15.4.09

Suave delicadeza de un ocaso

Manhattan, Nueva York, 2001

Qué fluencia. No fluidez: no hay errata. Un irme / venirme, sin pecado concebida. La mancha significa apenas una huella del vómito en mi vestido. Una huella de un resto de lo que no puede digerirse. Antigua sabiduría intestinal.

Me despojo de afeites: en la guarida, el cuerpo es un pretexto. Amor ¿lo estoy diciendo bien? ¿Despojo produce buena yunta con afeites? Raro, querida, pero no necesariamente falso… me dicta.

Él ya no está, se lo tragó la tierra, pero nos escuchamos, lo consulto, lo miro, lo huelo, lo presiento.

En el humito del cigarrillo, ahí. Ningún delirio místico, ni hagiografía: él es el humo que me llena y me intoxica los pulmones, las células, la sangre, el cerebro, el corazón, la lengua.
¿Es que acaso llegamos hasta aquí para nada, para esta intemperie de desierto helado? Le pregunto pero esta vez se ha ido, como siempre que le hago esa pregunta. Muy zen lo suyo. Fuck you dear, y revoleo la taza y la estrello contra la puerta del baño. (La taza de todos modos tenía una muesca en el borde, no me gustan las cosas rotas, ahora recojo los fragmentos de loza y los envuelvo en hojas de diario, páginas 4 a 8, sección deportes, otro triunfo de Messi, viene de tapa, Messi a la basura con mi taza amarilla, al polvo volverás, dijo el poeta español… aquí entre el polvo orgánico de cáscaras de banana y cartones de leche descremada fortificada con hierro e isoflavonas)

Afuera es cuerpo. Comer, correr, disfrazarse. Sonreír. Mostrar los dientes. Grrrrr…. fuera bestia, no te metas conmigo. Blablablabla.

Adentro la mente que inquiere, sin automatismos, si la destrucción activa o consume. Si no veo mi sombra persiguiéndome por las veredas, si la busco y tampoco mi réplica en los espejos de la calle, entonces ¿existo? ¿dónde? ¿dónde me ven los otros? ¿en quién se encuentran ellos? ¿Quiénes son ellos para mí si yo tampoco puedo verme en sus ojos? ¿Fantasmas?

Esta levedad en lo efímero es un antídoto que procuraba para la melancolía, para los fantasmas que no nos dejan, para los mitos del pasado que nos pesan. Frente al dolor suave del pasado que no pasa, una “modesta alegría”. No resistir el empequeñecimiento de las cosas y las personas. El retrato envasado. … La levedad de la deriva, la liberación del peso de la orfandad, dos que desaparecerán. Vestigios de deseos tardíamente percibidos. Encanto al conseguir recordar las dichas tanto como las pérdidas. Suave delicadeza de un ocaso. (Denilson Lopes).