1.8.12

Ungida



"Pubertad” de Edvard Munch.

Tensa la piel al aire. Ella no sabe impostar.

Crisálida pobre, será de la tierra menos al vuelo que
a su sombra.

Porción de sexo entre las nalgas ásperas. Sólo un detalle
oscuro del cuerpo que adolece sin desear.

Desborda el marco la blancura exhausta.
Pero es lo de menos: en cambio, no se puede sino mirar
el brillo neutro de esos ojos, los lagrimales secos.
A dónde, a quién.

Niña, ese cabello a torrentes. Ella jamás se peina
y a su madre no le gusta ese muchacho
con aspecto de tísico y los dedos inmundos de color.

Nadie promete la inmortalidad.

Sin embargo, una tarde tras otra, ella se muere de frío.

Ungida, con las manos cruzadas, como si no supiera nada.
Tan natural, como su destino hacia unas manos que
no pintan.

Si lo supiera, podría gritar.