25.12.10

Bruce Chatwin o el oficio nómade



Había escuchado hablar de él, especialmente de su libro sobre la Patagonia, región de nuestro profundo sur que tradicionalmente ha despertado la imaginación y el don de aventura de artistas y científicos del mundo “civilizado”.

¿Será porque el desierto, en cualquiera de su formas, representa esa disponibilidad siempre latente, y por ello, inasible, de lo aun no descubierto, no creado, la potencia pura que brinda la intemperie? ¿Será por encarnar una suerte de metáfora de aquella soledad que reina, indómita y orgullosa, en el corazón de los espíritus libres?

Lástima no tenerlo cerca al bueno de Bruce para preguntarle, bebiéndonos unos brandys en algún paraje de la tierra de los vientos.

Como sea, el escritor inglés, muerto a los 59 años, escribió y vivió intensamente otros numerosos viajes, de los que dejó feliz memoria.

En estos días (¡gracias Bibi Fulchieri!) lo estoy disfrutando, paladeando y acompañándolo en sus travesías –territoriales, afectivas- con sumo placer.

Y confirmando que los grandes escritores pueden hacernos vivir como grandes aventuras cualquier tipo de situación: las confidencias de una enfermera durante una internación forzosa, la borrachera compartida con un amigo y el encuentro con personajes notables de diversa laya.
Así como de contar, con la mayor naturalidad, sus arriesgadas peripecias por Asia y África.

Ahora que lo pienso, quizás lo que más me atrae de Bruce Chatwin es la serena aridez de sus relatos, que opera naturalizando circunstancias / personajes fuera de lo común.

¿Hablábamos del desierto?