17.5.12

Con quien tanto queríamos

Siempre le gustó viajar, y comer rico, y juntarse y juntar a los amigos. Él es _aun es, aun mientras respira, aun con los ojos cerrados, en una sala de hospital aséptica, aun mientras nosotros custodiamos que el ángel de frac no entre aun, que todavía no, que un rato más  con su vida palpitando frágil en el pecho tan grande para albergar un corazón de dimensiones _ uno de los tipos más generosos que conocí en mi vida. Un bueno de verdad.
Los asados, los pollos al disco, las bagnas caudas (la comensalía), las escapadas a las sierras, los largos mates, las confidencias, el despliegue de mapas a lugares por conocer, las pelis y cada nombre del último actor de reparto en su cabeza, el amor sin límites por sus sobrinos, el recuerdo de un padre distante, hombre de campo adentro, y de una madre sencilla y tímida, gran cocinera, emprendedora y militante barrial en su vejez (el gran destape de Trini).
A José le podés contar cualquier cosa, pero cualquiera; él nunca te va a juzgar. A José le podés contar porque, además, es de esas personas que verdaderamente escuchan. Con José podés ir a cualquier lado; él es de esas personas que confían enteramente cuando confían. Y no tiene pruritos en contarte lo que sea.
Cuando aun es, ese cuerpo amarrado a unos tubos y aparatos que sin embargo no es (me resisto): no puede ser  el mismo José con quien tanto quería(mos), no el compañero de aventuras, no el confidente, cuando aun, recuerdo, los días que no añoro sino por presencias como la suya,  la vida a la que ya no pertenezco y sin embargo, aun, su recuerdo activado por el dolor, por la ausencia inminente, me reconozco una parte de él, en esa intangible que llevará consigo, aun fuera de mí, fuera de sí...