26.12.10

Viejos artículos sobre espadachines


Estoy revisando archivos viejos, links que enlisté en dudosas carpetas, que no quiero perder. ¿Dónde los guardo? pensé...
Bueno, aquí, claro, a disposición de otros, de red en red.
Este que me pareció buenísimo y que se publicó en Página hace 5 años tiene que ver con el cine y las guerras a sablazos de Hollywood, a propósito del estreno de Star Wars.
Va intro y el enlace para ampliar.

La hora de la espada
Cruzada, Troya, Gladiador, Rey Arturo, Alejandro Magno, Star Wars. El sable láser, la espada, Excalibur, el florete. ¿Por qué Hollywood decidió resolver todo a sablazos?
Por Juan Ignacio Boido

El estreno de Star Wars tiene una interpretación política evidente: el nacimiento de Darth Vader no es sino el resultado de una metamorfosis mayor, el de una República que, enfrentada a las tensiones que nacen bajo su esplendor, es llevada a devenir en Imperio. Como a partir del siglo XX todo imperio es no sólo imperialista sino también un voraz aniquilador de diferencias que el mundo estaría en condiciones de albergar, el Imperio es, en sí, un Imperio del Mal. Pero el juego de la interpretación permite ver en Star Wars otra culminación: la culminación, o apoteosis, de un proceso menos político pero quizá más mítico, un proceso del que Star Wars mismo fue un pionero hace treinta años, el de la resolución, en el cine y en el imaginario que el cine a la vez moldea y materializa, de conflictos a través de la espada.

Más sobre Bruce


Parece que Bruce Ch. hizo de su propia vida un mito.
Encontré esta nota sobre la biografía que escribió uno de sus mejores amigos y editores, Nicholas Shakespeare.
Van un par de fragmentos y el enlace por si quieren leer más

"Ya sea en su infancia rural, en su trabajo en Sotheby’s, en sus vagabundeos por países remotos o en sus estancias en las casas de sus elegantes amigos, lo que Shakespeare cuenta es un juego de identidades al que Chatwin condujo siempre su vida. Unas identidades que se pasean por aquí como una galería de máscaras y que van trazando esa personalidad de nuestro autor como un ser que despierta desconcierto y deslumbramiento a partes iguales (...)

El Bruce Chatwin prosista de calidad óptima, sentimental cerebral de un gusto avisado y de una múltiple cultura, visitante asiduo de los santos lugares de nuestra postmodernidad, niño mimado por la beautiful people de la literatura de occidente (de Salman Rushdie o von Rezzori a los jóvenes novelistas ingleses), amante sórdido y sublime, tiene aquí un homenaje a la medida de su ambición o a los parámetros de su leyenda. Un ejercicio de fascinación donde las revelaciones más comprometidas se escapan discretamente como conviene al icono que aquí se quiere crear."

(Ver: Bruce Chatwin: la biografía)

25.12.10

Bruce Chatwin o el oficio nómade



Había escuchado hablar de él, especialmente de su libro sobre la Patagonia, región de nuestro profundo sur que tradicionalmente ha despertado la imaginación y el don de aventura de artistas y científicos del mundo “civilizado”.

¿Será porque el desierto, en cualquiera de su formas, representa esa disponibilidad siempre latente, y por ello, inasible, de lo aun no descubierto, no creado, la potencia pura que brinda la intemperie? ¿Será por encarnar una suerte de metáfora de aquella soledad que reina, indómita y orgullosa, en el corazón de los espíritus libres?

Lástima no tenerlo cerca al bueno de Bruce para preguntarle, bebiéndonos unos brandys en algún paraje de la tierra de los vientos.

Como sea, el escritor inglés, muerto a los 59 años, escribió y vivió intensamente otros numerosos viajes, de los que dejó feliz memoria.

En estos días (¡gracias Bibi Fulchieri!) lo estoy disfrutando, paladeando y acompañándolo en sus travesías –territoriales, afectivas- con sumo placer.

Y confirmando que los grandes escritores pueden hacernos vivir como grandes aventuras cualquier tipo de situación: las confidencias de una enfermera durante una internación forzosa, la borrachera compartida con un amigo y el encuentro con personajes notables de diversa laya.
Así como de contar, con la mayor naturalidad, sus arriesgadas peripecias por Asia y África.

Ahora que lo pienso, quizás lo que más me atrae de Bruce Chatwin es la serena aridez de sus relatos, que opera naturalizando circunstancias / personajes fuera de lo común.

¿Hablábamos del desierto?

1.12.10

El jardinero fiel


Un precioso texto personal del prestigioso dramaturgo e intelectual, para ADN Cultura de L.N.

De la jardinería como una de las bellas artes... metáfora "viva" de la escritura.

Mauricio Kartun en el jardín

Muy pocas cosas me hacen reír en soledad: la risa debe de ser en mí un rito social, porque cuando estoy solo me sale poco. Pero de entre esas escasas risas hay tres que no me fallan: ciertos videítos de Violencia Rivas, el descubrimiento de alguna metáfora suculenta cuando escribo y la aparición de la primera flor en mi jardín. Una alegría radiante. Y me río. Yo soy medio agnosticote, pero mi mujer, que es de fe, suele hablarme del concepto de la gracia, la manifestación de lo sagrado. El humor, la poesía y las plantas deben ser el módico altarcito que venero.
Para ser feliz un rato, emborracharse. Para ser feliz una semana, hacer un viaje. Para ser feliz un año, casarse. Para serlo toda la vida, cuidar un jardín. Así dicen los chinos, tan proverbiales siempre los tipos.
Grandes, los chinos. Una verdad grande como un ombú: de nada disfruto tanto como de la jardinería. Y nada le va mejor, estoy convencido, al trabajo del escritor. Le siguen, cerquita, los gatos, pero quedan segundos ahí: jardín y escritura son el par maestro. Y analógico: crear una pequeña utopía y habitarla. Recorrerla a diario metiendo mano aquí y allá. Sembrar. Componer. Podar. Sacar hojarasca. No hay nada de lo que hago con las manos en tierra que no encuentre su semejante con las manos en tinta. Y encima se alternan en secuencia deliciosa. Dejar el papel para ir a la tierra y volver al papel.
Creo mucho en la mano verde. No es un invento de las viejas ni una cursilería. Es el contacto profundo y paciente con lo lento y lo silencioso. Nada de quieto ni mudo: eso es ingenuo. Se mueven y hablan, sólo que hay que saber escuchar y tener paciencia. Saber escuchar y esperar el crecimiento de una imagen: de nada sabemos mejor los dramaturgos. A lo que llamamos allá mano verde, le decimos acá buena pluma: gemelos separados al nacer.
Retoco la proverbialidad oriental: Para ser feliz toda la vida, cuidar un jardín mientras escribo.

(El enlace original aquí )

26.11.10

Variaciones sobre Penélope

la mujer acaricia las ojeras frente al espejo
ensaya la sonrisa el argumento la dilación
la trama

20.11.10

Infancia

Cómo serán la desnudez primera
los ojos que tuvimos en la infancia;
nuestra forma en el cielo cómo era
predestinada a esta eterna errancia.
J.R. Wilcock: Los destinos

14.11.10

Estética del fragmento


Algo del orden del fragmento, inacabado. El fruto de un estallido.
De contornos difusos, temblorosos.
El algo (una astilla, un rastro), sucede como efecto al bigbang de un proceso.
Me dijo que trabaje esa "no forma", no el segmento sino el fragmento. Me quedo cavilando, y cuando me abandono a la experiencia los ejemplos vienen a mí, claros, precisos. Sólo la experiencia puede brindarme algún tipo de comprensión.
Entonces se revelan innecesarios los puntos suspensivos. Los énfasis.
¿Cómo terminar un cuerpo que ni siquiera empezó? Cuerpo, organismo: decisiones.
Lo real no se detiene en los artilugios: transcurre sin más.
Déjalo, déjate acontecer.

26.10.10

Los 22 pliegues de la vida humana


El hijo, el hijo del jefe, el hijo del enfermo, el hijo del labriego, el hijo del necio, el hijo del Mago, nacen con veintidós pliegues.
La cuestión es desplegarlos.
La vida del hombre entonces se completa.
Bajo esa forma muere.
No le resta pliegue alguno por desplegar.
Raramente muere el hombre conservando algunos pliegues sin desplegar.
Ha ocurrido sin embargo.
Paralelamente a esta operación el hombre forma su carozo.
Las razas inferiores, como la raza blanca, ven más el carozo que el despliegue.
El Mago ve más bien el despliegue.
Sólo el despliegue es importante. Lo demás no es sino epifenómeno.

Henri MichauxPintor y poeta francés (1899- 1984)
Publicado en el excelente blog de Fernando Reberendo, Deleuze http://deleuzefilosofia.blogspot.com/






15.10.10

Madre

No le gustaban los arraigos, ni dejar evidencia física; no le interesaba siquiera lo que pudiese ser de nosotros cuando ella no estuviera. Sólo quería disolverse en el río donde anclaban sus mejores recuerdos de niña pobre, cuando no existían ni la esperanza ni la ambición ni el miedo.
Fantaseaba con vivir en hoteles, portando sólo un par de valijas, comer lo que hubiera de menú ese día, compartir ritos de pasaje con los viajeros.
Amaba Buenos Aires, aunque la mitad de sus parientes rosarinos se hubieran radicado en Córdoba.
Diestra con las labores, gozaba más el logro una cañería destapada que del bordado bien hecho.
Después de los cincuenta, se encontró con su amado Van Gogh y se lanzó a pintar.
Pobrecito, decía, se amputó la oreja por una mujer.
Lo decía con auténtica pena.
Y plagiaba, con salvaje albedrío, la locura del holandés en su mundo sin girasoles.

4.10.10

Los ojos de Gyuri


Anoche haciendo zapping encontré una verdadera joya cinematográfica en la tv, creo, pública. en un ciclo que presenta Campanella. Estaba empezada; no obstante, me atrapó de tal modo que no me moví del diván hasta el the end. El primer punto de atracción fue la terrible fuerza de sus imágenes en blanco y negro. Y, particularmente, la de los grandes ojos pardos en un rostro enflaquecido por la degradación y el hambre de ese adolescente de catorce años: Gyuri.
Gyuri es húngaro, judío y como tantos, es trasladado al campo de concentración de Buchenwald, engañado con la promesa de un trabajo en una fábrica, sin saber que ese sería su destino, su sin-destino, o el comienzo de una vida sin retorno a lo que fue.
La peli se llama "Sin destino", es de 2005, la dirigió otro húngaro (Lajos Koltai) y está inspirada en la novela homónima del Nobel de literatura Imre Kertész.
No lo sabía, me enteré hoy navegando por google. Así se entiende el peso que cada palabra tiene en relato en off del joven, algo que por lo que leo dentro de la crítica internáutica, sería uno de los puntos flojos (¿!) del film, porque no es creíble que un adolescente se explaye con tal profundidad y solvencia… lo cierto es que no me importa, en tanto pudo llevarme de la mano –cuando no de las orejas, en ciertos momentos implacables-, con desgarrada poesía, hasta el corazón de ese dolor que produce experiencia, saber, diferencia, una frontera insalvable, ya no sólo en relación con el enemigo, sino con aquellos que quedaron a salvo, de este lado.
Ahí, la incomodidad, la odisea: en la vergüenza de los vecinos, los transeúntes, los pasajeros del tranvía -¡y el inspector lo reprende porque G. no tiene boleto!-, que observa con aprensión a ese muchacho sucio y raquítico, vestido aún con el traje a rayas del presidio en el campo, tratando de llegar a algún lugar, de recuperar el sitio perdido. La odisea es el regreso. Eso dicen los ojos de Gyuri. Cuando G. aborda el camión para volver a Budapest, la cinta abandona el monocromo y asume el color; el contraste subraya el dramatismo de esas vidas que transcurren, definitivamente ajenas.
(Didascalia): Gyuri camina rumbo a un incierto futuro sobre la calle principal de su ciudad, mientras la cámara abre plano y remonta altura.

17.9.10

Sombras, nada más...


 
just shadows in the sand...


Los náufragos



Envuelta en una bruma galesa, ella lo mira debatirse. Le sale un resto de la cola de pescado por el borde de la enagua que disimula el cortejo y su recuerdo.
¡No hay futuro aquí! le grita, desde el acantilado.
¡No te empecines! vocifera.
Pero es inútil: por más que abre la boca, a sus palabras se las lleva el viento. Y la tormenta. Y el rugido de las aguas que extraviaron a Ulises.
Deshilacha el vestido y sacude los harapos en señal de rendición. Pero él no advierte sus gestos, está demasiado ocupado en mantenerse a flote en medio de las olas.
Así lo ve llegar exhausto, hasta su mano.

Faena

Pinar del Río, Calamuchita, Semana Santa de 2010.

8.9.10

El nombre del padre


Rodolfo Fogwill, in memoriam (1941 - 2010)

La muerte según FogwillPor Vera Fogwill

Cuando casi adolescente empecé a escribir, nada casualmente Fogwill se quitó el Rodolfo Enrique y el Quique y pasó a ser, no sé cómo, sólo Fogwill para todos, incluso para mí. Una manera egocéntrica de saber que todo le pertenecía a él. Incluso los Fogwilles de Devon en su sangre y toda raza o estirpe menor que le sucediera. A mí me queda pensar si podré seguir siendo Fogwill, más allá del absurdo título de condesa que heredé. Si debo firmar simplemente así, como hubiese querido él, o debo cambiarme el nombre definitivamente por el seudónimo literario con el que desde hace años escribo.
Ser la hija de Fogwill es como el poema que escribí el otro día sobre Borges que titulé “Las pobres hijas de Borges”, en alusión a lo que no tuvo y a lo que, si hubiera tenido –una hija que escriba–, le habríamos dicho todos: “Pobre hija de...”. Es intentar ser actor siendo hijo de Vittorio Gassman, intentar hacer cine siendo hijo de Ozu, intentar ser meditativo siendo el hijo de Osho, intentar ser persona siendo el hijo de un animal.



4.9.10

"Detesto las grandes certidumbres"


La excelente escritora Luisa Valenzuela -exiliada varios años en Estados Unidos, hija de otra conocida escritora, Luisa Mercedes Levinson, amiga dilecta de Susan Sontag y actualmente radicada en el barrio porteño de Belgrano- fue entrevistada por ADN Nación en ocasión del lanzamiento de su última novela "El Mañana".
Reproduzco los fragmentos de la charla que me parecieron más interesantes (aunque toda la entrevista lo es). Se puede leer completa aquí.

"La mirada de la mujer es interesante porque se produce desde otro lugar. Así como ahora el erotismo en la literatura femenina está aceptado, la cuestión política sigue siendo tomada con pies de plomo. No en el periodismo de investigación, pero sí en la literatura. El periodismo pone las cosas en claro, en cambio, en la literatura se producen aguas mezcladas, medios tonos, insinuaciones de cosas que no son visibles pero están; puede calar más hondo en un sentido más inquietante. Creo que las mujeres trabajan con habilidad esa zona desde hace mucho tiempo: ya está en Virginia Woolf o Clarice Lispector. En el presente también hay escritoras que lo hacen muy bien. Hay algunas narradoras jóvenes que me interesan, como Pola Oloixarac y Samanta Schweblin. También otras mujeres, más grandes, como Susana Romano y Susana Cella, tienen unos libros políticos extraños, que trabajan el lenguaje desde lugares muy particulares, y no se las reconoce mucho.
-La novela comienza con un acto de represión, el encierro de las escritoras, pero nunca queda del todo en claro el motivo de la censura. Se sugiere que las escritoras han descubierto un secreto en el lenguaje, pero ni ellas mismas saben de qué se trata. ¿Por qué decidió mantener oculta la causa de su persecución?-El secreto es uno de los temas que me gusta explorar. Detesto las grandes certidumbres. Sólo quienes quieren tener el poder dicen ser dueños de la verdad. La verdad es multifacética y el hombre no puede conocer todas sus caras. El secreto va mucho más allá, porque se funda en el misterio del lenguaje, del que hablé en mi libro de ensayos Escritura y secreto . El secreto no puede ser develado; una vez que se conoce, deja de existir. Hay otro misterio que se esconde dentro de ése y nunca se llega al origen. Recuerdo que, cuando tenía un taller de escritura en inglés, en Estados Unidos, les señalaba a los alumnos, con una mirada muy latinoamericana, cosas que aparecían en sus relatos. Cuando les mostraba alguna relación oculta entre sus personajes y ellos me preguntaban si debían explicitarla, yo les decía siempre que no. Mi consejo era que lo contornearan y siguieran adelante, porque ellos ya sabían lo que ocurría entre líneas. No hay que matar el secreto porque permite ver por qué surgió eso y cómo se va desarrollando. Pero sólo se logra conservando lo no sabido."


(La gráfica corresponde a un cuadro del artista Carlos Alonso que ilustró la tapa de una de las ediciones de "Cambio de armas" de L. Valenzuela)

8.8.10

Cartas



Leo mis cartas familiares con cierto tacto.
Tacto y no recato: leo esas palabras a la luz del día, no las escondo, me las apropio de algún modo. Las toco, las acaricio, las increpo, marco con lápiz en los bordes los pasajes de mayor intensidad. Y sé que la ucronía es sinsentido, pero cómo evitar el "qué hubiera pasado si..." cuando una ya conoce el final. Eso no pasa en las novelas, donde a la hoja de ruta la traza el autor.
Tacto frente a la tinta y el lápiz. Tacto al pasar cada hoja pequeña, alguna más traslúcida que otra y así… un devenir de relato en palimpsesto.
Tacto al cotejar esa memoria escrita con los relatos que me llegaron, desde la tierra lejana de mi infancia. Con las historias que hicieron de mí esta historia que en parte soy. Tacto y no recato y, sí, en cambio, una cierta delicadeza para con esa palabra otra que construye intimidad para un lector fantasma: Ulises in fabula.
Ella le dice a él: para que no olvides tu sitio. Y él le asegura: dondequiera que vaya.

3.8.10

La pasión según Clarice


Ante la buena nueva del lanzamiento de una edición argentina (y, por tanto, más económica que las onerosas de la española Siruela) de "La pasión según G.H." (Cuenco de Plata) de la prodigiosa Clarice Lispector, rescato este fragmento del artículo de Camila do Valle y Fernando Gebraque que publicó la revista Ñ este fin de semana y que se puede leer completo acá.
"Con Clarice Lispector, al dar vuelta la página, podemos saber que la literatura puede acabar por ser aquella tan famosa experiencia de la escritura como fracaso: por no caber en la realidad circundante, la libertad vuela para ser escrita. Pero puede, también, y mejor aún, ser una invitación a la deriva que el amor, la libertad y lo prohibido proponen. Nunca se sabe dónde desagotar tanta agua viva, sea turbia o cristalina. Dejémonos llevar por su acuoescritura. Es verdad que a veces es necesario estar sola frente a una cucaracha para darnos cuenta de que podemos ser más fuertes de lo que pensamos."

1.8.10

Mutaciones de la luz


Sobre la superficie lisa y fría, la luz produce una grieta inesperada.
La grieta es una línea plateada que la luz, por alquimia lúdica, hace estremecer. Entonces, el vidrio se vuelve amigable. Hay vidrios con líneas que son pistilos y varas, colores que son pétalos, cruces que son enramadas, círculos que son ojos, encastres que son alas…
Hay rastros de la lluvia y huellas del viento. Hay espejos. Hubo un viaje a la semilla de los ancestros. Hay el árbol como sobreviviente de bosques que ya no están. Hay el árbol; entonces, la semilla, la memoria. Hay grupos de círculos, en los que la artista busca la síntesis de un fluir entre el espacio y la línea.
Hay el agua: lo líquido y misterioso.
Hay lo sólido en mutación.
Hay todo eso y todo lo que veamos allí, todo aquello que esté allí para develarnos. Que alumbre algo más sobre nosotros.

(Fragmento del texto que escribí para la presentación de la muestra Vitrografías, de mi querida amiga la artista Patricia Cárrega.)

11.7.10

Séraphine o el éxtasis



Séraphine montada sobre la rama de un árbol mirando la pradera, de regreso a la pensión miserable donde vive.
La sonrisa de Séraphine.
Las manos regordetas recogiendo flores silvestres para hacer tintas.
Séraphine rezando con los ojos cerrados.
Las manos de Seraphine juntando en un frasquito los aceites de las velas en el altar, para sus óleos.
Séraphine tomándose su vinito curativo, ese que sólo ella sabe hacer, el vino del consuelo, el elixir de los pobres.
Séraphine guardándose un pedazo de pan seco en el bolsillo del delantal.
Los dedos de Seraphine manchados de los colores que ella misma ha producido con lo que tuviera a su alcance.
Séraphine extendiendo orgullosa uno a uno los billetes con que pagará su primer lienzo al tendero del pueblo.
Séraphine dormida en el piso al lado del cuadro que ha pintado hasta la extenuación.
El vestido de novia de Seraphine.
Su llanto silencioso mirando la pradera tras las rejas.

(Aquí un enlace sobre la película inspirada en su vida.)

9.7.10

Duelar


Escribir el naufragio. Recoger lo que queda. Inventariar las pérdidas con rigor estadístico. Un pedazo de oreja, dos neuronas, una vena, un puñado de nervios, la alergia crónica a ciertos olores del recuerdo.
Hacer cuerpo ese gesto, pero también, hacerse un cuerpo nuevo, afectado.
¿Es posible irse auténticamente de otro modo? Decir auténtico: un irse sin sustitución.
Y aun ¿es posible irse de todo lo que fuimos? Acaso no se trate de migrar de un cuerpo a otro, sino de desplazarse por la novedad de un continente nuevo, siguiendo el trazado que nuestras pasiones dictan a los sucesivos cuerpos del existir: fisiología, dietética, erótica.
Y aun ¿será posible existir sobreponiéndonos?

3.6.10

Bailarines


La niña camina por los bordes de la fuente, con pasos de equilibrista.
De noche se encienden las luces y activan las aguas danzantes. En el centro hay una pareja de bailarines. Él, hincado, recibe a su Odette en puntas de pie. La escultura detiene el acontecimiento de sus muertes prematuras.
La madre le ha contado muchas veces la tragedia de los bailarines del Colón, cuando el avión que los traía de Uruguay se precipitó sobre el Río de la Plata.
La niña corre por el interior de la fuente sin imaginar lo que ese río turbio aun puede engullir.

30.5.10

Nomadic soul


my thirst is over my words
pushing them into the sand

22.5.10

La mar estaba serena...

Atardecer en Mar Chiquita, Córdoba.

20.5.10

Un festín de arte y poesía




Desde el 20 al 25 de mayo, se oirá el canto del IV Festival de Poesía: Palabra en el mundo. Del que participarán 28 países, en 322 ciudades, con más de 550 acciones poéticas. Con propuestas de las más variadas para el acompañamiento poético, desde música, fotografía, sabores, exposiciones, lecturas, que se pueden desarrollar en la calle, en la escuelas, la universidades, teatros, en los medios de comunicación, bibliotecas, centros culturales o donde la imaginación lo aconseje, las formas pueden ser múltiples. Sin límites, invita a participar rescatando la pluralidad, en la alegría de construir entre todos una casa universal para todos. (fragmento de presentación de Benita Cuellar, una de las impulsoras del festival y de las poetas convocadas, entre las que tuve la alegría de ser incluida).

Para seguir de cerca las creaciones (imágenes, videos, poesías) hacer click acá.

12.5.10

Tecnologías del yo




En el tiempo de los griegos se amaba y se moría trágicamente. Quienes podían hacerlo, que no todos. El mar era el desierto. Y Ulises podía ser cualquier guerrero. Penélope, en cambio, se inventó a sí misma. Su imagen en la trama destejida y vuelta a tejer. Los pretendientes andaban desorientados. Hoy le llamaríamos a ese trabajo, virtuoso y paciente, selfiction. Una grosa Penélope.

8.5.10

Animalada







Amatista



De las Minas de Wanda, pcia. de Misiones

30.4.10

El hogar elegido


Durante mucho tiempo creí que el destino se iba trazando por conspiraciones de efectos transformados en causas. Que lo fortuito era comprender que nada era fortuito. Y que no había pasaje sino de ida hacia la aventura de esa comprensión intransferible.
Lo que en principio podía tratarse de una confianza metafísica, por así llamarla, -y, por cierto, tranquilizadora- , se transformó en un ejercicio de atención aplicado a la lógica intrínseca que los eventos iban revelando a medida que se manifestaban. El pensamiento de Deleuze fue iluminador en ese y otros sentidos, al desechar la idea de trascendencia a favor de la de inmanencia.
La experiencia es todo. Por empezar, un trabajo. O una faena, mejor, si consideramos el gasto corporal que demanda la producción de la vida: sangre, sudor y lágrimas.
Un compromiso de los sentidos que produce afectos, siguiendo a Spinoza y, en sus derivas, un hacer (poiesis) y una política. Un ethos (hogar) donde hacen cimiento nuestras acciones individuales. Y nuestra propia libertad, en la encrucijada de los planos múltiples del estar siendo.

Hogar de naipes

Hogar de naipes que construimos
con paciencia de caracol.


23.4.10

¡Larga vida al libro!

Sería bueno recordar, en el Día Internacional del Libro, que casi todas las historias que prologaron nuestro sueño cuando niños tenían origen en una entidad material, capaz de transportarse y transportarnos fácilmente al mundo de la imaginación de los autores. Llegaban a través de la voz adulta, antes de que pudiéramos deletrear por nosotros mismos el significado de sus letras corpulentas; las ilustraciones aportaban sentido a cada relato y funcionaban, al tiempo, como disparadores de las propias versiones.

No todos los niños tuvieron ni tienen ese privilegio que debiera ser un derecho, como la copa de leche, como el cuidado, como el respeto, como el amor. Porque los libros son y seguirán siendo todo eso para la vida: alimentos imprescindibles, herramientas para la soberanía del pensamiento.

Un instrumento de libertad: bien lo saben los inquisidores que alentaron la quema de “textos peligrosos” en años infames; bien quienes los enterraron para preservarlos. Y quienes siguieron escribiendo. Y los editores, imprenteros, diseñadores, libreros, críticos, docentes que siguieron la posta.

En formato papel o digital, el libro seguirá ocupando un lugar importante en nuestra cultura, que es lo que hacemos con nuestra experiencia. Y, sobre todo, lo que hacemos para conjugarla en plural.
Mi homenaje al Libro en el Blog Retro, que hacemos con mis compañeras de archivo. Entren que está lindo: http://www.lavoz.com.ar/retro

31.3.10

Miradas: John Berger sobre Sebastiao Salgado


Para mirar y escuchar. John Berger sobre Sebastiao Salgado, dos viejos gigantes, y el mundo que no vemos.
The Spectre of Hope.

(agrego este link, enviado por el sitio Aves de prensa, entrevista reciente a Salgado. http://www.clarin.com/diario/2007/11/25/sociedad/s-01545967.htm

29.3.10

Vivir como las rocas






DESENLACE
Derek Walcott

Yo vivo solo
al borde del agua sin esposa ni hijos.
He girado en torno a muchas posibilidades
para llegar a lo siguiente:

una pequeña casa a la orilla de un agua gris,
con las ventanas siempre abiertas
hacia el mar añejo. No elegimos estas cosas.

Mas somos lo que hemos hecho.
Sufrimos, los años pasan,
dejamos caer el peso pero no nuestra necesidad

de cargar con algo. El amor es una piedra
que se asentó en el fondo del mar
bajo el agua gris. Ahora, ya no le pido nada a

la poesía sino buenos sentimientos,
ni misericordia, ni fama, ni Curación. Mujer silenciosa,
podemos sentarnos a mirar las aguas grises,

y en una vida inmaculada
por la mediocridad y la basura
vivir al modo de las rocas.

Voy a olvidar la sensibilidad,
olvidaré mi talento. Eso será más grande
y más difícil que lo que pasa por ser la vida.

Fuente: http://cinosargo.bligoo.comLa fotografía retrata los famosos peines de Chillida en el País Vasco y pertenece a este enlace.


Los rústicos

Ricardo Carpani: Trabajadores

Ellos se marchan a pulir los muros.
Cuando dejan a las mujeres en guardia con niños que no lloran.
Recién entonces, van.
Manos dispuestas a eliminar los rastros de la sal que ha cuarteado las vigas.
A raspar hasta el hueso.

El peronismo y sus metáforas

Artista genial, por su delicado humor, su originalidad, y una poética que abreva de lo popular entreverado con los mitos de la cultura universal. Universal siempre significó para nosotros "europea"; pero Daniel Santoro, que es de él de quien hablamos, suma sus conocimientos sobre la cultura china a esta "mixtura bárbara" que somos los de esta orilla del profundo sur.
Aquí, la reapropiación de Magritte, pues ya sabemos que Esto no es una pipa, ¿y el peronismo, qué es?

Arte / Palabra de artista
El gran relato argentino
Sin pretensión pedagógica, como lo demuestran las "fábulas plásticas" que expone en la Untref, Daniel Santoro retrata el imaginario del peronismo.
La nota completa sigue acá.

20.3.10

Hapiness

La felicidad....
De llegar a casa con un par de libros nuevos de viejos amigos. Aunque no hayamos sido presentados in corpore, amigos por inspiración y sensibilidad. Clarice, Gilles, John...
De salir de un largo sueño con muchas "escenas" y depurar, antes de despabilarme completamente, dos o tres frases que verdaderamente importan.
De encontrar en la mirada de mi compañero un acuerdo sin palabras: estamos en el mismo barco, no hace falta decir más.
De cultivar en otros una herencia elegida. Porque la herencia también es responsabilidad, legado, el hilo invisible que nos sostiene antes y después de nuestra propia vida.
Del hallazgo de un énfasis, de una palabra certera, de un silencio atento, de una sonrisa inteligente, de un gesto sutil, de la empatía anónima, de la solidaridad que no espera retribución.
De esas cosas, que nos ayudan a sacudir el barro.

16.3.10

El amor

El amor, obra de Pedro Pont Vergés.

No es juguete del Tiempo amor...
Amor no muda con sus horas y semanas
sino hasta el borde del abismo aguanta y puja

Si todo esto es error y contra mí probado,
Yo nunca he escrito, y nunca ningún hombre amado.

Shakespeare, Soneto 116

15.3.10

Lengua madre


Hace unos meses, cuando le conté a María sobre mi proyecto Migrar, ella me envió para compartir un anticipo de su Lengua madre, su última novela vinculada a la extranjería, la distancia, los secretos familiares, la búsquedad de identidad, temas afines a aquellos que desde siempre me inquieren y motivan. Un honor y una alegría siempre el diálogo con "Tere".
María Teresa

Fragmento

Una vez, cuando era chica, su abuelo la llevó a Buenos Aires. Lo hizo por insistencia de su abuela, porque se trataba de un viaje de trabajo. Llevala para que conozca, había dicho su abuela y así, de ese modo, ella fue a Buenos Aires. Una niña, una pequeña junto a un hombre mayor que compartía reuniones de trabajo con otros hombres: un congreso de cooperativas. Y vio la Plaza de Mayo, el Obelisco, la Avenida 9 de Julio, impresionada por la gente, los autos, el ancho de las calles, las palomas, ella que llegaba desde un pueblo pequeño, en la llanura.Hace unos días, apenas llegada al país para encontrarse con los restos de su madre, una casa vacía y una caja de cartas, tuvo que esperar varias horas la combinación con un vuelo a Trelew y las ocupó en caminar otra vez por la ciudad, en sentarse en un banco de plaza, picoteados sus pies por las palomas y en recorrer la Avenida de Mayo, hasta dar con el hotel. Hotel Madrid se llama ése al que fue aquella vez con su abuelo. Encontró no sólo las rejas frente a las viejas ventanas, las letras retorcidas en hierro que le dan nombre, sino también la casa de confituras - Le Petit - donde su abuelo compraba castañas y dátiles. Su abuelo, sus abuelos...esos padres grandes que tuvo, y ella que se las ingenió para refugiarse en ese amor apretado, en esa casa y en ese patio con tejido que protegía vidas sencillas, intensas. Desde que puede recordar y, según dicen las fotos, también desde antes, había un hombre viejo que la alzaba como un padre y una abuela que estaba presente siempre, que le cosía vestidos, que le preparaba meriendas, que revisaba sus deberes...

Empezaba el verano. Lo primero que hizo después de colgar fue asomarse a la calle por la ventana que da hacia Marienplatz y mirar al vacío, cuatro pisos abajo: las mesas de hierro pintadas de blanco y la gente sentada al sol con sus abrigos livianos. Miró hasta que le brotaron lágrimas, hasta que vio tras las lágrimas cómo se desfiguraban las personas y las cosas que estaban en la calle. Recién más tarde cayó en la cuenta de que debía llamar a Lufthansa. El primer vuelo que tengan, pidió, sabiendo que de ningún modo llegaría a tiempo para sepultarla. Después el viaje. Algo de lo que uno es, permanece en los lugares que se dejaron, pero ella no se crió en esa casa del sur a donde va. Muertos sus abuelos y su madre, ya no tiene a dónde regresar. Sabe que el exilio es eso: no saber a dónde regresar. Así, sin esperanza y ya sin centro, vuelve a lo que fue. En busca de lo olvidado, al encuentro de lo oscuro, de lo ciego.

Como hija y como hermana, vuelve. Consigue un vuelo a Ezeiza con escala en Madrid. El vaivén entre la movilidad y la quietud, y ella metida en un cubículo que vuela, rodeada de gente, en completa soledad. Más tarde pasa las horas deambulando, buscándose, buscando qué, haciendo nada, por calles de Buenos Aires. Luego el traslado a Aeroparque: edificios, árboles, gente, tiempo para mirar por la ventanilla del taxi, sin esperanza de conocer a nadie. Piensa que el mundo es insondable, no entiende nada, sin embargo tiene una certeza: está pisando el país donde nació.

Después el vuelo de cabotaje. La llegada a Trelew. Lina esperándola. Lina diciendo lo que suele decirse en ocasiones como éstas. Preguntando ella lo que suele preguntarse en ocasiones como éstas. Y después Lina diciendo nada. Y ella preguntando nada. Abrazadas las dos, llorando. Ahora están todos los que son – Pippo y Marta, Lina, Rubén y sus primos- en la casa de su madre. En la que era la casa de su madre. La que era, la que es, los que son, lo que fue. Lina y su familia, en casa de su madre. Pippo y su mujer. Unas horas todos juntos y después se han ido de regreso a Córdoba. Sólo Lina se queda con ella unos días. Para ayudarte a aterrizar, dice, no quiero que te quedes sola tan pronto, como si haciéndolo le ofreciese una posibilidad de encontrarse con su madre, unos días de sobrevida para ella y para todo lo suyo sometido a la desaparición.
¿Aterrizar? No puede aterrizar, está cansada, embotada, todavía en vuelo. ¿Podrás sola con todo esto? ¿No querés que arregle las cosas para quedarme unos días más?, preguntó Lina. No, no quiso. Lo que quiere es permanecer así, ovillada, ordenándose lentamente, mientras ordena las cosas de su madre. Se tomará el tiempo que haga falta, hasta ponerse en pie. Ya avisó a Munich. Se despierta temprano en la mañana y sale al pequeño jardín de su madre, para escuchar un concierto de pajaritos patagónicos. Son mañanas heladas y claras, que se parecen a las de un tiempo de niña en su pueblo: pura contemplación de las cosas elementales, sencillas. Aunque hacia las bardas siempre hay nubarrones negros.

Cuando tenía veintiún años, inició un viaje del que no ha regresado. Una huida. Poco importa que el destino haya sido Munich, sus montañas de cuento y sus bosquecitos artificiales con ardillas, hurones y corzuelas. Desde la edad moderna, ésa es una ciudad rica, con iglesias, mansiones señoriales y un paisaje de postal, tan cuidado que deja ver en su belleza perfecta la mentira. Al año de estar allá, renovó la beca y le dio un giro a su investigación y entonces supo que no quería regresar. Estaba en una ciudad europea que conserva cierta paz, cierto aire distinguido. Vino de visita en varias ocasiones a ver a su abuela y a su madre, pero después su abuela murió y entonces le dio lo mismo volver o no.


27.2.10

La danza inmóvil

Edvard Munch: Pubertad

¿Qué ve cuando mira? ¿Acaso al camafeo que nunca le dará sitio? ¿O, entre las manos que la pintan, su propia soledad, la de su ausencia? ¿Qué miro en ella? ¿El cuerpo-fetiche para un arte sin nombre? ¿Qué ve de sí en los míos? ¿Podría verme? Y aun pudiendo ¿a quién vería de mí?

18.2.10

Clarice según Tomás


Una de las últimas columnas del maestro, fallecido el 31 de enero de este año, publicada en el diario La Nación.

Clarice Lispector, el sol oscuro del Brasil

Por Tomás Eloy Martinez.

Hace poco más de medio siglo la fuerza de transformación de la literatura de América latina asombraba a los países centrales, que habían alcanzado la modernidad gracias al desarrollo de sus industrias, a sus hallazgos tecnológicos, sus redes de comunicación, sus trenes y sus aviones. Pero su lenguaje y su capacidad de narrar la sociedad estaban apergaminados, cansados, y suplían la falta de sangre e ideas nuevas con juegos teóricos que no llevaban a ninguna parte. En América Latina, el afán de crear ese mundo nuevo que expresaba la revolución cubana parecía haberse concentrado en la literatura.

Mientras, los países del Río de La Plata, México y Colombia respiraban a pleno pulmón los nuevos aires, Brasil, el gigante, se mantenía impermeable a todo lo que no viniera de sí mismo. Brasil cambiaba de piel, pero se alimentaba de su propia música y de su propia herencia literaria. Cierta vez le preguntaron a Joao Gilberto por qué daba tan pocos recitales en el extranjero, donde su música tenía un éxito clamoroso. "¿Para qué?" respondió. "En Brasil mi público es tan numeroso como en el resto del mundo y además me escuchan con mayor felicidad".

A mediados del siglo XX, el gran nombre de la literatura brasileña seguía siendo el de Joaquim María Machado de Assis (1839-1908), quien escribió una sucesión de obras maestras mediante el simple recurso de observar atentamente el paisaje interior de los pensamientos y los sentimientos para contarlos de una manera inusual, inesperada. Uno de sus mayores herederos es Joao Guimaraes Rosa, quien impresiona más que nada por su virtuosismo verbal y el oído finísimo con que capta la música de las voces del sertón, en el nordeste profundo de su gigantesco país.

Sin embargo, la única hija directa y legítima de Machado de Assis es Clarice Lispector, cuya obra misteriosa empieza a difundirse en los Estados Unidos con tanto ímpetu como la de Roberto Bolaño. Al chileno lo consagró el semanario The New Yorker, a Lispector le rinde tributo el influyente The New York Review of Books con un ensayo extenso de Lorrie Moore, la joven diosa del minimalismo.

Moore advierte que la magnética fama de Lispector se debe en parte a los estudios sobre su obra reunidos por Hélène Cixous, a quien las universidades francesas deben el apogeo de los estudios sobre la mujer. En Francia, recuerda Cixous, la exquisita abstracción de la prosa de Lispector hacía que la vieran como un filósofo. Cuando asistió a un encuentro de teóricos sobre su obra, abandonó la sala en la mitad del homenaje diciendo que no entendía una sola palabra de esa jerga.

Una de las primeras veces que se oyó hablar en Buenos Aires de Lispector fue a fines de los años 70, cuando circuló la leyenda de que se había quemado viva en su casa de Río de Janeiro.

En 1969 ya el mítico editor argentino Paco Porrúa había publicado en la editorial Sudamericana algunos de sus libros: las novelas La manzana en la oscuridad, La pasión según GH y Un aprendizaje o el libro de los placeres, así como los admirables cuentos de Lazos de familia. Lispector rompía con todas las convenciones del arte de narrar y arrancaba de cada palabra un temblor secreto, enigmático. Sus revelaciones eran como las de un teólogo oriental bailando una danza ritual africana.

Cuando la leímos, deslumbrados, en el semanario Primera Plana, pensamos que era imperioso viajar a Río de Janeiro para descifrar sus secretos. Sara Porrúa, quien entonces era la mujer de Paco, quiso ser la adelantada en esa búsqueda.

Las primeras noticias que envió disipaban la fábula de Lispector quemada viva. Su cama se había incendiado accidentalmente cuando se quedó dormida con un cigarrillo encendido. Pero la habían rescatado a tiempo. Su extraña belleza tártara (los ojos almendrados y rasgados, los pómulos salientes, la constante expresión de angustia de su cara) se le había marchitado cuando ardió el lado derecho del cuerpo, inmovilizándole el brazo. Nada, sin embargo, apagaba su pasión por narrar el mundo.

Sara la vio un par de veces más, y con su imagen intensa, inolvidable, se perdió en las selvas de Guatemala y se convirtió en personaje de Cortázar.

Dar una idea de su imaginación solo es posible a través de un par de citas. El comienzo de la novela Un aprendizaje (1969) es una frase que viene de la nada. La puerta de entrada de esa novela es una coma: ", estando tan ocupada, había venido de las compras de casa que la sirvienta hiciera a las corridas porque cada vez trabajaba menos aunque solo viniera para dejar almuerzo y cena listos ...".

Antes de ese comentario doméstico y trivial, Lispector ha sorprendido al lector con una advertencia que es también una afirmación de su ser: "Este libro se pidió una libertad mayor que tuve miedo de dar. Está muy por encima de mí. Humildemente intenté escribirlo. Yo soy más fuerte que yo. C.L."

Y hacia el final de Agua Viva, alza la voz: "No voy a morir, ¿escuchaste, Dios? No tengo coraje, ¿oíste? No me mates, ¿oíste? Porque es una infamia nacer para morir no se sabe cuándo ni dónde. Voy a ponerme muy alegre, ¿escuchaste? Como respuesta, como insulto".

Su desmesurado desafío a la muerte impregna muchas de las crónicas reunidas en Revelación del mundo, que incluye todas las que escribió para el Jornal do Brasil entre 1967 y 1973. Otras, inéditas, se publicarán el año próximo en español bajo el título de Descubrimientos.

Lispector continúa siendo un enigma sin descubrir que asombra en cada frase, en cada desvío de la vida. Murió a los 57 años de un cáncer de ovarios, después de haber pasado los últimos años encerrada en la soledad de su casa de Leme, cerca de las arenas de Copacabana.

Su autorretrato cabe en una frase. "Mirarse en el espejo y decirse deslumbrada: Qué misteriosa soy".

Tomás Eloy Martínez es el autor de "La novela de Perón", de "Santa Evita", de "El vuelo de la Reina", que ganó en España el premio Alfaguara de Novela, de "El cantor de tango" y de "Purgatorio". Sus libros se han traducido a más de 30 idiomas. Es director del programa de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Rutgers y realiza viajes frecuentes como escritor y periodista © Distribuido por The New York Times Syndicate

13.2.10

Anárquicos y solidarios


En Uruguay, cerca de Puerto Valizas, existe un pequeño paraíso llamado Monte de los Ombúes, donde esta especie prototípica de nuestras pampas, lejos de habitar en soledad, nace, crece y evoluciona en hermandad con sus congéneres. Los hay de todo tipo y formato. Un cineasta como José Luis Cuerda, gran amante de los bosques y sus misterios, adoptaría este sitio como escenografía de sus historias.
Coronillas, canelones y talas trepadoras se enroscan en los troncos y ramas inmensas de los ombúes para protegerlos con sus espinas del asedio del ganado.
El vínculo entre ambos no es parasitario: unos se ofrecen de guardianes a cambio de encontrar una guía para su desarrollo. Es decir: cada especie se nutre por sí misma y dispone sus talentos en complementariedad con las demás.
Los ombúes son anárquicos por sí mismos: no hay dos iguales y crecen según su propio ritmo.
Tampoco se puede detectar su edad a partir de señales en su morfología. El cálculo siempre es aproximado y se obtiene de la antigüedad de las especies protectoras y del "acta de merced" de las tierras donde han sido plantados. Los más longevos de este pequeño paraíso uruguayo llegan a los 600 años.
Los que caen fulminados por un rayo o por exceso de agua, dejan el claro necesario para que la luz facilite la aparición de nuevos brotes. A menudo éstos crecen desde las mismas raíces del árbol caído.

14.1.10

Papito y yo


ACTITUD CARIBE
Sexy, caliente, pegadizo… se dice de este ritmo que agita multitudes de la cintura para abajo, con su sonoridad tribalística.
Vamos alegres y dispuestas a bailar, como se pueda, la adulta y la niña, una noche del invierno cordobés, hasta el Orfeo. La adulta es fan recién estrenada de los puertorriqueños Calle 13. La niña, hija de músico y periodista, ya los conoce, y también a Don Omar y, claro, a Daddy “Papito” Yankee.La adulta anda rastreando otras músicas que contengan la crispación del rap en clave latina. Que escenifiquen la contaminación de lenguas, porque el mundo, especialmente el de este lado del Atlántico, hace rato que dejó de ser monolingüe.
La adulta acaba de descubrir mucha de esa crispación y mezcla en la novela del dominicano Junot Díaz, La maravillosa vida de Oscar Wao, que cuenta la vida nada maravillosa de su pueblo, en tiempos del dictador Trujillo.
La niña, llamada Azul aunque vestida de fucsia para el recital, sabe perfectamente lo que va a ver y, cual Virgilio, conduce de la mano a la adulta entre mul-ti-tu-des de adolescentes y de niñitos con sus madres. Pululan los barbijos y una copiosa lluvia de papel picado nos sorprende cuando aparece él, con sus pulseras y collares de oro, su campera de cuero, sus lentes oscuros, su ritmo infernal.
Tres parejas perrean sobre el escenario mientras Papito se desplaza de una punta a otra y las luces y las cámaras lo siguen, y quienes estamos lejos y no llevamos largavistas -¡qué antigüedad!- vemos sus réplicas en pantalla gigante. Y todo: la potencia, la vibración, nosotras apretujadas y sudorosas, los celulares-luciérnagas en el momento mágico de un Orfeo completamente a oscuras, sentimos por un momento que algo de ese Caribe que se toma revancha está ahí, aunque Papito sea Yankee y porte cadenas de oro y a los de Calle, con razón, no les guste ni medio la frivolidad de sus letras.
Ahí: en esa fiebre del cuerpo que vuelve a conmovernos.

(Columna mía publicada en el Anuario 2009 de La Voz del Interior, el 12 de diciembre de 2009).

4.1.10

Un poema...


... de Teresa Arijón. Lo saqué de acá.

gary snyder

Rastro de conejos,
rastro de ciervos, ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos en la noche helada,
........bajo los pinos,
recitando el poema de Leopardi
con memoria vaga, viendo
las estrellas limpísimas que acaso
anuncian la aurora boreal?
Rastro de osos,
rastro de linces, ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos cuando la nieve quieta cubre los vidrios
y sólo se oye el sonido del cielo, afuera, lejos?
Rastro de alces,
rastro de nutrias, ¿qué sabemos?
¿Qué sabemos a la mañana siguiente, en cuclillas,
contemplando el lago donde el zorro se mojó la cola
sólo para demostrarnos que hay cierta verdad
en las palabras?

(de Poemas y animales sueltos. Buenos Aires, pato-en-la-cara, 2005)