eugenia Cabral)

¿Qué le cuenta la noche a la poesía, qué le dice el silencio? ¿le hablará de quienes fueron y fuimos, en otro tiempo, con ellos? ¿cómo será esa voz, qué color, qué timbre tendrá?
¿Es que la poesía puede existir separada de lo que podría callar, de lo que omite decir, o de aquello que no puede expresarse sino en la lengua herida de la pérdida?
Estadios de la luz y de su ausencia, este libro de poemas que nos entrega  Eugenia (*),   fechados entre 1999 y 2001, escribe su propia clave secreta “en el corazón” de una voz que anuncia y elabora su distancia, precisamente allí donde resulta más difícil producirla.  Porque si el corazón atesora la cifra del poema, y esa cifra es secreta _como somos advertidos en el poema de apertura_, el corazón también recuerda…  Y al recordar, el “verso” _ritornelo, dobladura, vuelta_ “como el arado forma surcos en la tierra, regresa sobre el terreno, yendo y volviendo para que algo fructifique, buscando y rebuscando el sentido de lo que quiere decir” (1) .
 Memoria, destino, oscuridad, sombra…  palabras que vuelven,  ya filigranadas, como los delicados hilos que sostienen el deseo de hacerse ausencia en la voz del poema, ya encarnadas –esto es, hechas cuerpo_ en la voz en duelo, la voz que no puede distanciarse.

EN ESTOS NOMBRES
Buscar entre las voces de otros, los horizontes de la propia. Un lugar donde puedan vibrar al unísono. Voces de poetas que eligen la penumbra, resisten la luz de los feriantes capaces de “navegar por un dólar/ en aguas del Leteo”. Voces que, como las del ruiseñor, el ave del duelo,  optan por la oscuridad, para no sucumbir a la banalidad y el olvido. Así, Artaud, Juanele, Fijman: “Ángeles que atraviesan/ un siglo de constelaciones artificiales”,  los poetas-faros de una ética de la escritura, que es la del vivir mismo, un modo de hacerse una vida en las palabras, y de hacer obra de la propia vida.  
Y entre “la magia y la sombra/ el péndulo arisco de la palabra./ Pura magia, la vida; sombra pura, la muerte”, el recuerdo del amigo poeta Marcelo Torelli, fallecido a los 24 años: “¿Cómo volver del futuro pasado?/ ¿Cómo hacer retroceder el río?/ ¿Cómo borrar lo que se ha escrito?// Sombra: no me ahogues. Magia: suprime la sombra”.  La palabra arma el conjuro  para exorcizar el tiempo, se vuelve sobre sí misma y formula la apuesta: “sé que podemos producir estas metamorfosis”, sin intermediarios, sin dioses. El acto mágico bajo la sola fe de la poesía.
Como aquella constelación de Elegidos, se hacen oír entre los versos de Eugenia, las voces de las mujeres. Doncellas, madonnas, vírgenes barrocas,  vienen a decirnos, desde la “voz distante” que las convoca, “que la ausencia que tiene su (tu) cuerpo/es un destino”.   Paradigmas de feminidad y belleza,  la condición extemporánea de estos personajes es acaso la metáfora de un arte que apela al pasado para referirse al presente en clave de ironía.  Un procedimiento que la autora extrema y estiliza en otro poemario reciente: “En este nombre y en este cuerpo” (2). En alguna de sus páginas, la poeta ya nos advertía que: “Otras muchas metamorfosis han de imponerles/ a posteriori nuevas gradaciones y degradaciones./ A pesar de ello, seguirán llamándose/ con el mismo nombre/ y no habrá cambios visibles en sus cuerpos. / Bajo cada apariencia persistirán tatuajes,/ heráldicas subcutáneas…” .
La voz juega con las variaciones de la luz, su propia “paleta” de matices. Voz sombría, voz oscura, voz opaca, voz entrevista: “Doncella iluminada en tus sombras/ por el Arte,/ entreabres tu camisa/ y el amante busca en tus pezones/ la luz de aquella tarde…”.  De la oscuridad como atributo esencial de la belleza también nos hablan estos versos: “Doncella ayer oscura/ ciertamente no sabías/ por qué llorabas,/ tenías sólo la certeza/ de ser inefablemente bella/ en tu oscuridad, tu oscuridad/ más amada que la vida…” Ritornelo de la oscuridad, de la poesía encarnada en “Madonna de beso oscuro y fresco/… con tu oscura sabiduría/ que hasta parece clara/ y hasta se diría casta…”.
Sobre el maridaje de belleza y oscuridad que los poemas de Eugenia invoca, ha escrito preciosamente el japonés Junichiro Tanizaki, en su ensayo “El elogio de la sombra” (3). Allí lo bello es definido, no como una sustancia en sí, sino como “un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de las diferentes sustancias que va formando el juego sutil de las modulaciones de la sombra. Lo mismo que una piedra fosforescente en la oscuridad pierde toda su fascinante sensación de joya preciosa si es expuesta a plena luz, la belleza pierde toda su existencia si se suprimen los efectos de la sombra”.
También Paul Celan, el gran poeta de la desolación, el gran testigo del Holocausto, escribió, “Y da a tu decir sentido:/ dale sombra” (4).
En el poema “Perennidad”, la palabra se vuelve celebrante del mundo “real” de los seres y las cosas: “Todo rezuma la fetidez del agua/ escondida en cántaros/ en ánforas, en urnas.//  Todo se rebela y alza en armas/ contra la fobia, la usura y el hastío// Todo fue mandado por el destino/ a morir de nimiedad.// Todo, exasperantemente bello.”.   Belleza oscura y vana, belleza no apolínea, belleza efímera, aunque la materia “suplique un préstamo/ al infinito… “ y sin embargo: “quién podrá contra la cascada?/ Si la destruyen, el murmullo será eterno”.

POESÍA DE PASAJE
El poema Geometría, el más extenso y el único que integra el capítulo “La voces extrañas”, podría leerse como un poema de “pasaje”,  porque marca una bisagra en la composición del libro.  Aparece una voz que se diversifica en agonista, testigo, plural…  que juega a extrañarse oscilando de una persona a otra,  en un movimiento que bascula entre el repliegue y la expansión, la intimidad y el desasosiego, la empatía y el rechazo, la evidencia y la duda...
Y que juega a ser distante, aunque pronto se desvele en la inutilidad del gesto. Pues, cuán distante puede ser una voz, siendo ésta cuerpo _no discurso, sino voz_ , pasible de quebrarse, herrumbrarse, extrañarse,  es decir, de dejarse “afectar” por los imponderables de la vida, que es siempre con otros, en ausencia o presencia, consciente de su propia caducidad…
Qué geometría, esto es, qué lógica de organización de los cuerpos, las pasiones y los sueños en el territorio que imagina el poema sería aquella capaz de sosegar “esa apasionada soledad de la desdicha” que reiteran las primeras estrofas, en combate perpetuo por preservarse soberana frente al tentación de una deriva mendicante.
Y si “Cada sueño reclama para sí/ virtudes de la lógica y pierde/ su calidad de laberinto” sabremos finalmente que “La manzana es el deseo,/ el dardo es la herida,/ el cilindro y el hueco/ no son complementarios/ y tampoco lo son el rojo y el violado,/ la soledad y la grandeza”.
Aunque el poema se pronuncia asertivamente,  no categoriza, no somete a juicio, porque su seguridad está basada en la experiencia.  Entonces cambia el tono.  Cambian los personajes.  No habrá lugar para doncellas, ni vírgenes barrocas, ni ánforas cuando el mundo del vecino se imponga:  “en pobrísimo cuarto,/el simple hombre, casi tonto/ pero guiado por la astucia de la pasión,/observa tras la cortina de nylon grasiento/ a la vecina (cuyas piernas lamería),/ porque ella ha comprado mucho pan/ y piensa la manera de apropiárselo.”
Porque en el mundo del vecino, el de la patria, el de la sangre…  en el mundo real sin ilusiones, “la existencia  es asimétrica”…
Es el momento “umbral”, un componente del pasaje, hacia la voz “herrumbrosa” que nos depara “El día breve”.  Con una intensidad que ya no reconocerá distancia alguna.
Herrumbre de la voz, corroída por el salitre (salina, salivazo, salobral…), pero no es esa sal, no la que corroe las paredes, estando tan lejos del mar… sino sal inesperada de lágrimas, que no pueden nombrar la sed, porque la sed no tiene voz. Esa sed inefable, insonora, que aun implora “un aullido de ángeles al cielo…”  y también, “la médula de un poema (…) algo que diga algo del deseo/ y del silencio”.
Sed que además nos doblega, sed de estar solos.
Para que al final del día breve, un poema “se” escriba.  Sea el dolor que escriba, la muerte prematura del niño,  el “eso” que escriba las preguntas, con la voz menos distante posible y sin embargo, escrita como fuera de sí. Pues sólo resta preguntar: “que me digan la tierra, los astros: ¿en qué lengua se han escrito/ las leyes de la Muerte?” … “cómo leer en la oscuridad,/ en signos de una sola pieza?”
Preguntar todo, ese todo que ya no afirma, ese todo que duda de todo. Quizás porque parafraseando a Jacques Derrida: cada vez única, el fin del mundo, al final de cada vida para nosotros y con nosotros.
Habrá una entrega al avatar del texto, y en esa entrega, la voz anuncia su metamorfosis. Se herrumbra, se corroe, pero no se calla: “Seremos niños de habla incompleta/ para el lenguaje de las pérdidas”.
El conjuro de una voz que se deja escribir, que se deja vivir: una voz viva.
Andrea Guiu
(*) “LA VOZ MÁS DISTANTE” de Eugenia Cabral (Pan comido, Cba. 2016)


CITAS
(1) GRAÑA ETCHEVERRY, Manuel. “El ritmo en el verso”, Ediciones del Copista (Córdoba, 2003).
(2) CABRAL, Eugenia. “En este nombre y en este cuerpo”, Babel (Córdoba, 2012).
(3) TANIZAKI, Junichiro: “Elogio de la sombra”, Siruela (Madrid, 2013).
(4) CELAN, Paul:   “Habla también tú…” en “De umbral en umbral” (versión de José Ángel Valente, 1955, tomada del blog Poéticas en diáspora, de Arturo Borra).
(5) DERRIDA, Jacques: “Cada vez única, el fin del mundo”, Pre-Textos. (Valencia, 2005).  Este volumen reúne un conjunto de textos de despedida, redactados por el autor tras la muerte de amigos y colegas. “Textos que hablan del duelo pero son también textos “de” duelo, “en” duelo”, señalan los compiladores.  En el texto escrito “para” Roland Barthes, apunta que “todo lo que decimos del amigo y al amigo permanece desesperadamente en nosotros o entre nosotros los vivos, sin atravesar el espejo de cierta especulación. “




21.7.16

El ser de la poesía


"El lenguaje nos hace hombres. Estamos hechos de lenguaje como estamos hechos de tiempo y, por lo tanto, en consecuencia, de memoria. Y deviene entonces ilusoria (también ésta, ay) la certeza de que nos servimos del lenguaje cuando es él quien muy probablemente se sirve de nosotros.

Braceando sobre los abismos de la vida, y no de una vida cualquiera, abstracta, sino de esta vida, nuestra, actual, contemporánea, donde el destino final implementado por los propios humanos puede ser muchísimo más ferozmente voraz que un tiburón o una orca, el lenguaje humano es consciente  de que no es posible ya, ante tanto naufragio, intentar apenas decir sino casi milagrosamente ser, así lo haga por un instante. No otra es la ambición de la más auténtica poesía, en rigor de todo el más auténtico arte moderno. Especialmente a partir de Rimbaud.

Experiencia del fracaso de nuestra condición, pero a la vez prueba irrefutable de su presencia (así sea instantánea, como vimos) en el mundo, quizás no sean los hombres quienes hablan sino ese mar orgánico y fecundísimo del gran lenguaje humano, hecho de todos los lenguajes, de todas las civilizaciones y de todos los muertos, vida misma en sí, lengua viva inmortal mientras la humanidad exista, y que sería irrisorio pretender juzgar apenas como literatura. A ese nivel, la poesía sólo encuentra _y ofrece_ preguntas”.


Rodolfo Alonso. La voz sin amo (Alción, Córdoba, 2006).

14.1.16

Potlatch



El potlatch es un modelo de fiesta que celebraban algunas tribus del Pacífico, en el que un hombre próspero festejaba su propia riqueza dando un gran banquete y distribuyendo regalos a los invitados, a veces hasta el punto de la bancarrota propia o tribal.  Hasta perderlo todo.
¿Qué ofrendaré de mi riqueza de estar viva?

19.11.15

Chiquitania



Tajibos, moraos, sotos
a sus pies el alma roja del camino.

Ellos trajeron
la oración de la música
dice el poeta
mientras talla el querubín
de ojos oscuros
y  redondos.

No la guerra
insiste
mientras afuera confrontan
los andes y la selva.

En el centro del altar mestizo
un san roque de piernas robustas
cuenta la historia de la metamorfosis
del santo en hombre
de piedra en agua
de sangre en chicha venerada.






(A.G.)

11.7.15

Hold the line


San Jacinto

Thick cloud, steam rising, hissing stone on sweat lodge fire
Around me, buffalo robe, sage in bundle, run on skin
Outside, cold air, stand, wait for rising sun
Red paint, eagle feathers, coyote calling, it has begun
Something moving in, I taste it in my mouth and in my heart
It feels like dying, slow, letting go of life

Medicine man lead me up though town, Indian ground,
So far down
Cut up land, each house, a pool, kids wearing water
Wings, drink in cool
Follow dry river bed, watch Scout and Guides make
Pow-wow signs
Past Geronimo's disco, Sit 'n' Bull steakhouse, white
Men dream
A rattle in the old man's sack, look at mountain top,
Keep climbing up
Way above us the desert snow, white wind blow

I hold the line, the line of strength that pulls me through
The fear
San Jacinto, I hold the line
San Jacinto, the poison bite and darkness take my sight,
I hold the line
And the tears roll down my swollen cheek, think I'm losing
It, getting weaker
I hold the line, I hold the line
San Jacinto, yellow eagle flies down from the sun,
From the sun

We will walk, on the land
We will breathe, of the air
We will drink, from the stream
We will live, hold the line.

San Jacinto (Peter Gabriel)

Densa nube de vapor que crece.
Murmullo de piedra del temascal de fuego.
Alrededor de mi, piel de búfalo.
Ramo de salvia en el bolsillo de piel.

Afuera, el aire frío, de pie
esperando el nacimiento del sol.
Pintura roja, plumas de águila.
El llamado del Coyote ha comenzado.

Adentro, algo se mueve.
Un sabor en la boca y en mi corazón.
Se siente como morir lentamente,
dejando partir a la vida.

El anciano de la medicina me guía a través de la ciudad.
Suelo indio lejano, allí, bien abajo.
Cortes en la tierra, dividida. Cada casa, una piscina.
Niños vistiendo alas, beben agua fresca.

Sigue el cauce seco del río. Mira a los Exploradores y Guías
haciendo signos del ritual Pow-wow.
Último disco de Jerónimo. El restaurante de Toro Sentado.
Sueños del hombre blanco.

El cascabel en el bolso del anciano me susurra:
-Mira la cima de la montaña, mientras sigues subiendo.-
Muy por encima de nosotros, el desierto de nieve
y el murmullo del viento blanco.

Mantengo mi meta. La línea de fuerza
que tira de mí a través del miedo.
La línea de fuerza que me jala a través del miedo.

San Jacinto, mantengo mi meta. San Jacinto, mantengo mi meta.
San Jacinto. El veneno y la oscuridad se apoderan de mi vista.

Mantengo mi meta. Mantengo mi meta.
Y las lágrimas ruedan por mis mejillas hinchadas.
Creo no poder lograrlo, estoy cada vez más débil.
Mantengo mi meta. Mantengo mi meta.
San Jacinto, el águila dorada vuela por sobre el sol.
por encima del sol...

Vamos a caminar sobre la tierra.
Vamos a beber de la corriente.
Vamos a respirar el aire.
Podremos vivir manteniendo una meta.
Mantén tu meta.
Mantengo mi meta.
Podremos vivir.
Viviremos.
Mantengo mi meta.
Mantengamos la meta.

6.6.15

Estrenando acuarelas II (los rosas)


Estrenando acuarelas (los rojos)

El jueves rompí el chanchito y adquirí mis anheladas Windsor and Newton. El kit básico de 12 pastillas cuadradas envueltas individualmente en papel celofán.
Lo bueno cuesta lo suyo, se sabe, pero este es el tipo de ¿gastos? que me hacen verdaderamente feliz. Este y los libros, y los viajes, junto a la alegría de compartirlos.
Por eso comparto ahora algunas de las primeras pruebitas de color, paisajes-cuerpos-manchas hechos sin pensar demasiado y disfrutando de las texturas y veladuras que me permito experimentar con esas tintas maravillosas...





29.5.15

Arde Babel




ARDE BABEL

Algo estalla en la noche
de pronto
el color irrumpe la monotonía
se expande y repliega
en contorsión.

Arden la pulpa y los hilos
que sostienen el alma
de Babel
bajo las monstruosas figuraciones
de sus sueños.

Danzan al rojo vivo
las cicatrices de los póstumos
que no encontraron destino
y vagan por la eternidad
asustando al viajero.

Ellos no paran de reír
así conjuran la nostalgia
de la porcelana sobre el mantel
metonimia del sabor concernido
por atlas ancestrales.


II

Ojos de muñecas yacen
desorbitados
si nada fuera lo que parece
_dicen, mirando todo_
la belleza no tendría razón
de existir
ni la mano acariciar con piedad
los huesos
del enfermo.

La escritura no salva
_dice la voz de la mano_
si no puede golpear
al que ha golpeado
con la misma mano
que acaricia
la misma que enciende
el fósforo
para escribir su ardor.

a.g.

25.5.15

Un poema maravilloso de Daniel Geisser



EURINOME

Quédese quieta ahora, ya no baile,
mujer de blancos brazos,
más blancos que la espuma,
abandone esa danza, triplemente alocada,
ya no siga moviéndose, agitándose,
en la furia azulada de las olas;
que cese el frenesí del marino aquelarre:
no convoque a los vientos
déjelos que reposen en sus odres de cuero,
que se aquieten las aguas
y que no haya mareas,
que sea noche perpetua,
que no se diferencien las estrellas
y que el sol siga negro y no conozca el brillo;
aplaque esa tormenta primigenia,
deje en paz a las cosas, deje que anden,
que sigan, tranquilas en el caos como
hasta ahora, que giren y que floten
en esa sopa cósmica, mezcladas con los restos
de lo que no ha nacido, que siga el remolino
dando vueltas y vueltas; ya no baile, mujer,
mujer de blancos brazos, más blancos
que la espuma, quédese quieta ahora,
hasta apagar la fiebre de los muslos
ebúrneos; no se entregue al fornicio
con la vieja serpiente; apriete bien
los labios de esa grieta purpúrea;
que no haya ningún huevo
para que no haya un mundo.

Daniel Geisser

3.3.15

Insecto


Un aire negro emerge
entre rastros de baba.
Temblor de insecto por la grieta
unos instantes más
una efímera tregua
en la batalla.
Tan digno asirse
del repliegue
su nada.

A.G.