3.1.11

No todo lo sólido se desvanece en el tiempo



A Marshall B. lo conocí bajo el impulso de Roxana Patiño, entonces titular de la cátedra de Sociología de la obra literaria, a cuyas clases yo asistía como alumna oyente (mis horarios y exigencias de laburo no daban para una adscripción).

Tenía hambre de teoría, pues el plan 78 había proscripto toda lectura asociable al marxismo, estructuralismo, deconstructivismo y así cualquier istmo sospechado de ejercer una crítica política sobre los discursos de la cultura y el arte.

Encontrarme con Marshall en su libro “Todo lo sólido se desvanece en el aire” fue una especie de felicidad. Un viaje al corazón de la modernidad inventada por la burguesía. Y una de las experiencias de lectura más gratas de mi vida.

Disfruté el placer de seguir su novela del pensamiento, el vuelo y la soltura con que encaraba para mí un entonces autor imposible como Carlos Marx, cotejado y anticipado por el "Fausto" de Goethe.

El recorrido en la segunda parte de la trilogía Paris – San Petersburgo – Nueva York como ciudades emblemáticas del espíritu constructor/destructor de la modernidad despertaron mi deseo flaneur de transitarlas.

Pude hacerlo con la ciudad de Baudelaire y con la de Salinger (cfr, post en este mismo blog: Antes del 11S); aun tengo pendiente la de Nabokov.

En estos días, cuando ya casi había olvidado que pudiera tener alguna vigencia aquel texto de principios de los 80, con que el autor intentó exorcizar el dolor por la pérdida de un hijo, me encontré con un precioso artículo del escritor argentino Juan Forn sobre las "aventuras marxistas" del filósofo estadounidense. (Ver: La aventura del hombre)

Feliz comienzo de año recordando a Berman avec Marx by Forn.