27.2.09
La odisea de una voz
La voz, la lengua, o un cierto estado de la lengua que hace cuerpo en eso que la retórica llama el estilo de un autor, produce en la escritura de Joao Gilberto Noll (Porto Alegre, 1946) una intensidad difícil de soportar si la actitud del lector se apoya estrictamente en la lógica del acontecer o si apenas busca una historia. Hay que leer: hay que escuchar. Hay que ver. Hay que entregarse a la deriva de Odiseo, es decir, la de su voz.
Noll era un autor desconocido entre nosotros, si bien en su país ha ganado importantes premios. Argentina lo ha descubierto en las tres novelas que editó el sello Adriana Hidalgo: Lord (2006), Bandoleros (2007, originalmente editada en 1985) y Harmada (2008) con traducciones de Claudia Solans y prólogo de Reinaldo Ladagga. Un escritor dentro de esa literatura portentosa cuyo linaje lleva las firmas de Machado de Assis, Manuel Bandeira, Joao Guimaraes Rosa, Clarice Lispector.
Derivar, delirar. Decíamos antes: la deriva. Que se trata de un viaje, un tópico que forma parte de los grandes relatos del mundo, pero no cualquier tipo de viaje. Lo desencadena una crisis, que no reviste la menor espectacularidad. Ningún mandato de un dios, ninguna conspiración, ninguna revolución, ninguna muerte la impulsan: es algo que se rompe adentro y empuja fuera: "Tomamos las cartas, sin saber cómo y hasta dónde se desarrollará el juego: podemos distraernos con el ruido de la lechuza, herirnos con la caída de la araña, tantos factores... pueden desviarnos de la ruta pretendidamente trazada" (Bandoleros).
Pequeños acontecimientos que son a la vida como el habla a la escritura: "Detestaba pensar previamente acerca de lo que tenía que contar. Me dejaba conducir por el habla, sólo eso, el habla nunca me defraudó" (Harmada). El habla es acto puro y, cuando ocurre, la lengua se pone a delirar: "De repente la voz de la trama se convierte en átomos centelleantes. Esferas microscópicas soltando chispas. Por todos los poros" (Bandoleros).
El otro, el mismo. Un escritor de mediana edad que ha fracasado con su matrimonio y su última novela (Bandoleros); un ex actor que busca retornar a su lugar de origen, tras una temporada de internación en un asilo (Harmada), parecen avatares de un único Odiseo revisitado: los personajes de las novelas de Noll encarnan siempre al mismo hombre que el autor lleva en su pecho, sin la menor posibilidad de que se disuelva; así se lo ha confiado a su par, Oliverio Coelho, en una entrevista reciente.
Aunque en ambas novelas el personaje se refiera a sus acciones en primera persona, la errancia de sus pensamientos, que a menudo lo sorprenden contemplándolos desde cierta distancia como si no le pertenecieran, van armando un relato atravesado por múltiples y fugaces encuentros: con el poeta niño; la futura ex mujer; el amigo que agoniza; la hija de la prostituta; el yanqui psicótico; el profeta del asilo... Pasajeros en tránsito, portan sus voces y se incorporan a la lengua del errante. Lengua popular y erudita: la poética de una voz intersticial. Mas no construida en la encrucijada de una serie de versiones otras, sino como experiencia de lo diverso en la propia subjetividad.
En Bandoleros, Noll extrema su apuesta y labra una memoria dislocada de los sucesos, en un eterno presente que engulle y mezcla los pasados, tanto como el fluir de la conciencia y el relato episódico. Acaso para objetar aquello que la ley de la ficción impone como artificio: la ilusión de que la vida de un sujeto pueda ser narrada linealmente.
Escribir, pintar. La epifanía se produce ante la suspensión de la garantía del relato como punto de retorno a cierta identidad legible. "Abandona toda esperanza" advierte el pórtico del infierno, cuando nos disponemos a ingresar al espectáculo de la comedia humana. Y aquí, como en las pinturas de Bacon, los cuerpos escenifican verdades con su propia lógica. Radicales, terribles: la lengua se estiliza y pinta: el cuerpo empujado cuesta abajo sobre la montaña de basura; el ave de rapiña sobrevolando su festín inminente, el niño-jefe de la banda contemplando impasible su obra desde el morro. Descoyuntada, trágica. La voz que pinta nos dice: hay algo más que otras voces, otras fronteras, otros yo. La odisea sin fin.
Nota mía publicada ayer en Cultura de La Voz del Interior
18.2.09
Rutas argentinas
Anduvimos por escenarios cordilleranos, haciendo ruta 40, al sur de Mendoza. Zona Malargüe, Valle de los Molles, Valle Hermoso, cerquita de las Leñas (que estaba desolada y bastante fea).
Compartiendo silencios y mirares. Eso que pide la vacación: un poco de vacancia, de vacío. Bajar dos cambios. No había internet ni señal de celular.
Shhhh. Ñao perturbe...
Vino bien, más que bien. Esos atardeceres con rumor de viento al pie de los Andes mendocinos. Y algunos encuentros con viajeros intrépidos: el austríaco que anda recorriendo la 40 en moto -alquilada en Buenos Aires-, el ¿alaskés? ¿cómo se dice? sumergiéndose en las termas calieennnntes de Los Molles, el vasco ex-profe de snowboard, en pareja con una cordobesa, instaló sus cabañas al filo de la montaña, y convida a sus huéspedes con cerdo al disco de arado, con salsa agridulce y batatitas.
Hay tantas maneras de viajar. De vivir.
Etiquetas:
Andes,
Mendoza,
Ruta 40,
Vacaciones,
Viajes
31.1.09
De esta vida
INSOMNIO
Pasaron corriendo por la calle. Los vio desde el balcón. Tomaba una cerveza negra helada y, de pronto: las corridas, el jadeo, la explosión seca, el olor de la pólvora. El cuerpo a tierra dos pisos más abajo. El cuerpo en fuga con un par de zapatillas nuevas.
Etiquetas:
Cosas mías,
Crímenes imperceptibles,
Vivir acá
16.1.09
La Odisea sin fin
“¿Cuántas fronteras tendremos que cruzar para llegar a casa?”T. Angelopoulos
Él es uno de los grandes actores del cine internacional, aunque su partida de nacimiento diga que Harvey Keitel nació en Brooklyn, Nueva York. (Bueno, N.Y. no es estrictamente Estados Unidos).
Keitel hace gala de una sutileza y una ductilidad proverbiales. (Algo que les falta a las estrellas yanquis, a quienes el personaje les sirve de pretexto para actuar de sí mismos).
Fue capaz de ponerle el cuerpo al Maldito policía de Ferrara; al buen salvaje de La lección de piano; al sensible comerciante de Smoke; al temible gángster de Los perros de la calle.
Al Odiseo de La mirada de Ulises.
¿Por qué un clásico estrenado hace 15 años puede ser hoy una novedad?
¿Es que acaso alguna vez el poema homérico dejará de serlo?
A, el Odiseo del prodigioso filme de Teo Angelopoulos, vuelve a Grecia tras varios años de exilio en Estados Unidos, para acompañar el estreno de una película suya. En realidad, el interés genuino de su viaje radica en encontrar y rescatar la primera película que hicieron en su país los hermanos Manakis, tres rollos de cinta misteriosamente desaparecidas.
El viaje es un periplo lleno de riesgos y descubrimientos, como es de imaginar tratándose de la travesía de un Ulises moderno.
Con el terrible marco de la guerra balcánica de principios de los 90, uno de los destinos al que lo conduce su obsesiva búsqueda. Con sus recuerdos y fantasmas, que lo esperan en un cruce de fronteras o en la estación de tren de un pueblito en los lindes.
El film es de una belleza que lastima. Es la belleza de la poesía, en medio de todo: de la masacre, de la muerte, del desasosiego, del amor, de la amistad, de la memoria.
Recordé por qué me había impactado la primera vez que lo vi, las escenas aun permanecían en mi mente: largos planos secuencia, un río eterno transportando la estatua dislocada de Lenin y la gente en las orillas persignándose a su paso; dos hombres compartiendo un trago de vodka bajo la nieve... Imágenes.
Precisamente porque el silencio reina, es que el silencio nos obliga a mirar con A.
Lo que no recordaba es que el deseo no es sólo buscar la mirada que no tenemos, la mirada por-venir. Aquello que hace a nuestra falta y promesa: una esperanza, tal vez.
El deseo aquí es reencontrar la mirada perdida: la de estos griegos medio anarquistas; la de una cultura: la del griego errante en su metamorfosis humana.
No recordaba el porqué de su imposibilidad de amar a una mujer (siempre la misma, en toda circunstancia y lugar). Él se despide de ella, una vez más, llorando. Cuando ella le pregunta por qué llora, él dice:
-Porque no puedo amarte.
Su Penélope de distintos nombres y un único rostro, lo esperará siempre.
Él pierde todo; sólo cuando pierda toda esperanza, podrá ser un hombre, otra vez. Podrá amar. Él antes tiene que perderla para saberlo.
Recuperar la inocencia. Fundar una mirada: “Al principio llegué a pensar que era un rostro. Después se transformó en algo perdido. Ahora es una mirada que creía perdida; una especie de nacimiento.”
Él es uno de los grandes actores del cine internacional, aunque su partida de nacimiento diga que Harvey Keitel nació en Brooklyn, Nueva York. (Bueno, N.Y. no es estrictamente Estados Unidos).
Keitel hace gala de una sutileza y una ductilidad proverbiales. (Algo que les falta a las estrellas yanquis, a quienes el personaje les sirve de pretexto para actuar de sí mismos).
Fue capaz de ponerle el cuerpo al Maldito policía de Ferrara; al buen salvaje de La lección de piano; al sensible comerciante de Smoke; al temible gángster de Los perros de la calle.
Al Odiseo de La mirada de Ulises.
¿Por qué un clásico estrenado hace 15 años puede ser hoy una novedad?
¿Es que acaso alguna vez el poema homérico dejará de serlo?
A, el Odiseo del prodigioso filme de Teo Angelopoulos, vuelve a Grecia tras varios años de exilio en Estados Unidos, para acompañar el estreno de una película suya. En realidad, el interés genuino de su viaje radica en encontrar y rescatar la primera película que hicieron en su país los hermanos Manakis, tres rollos de cinta misteriosamente desaparecidas.
El viaje es un periplo lleno de riesgos y descubrimientos, como es de imaginar tratándose de la travesía de un Ulises moderno.
Con el terrible marco de la guerra balcánica de principios de los 90, uno de los destinos al que lo conduce su obsesiva búsqueda. Con sus recuerdos y fantasmas, que lo esperan en un cruce de fronteras o en la estación de tren de un pueblito en los lindes.
El film es de una belleza que lastima. Es la belleza de la poesía, en medio de todo: de la masacre, de la muerte, del desasosiego, del amor, de la amistad, de la memoria.
Recordé por qué me había impactado la primera vez que lo vi, las escenas aun permanecían en mi mente: largos planos secuencia, un río eterno transportando la estatua dislocada de Lenin y la gente en las orillas persignándose a su paso; dos hombres compartiendo un trago de vodka bajo la nieve... Imágenes.
Precisamente porque el silencio reina, es que el silencio nos obliga a mirar con A.
Lo que no recordaba es que el deseo no es sólo buscar la mirada que no tenemos, la mirada por-venir. Aquello que hace a nuestra falta y promesa: una esperanza, tal vez.
El deseo aquí es reencontrar la mirada perdida: la de estos griegos medio anarquistas; la de una cultura: la del griego errante en su metamorfosis humana.
No recordaba el porqué de su imposibilidad de amar a una mujer (siempre la misma, en toda circunstancia y lugar). Él se despide de ella, una vez más, llorando. Cuando ella le pregunta por qué llora, él dice:
-Porque no puedo amarte.
Su Penélope de distintos nombres y un único rostro, lo esperará siempre.
Él pierde todo; sólo cuando pierda toda esperanza, podrá ser un hombre, otra vez. Podrá amar. Él antes tiene que perderla para saberlo.
Recuperar la inocencia. Fundar una mirada: “Al principio llegué a pensar que era un rostro. Después se transformó en algo perdido. Ahora es una mirada que creía perdida; una especie de nacimiento.”
15.1.09
Oasis en el desierto
Copio y pego la información contenida en el blog CON LOS OJOS ABIERTOS. Al ciclo lo dirige uno de los mejores críticos de cine que tenemos aquí, Roger Koza (sus críticas aparecen en La Voz, cfr. link de uno de sus comentarios. Y también he visto por allí artículos suyos sobre cine en la revista que distribuyen librerìas El Ateneo/Yenny, otra recomendación para ustedes, les debo el nombre de la publicación porque ahorita no me acuerdo. .. Bueno, me acabo de fijar en casa, se llama QUID).
Hay pelis hasta fin de mes, así que pueden entrar en la dirección de dicho blog para ver las programaciones actualizadas.
El veranito también nos depara estas agradables sorpresas.
Esta semana empieza con todo: Bresson, Varda, Mambety. A la noche va una película tapada: Dia noche, día noche. Mañana tenemos a Resnais y un film que retoma el lenguaje humorístico de Tati: El iceberg. Le sigue una film brasilero, de un linaje de la cinematografía de ese país que se desmarca de películas atroces y fascistas como Tropa de elite. Después va la última de la última de Sayles, de lo mejor que hizo en años. El jueves salimos con la opera prima de Tarr, seguida de la magistral Dong, pasando por otro film africano que demuestra que la cinematografía de ese continente es sofisticada y más que atendible, diríase, necesaria. Después va una de von Trier, poco pretenciosa y estimulante para pensar la filosofía empresarial dominante de nuestro tiempo; un film de von Trier que no es misógino, aunque sí ligeramente misántropo. Los esperamos en reposera como Varda. Parece que está en vacaciones, pero no se distrae: filma, piensa, se divierte; es cine, del mejor. Bajo ese semblante, largamos la segunda semana. (Roger Koza)
SEGUNDA SEMANA
MARTES 13
17.50hs: Clásicos para un canon
Un condenado a muerte ha escapado, de Robert Bresson, Francia, 1957
101 minutos / No recomendada para menores de 13 años
Antes de la película principal se proyectará el cortometraje A propósito de Niza (23′), de Jean Vigo, Francia, 1930 (Jean Vigo en foco)
20.00hs: África no es Animal Planet
Hienas, de Djibril Diop Mambety, Senegal, 1992
112 minutos / No recomendada para menores de 13 años
Antes de la película principal se proyectará el cortometraje 47 años atrás (3′), de Youssef Chahine, Egipto, 2007
22.00hs: El ojo lúcido (Documentales)
Las playas de Agnès, de Agnès Varda, Francia, 2008
110 minutos / No recomendada para menores de 13 años
Antes de la película principal se proyectará el cortometraje El afilador (7′), de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, Italia, 2000
00.15hs: Horizontes contemporáneos
Día noche, día noche, de Julia Loktev, EE.UU., 2006
91 minutos / No recomendada para menores de 13 años
Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Los padres (6′), de Xavi Sala, España, 2003
MIÉRCOLES 1418.00hs: El psiquismo en fotogramas
Mi tío de América, de Alain Resnais, Francia, 1980
123 minutos / No recomendada para menores de 13 años
Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Asesinato (2′), de Roman Polanski, Polonia, 1957
20.15hs: Horizontes contemporáneos
El iceberg, de Fiona Gordon, Bruno Romy y Dominique Abel, Bélgica, 2005
84 minutos / No recomendada para menores de 13 años
Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Dos hombres y un armario (15′), de Roman Polanski, Polonia, 1958
22.10hs: Horizontes contemporáneos
Cine, aspirinas y urubúes, de Marcelo Gomes, Brasil, 2005
99 minutos / No recomendada para menores de 16 años
Antes de la película principal se proyectará El combate del siglo XX (1′), de Remo Bianchedi, Argentina, 2007
00.10hs: Horizontes contemporáneos
Honeydripper, de John Sayles, EE.UU., 2007
123 minutos / No recomendada para menores de 13 años
Antes de la película principal se proyectará el cortometraje En el instituto (3′), de Xavi Sala, España, 2006
JUEVES 1518.00hs: Béla Tarr en foco
Nido familiar, de Béla Tarr, Hungría, 1977
100 minutos / No recomendada para menores de 13 años
Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Manufraktur (3′), de Peter Tscherkassky, Austria, 1985
20.00hs: El ojo lúcido (Documentales)
Dong, de Jia Zhang-ke, China, 2006
68 minutos / ATP
Antes de la película principal se proyectará el mediometraje Cero en conducta (43′), de Jean Vigo, Francia, 1933 (Jean Vigo en foco)
22.15hs: África no es Animal Planet
Temporada de sequía, de Mahamat-Saleh Haroun, República de Chad, 2006
96 minutos / No recomendada para menores de 13 años
Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Hiyab (8′), de Xavi Sala, España, 2005
00.15hs: Horizontes contemporáneos
El jefe de todo esto, de Lars von Trier, Dinamarca, 2006
99 minutos / No recomendada para menores de 16 años
Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Ventanas (4′), de Peter Greenaway, Reino Unido, 1974
Para leer más sobre las películas ir a http://ojosabiertos.wordpress.com/2009/01/02/quinta-muestra-de-cine-independiente/ o pinchar a su derecha, en la columna de Entradas recientes, en Quinta Muestra de Cine Independiente.
11.1.09
Un cacho de cultura
El veranito llegó y, al menos para Córdoba, esto significa una merma considerable de ofertas culturales. Salvo que se interprete que las pulposas muchachas de las noches carlospaceñas pueden ser parte de ellas. O Jesús María... (y muy bien por el comentario de Carlos Schilling en la columna de espectáculos de ayer sobre la inauguración del tradicional evento).
Precisamente, cuando los decibeles bajan y estamos más abiertos para escuchar, leer, mirar, disfrutar, menos presionados por la rutina, lo que se nos brinda tiene una pobreza patética... Por allí salvan los platos alguna que otra película, alguna figura invitada a Cosquín o los festivales de rock en las sierras, pero ciertamente no abundan... ¿por qué, nos preguntamos, la cultura tiene que ser siempre una excepción, un valor agregado, en lugar de ser una necesidad básica de nuestra canasta familiar?
En Mar del Plata, por caso, en plena temporada alta, hay recitales de poesía, y puestas de teatro clásico, además de las obras de entretenimiento comercial que también deben existir para quienes gusten del género.
En Villa Gesell, grandes recitales en la playa, gratuitos, con cantantes y bandas y muchos, muchos espectáculos para chicos. También ciclos de charlas abiertas de escritores e intelectuales argentinos.
Vaya como botón de muestra la programación cultural de la costa para los próximos días que publica La Nación.
Pero no nos desanimemos, no señor, no señora. Buscaremos las excepciones para compartirlas. Que las hay: tanta gente pujante aquí y allá. Y tenemos la red.
Que este también sea un espacio receptivo de sus sugerencias, lectores del blog.
Etiquetas:
Córdoba,
Cultura,
Festivales,
Ocio,
Verano
4.1.09
Sol azul
Nunca le gustaron las vísperas, pero ahora está en una distinta a todas, la primera que siente como propia, porque ha elegido la inminencia de su acontecer. Así que cuida su insomnio para estar despabilada hasta el último minuto de permanencia en la casa. La casa es de estilo inglés, con techos altos y paredes bolseadas. Su madre había diseñado la cocina con creatividad y buen gusto, en contraste con las rústicas costumbres del pueblo.
Una fiesta de sartenes de todos los tamaños y metales pende de la parrilla, a medio metro de la mesada. Hay también un horno de barro cerca del ventanal y varias planchas de madera y un cuenco grande sobre lo que fuera el piletón del lavadero. Su madre cocinaba poco, pero disfrutaba de la sensación de hogar que generaba ese espacio, donde las mezclas y la diversidad de haceres encontraban un cauce común: dorar y escribir, fritar y pintar, tejer, especiar y depilarse, la cera a fuego moderado en olla de aluminio, confundiendo su aroma con el del caramelo del flan.
La de esa cocina es la única puerta que le duele cerrar, antes de echar el sobre por la ranura del buzón. La carta está dirigida a Rosita Montes, sin fecha y, al pie, apenas un “gracias”. No dice “querida”, ni le deja besos ni abrazos. Sólo un par de instrucciones: que le riegue las plantas, que una vez por semana se ocupe de ventilar los ambientes y que, al recibir el poder con su firma, disponga a su antojo de la propiedad.
No quiere mirar atrás, sólo respira hondamente hasta sentir el ardor en la nariz, y se le nubla la vista del esfuerzo por absorber todos los olores queridos.
Se sienta a esperar el ómnibus al costado de la ruta desierta. El sol azula todavía cuando se deja ir.
Etiquetas:
Acuarela y tinta,
Cosas mías,
Literatura,
pintura,
plástica,
Relato,
Sol
23.12.08
Todo está aquí
“Y el barquero habla lentamente a lo largo del agua
Nunca hubo ni error ni extravíos
Y todo fue dado, una vez por todas, a todo el mundo
el árbol del bien y del mal nunca ha sido sembrado
ni arrancado de raíz
y todo está aquí
y vemos la existencia desnuda y radiante
y escuchamos la música inmanente y sabia
como en el primer día, como en el último”.
Y todo fue dado, una vez por todas, a todo el mundo
el árbol del bien y del mal nunca ha sido sembrado
ni arrancado de raíz
y todo está aquí
y vemos la existencia desnuda y radiante
y escuchamos la música inmanente y sabia
como en el primer día, como en el último”.
Anton Boulad (Beirut, 1951)
Etiquetas:
anton boulad,
Líbano,
Literatura,
Poesía
14.12.08
Agua bendita, agua de amor
La flaca
Hasta los treinta fue “la flaquita”. Tenía la nariz ganchuda, piernas largas y los ojos más negros que uno pueda imaginarse. En las fotos aparecía tímida, mirando de costado. El primer plano se reservaba a su hermana mayor, que había ganado un concurso de belleza en Rosario junto a Nelly Medem, una de las femme fatale rubias de Argentina Sono Film, gracias a la competencia. La morocha no tuvo ese destino. El padre andaluz le había prohibido siquiera con soñar en ser actriz:
-Esas son cosas de putas –sentenció, y adiós futuro cinematográfico.
Pero ella no iba a tolerar una vida de perfil bajo: se casó con un hombre lo suficientemente ambicioso y perspicaz para los negocios como para hacer fortuna y, cual astro rey, sacarla de su opacidad de origen proletario. Cuando su hijo menor aun no había nacido, el industrial en que se había convertido su esposo le compró una casa que ocupaba una manzana entera, con escaleras anchas, vitrales y patios coloniales. Sus fiestas eran memorables; también el Cadillac dorado que manejó su esposo durante dos décadas, el primero que se vio circular por la ciudad.
La flaquita tuvo distinta suerte. Ella no daba para concursos de belleza, aunque después de adolecer su cuerpo se llenó de curvas y su rostro de ángulos. Entonces dejó de ser la flaquita para ser, a secas, la flaca.
La flaca que todavía era la flaquita aprendió a tejer, a bordar, a cocinar y a abrir la puerta para ir a jugar. El padre se murió el mismo día de su cumpleaños número 21, algo que nunca le perdonó. Tal fue su dolor de malquerida que nunca más volvió a festejar su natalicio. El padre había llegado viudo desde Linares, provincia de Jaén. Su primera esposa había muerto trágicamente en un accidente. Contaba la hermana mayor que la muerta estaba embarazada cuando su vida se tronchó. O sea que el abuelo tuvo una pérdida doble. A la hermana mayor le encantaba contar historias especialmente trágicas. Así parecía que a la familia le habían pasado grandes cosas:
-Papá se vino huyendo de ese dolor, dejando atrás sus campos de olivares que eran vastísimos…
Tras algunos flirteos inocentes, hasta donde el pudor de las mujeres de antes puede garantizarlo, la flaca se enamoró perdidamente de un joven llamado Carlos. El joven era un buen partido. De origen turco. O sea que el porvenir económico estaría asegurado. Ellos se comprometieron ante las dos familias. No queda registro fotográfico del acontecimiento, y las razones son obvias: un día la novia descubrió in fraganti al prometido en brazos de otra, que no era por lo que se supo la aventura de una noche. La flaca rompió lazos, se negó a escuchar ruegos y disculpas y se encerró en una vida monacal, por un tiempo. Su madre, que había criado seis hijos desde su viudez temprana, _el andaluz le llevaba 23 años_ la acompañaba en las caminatas por el bulevar Oroño, le secaba las lágrimas y le aseguraba:
-Ya pasará, hijita, todo pasa, menos la muerte.
La madre sabía por qué lo decía. Otra de las historias que había contado la hermana mayor era que el hermano mayor no era, en realidad, hijo del andaluz. Que eso explicaría su tez “morochita”, a diferencia del resto, y sobre todo del padre, cuya piel era traslúcida. El pretendido bastardo y su madre tendrían así su mundo privado y excluyente.
-Papá fue tan generoso… hasta le dio el apellido.
La hermana del medio siempre desmintió esas aseveraciones.
El mayor en cuestión había fugado con parte de la magra herencia familiar _el taller de herrería artística del andaluz_, el del medio se subió a los barcos de la marina mercante, así que el más chico cargó sobre sus hombros la responsabilidad de cuidar y mantener a las mujeres. Se fueron a vivir a una pensión.
El hermano proveedor hacía horas extras en la fábrica metalúrgica y a cambio la flaquita le lavaba los mamelucos grasientos y cosía para afuera. Nunca fueron peronistas “sentidos” pero había que sobrevivir. La hermana mayor empezó a visitar villas como asistente social de la Señora y la del medio a dar clases en las unidades básicas a niños del primario. Tenía un talento especial para la docencia. Era paciente y el gustaban los niños. Lástima que su deseo rumbeaba para el canto lírico, una carrera que jamás el andaluz ni el hermano menor hubieran podido costearle. La flaca ya era la flaca cuando su hermana mayor contrajo nupcias con pompa y circunstancia y se fue a vivir a Córdoba. Había florecido, y muchos la codiciaban.
La flaca enamoró a un conocido pintor de escenas gauchescas cuya madre la a-do-ra-ba.
A un señor entrado en años con una sólida posición y casa con pileta.
A un empleado bancario con modestas ambiciones pero ambiciones al fin.
A un viudo que sólo quería una compañera.
Ella jugaba a ser la chica sexy en los sesenta, cuando a su hermana mayor le crecía la panza y ya no era el centro de atención. Los otros hermanos ya habían buscado anclajes, con suerte adversa, como el tiempo se encargaría de demostrar. La flaca seguía jugando y su hermana mayor estaba seriamente preocupada. A la flaca no le quedaba mucho hilo en el carretel para mantener su estatus de soltera-apetecible. Era hora de sentar cabeza. Las fiestas se sucedían unas tras otras con diversos invitados cada vez; la flaca estaba encantada pero seguía solterita y sin apuro.
Hasta que la actriz que no fue la amenazó:
-Mirá querida, más te vale que consigas un marido pronto porque te vas a quedar para vestir santos y a mí se me está acabando la lista.
Para la flaca fue un baldazo de agua. La hermana mayor imponía sobre ella su autoridad. Sobre todo cuando la miraba arqueando las cejas pobladas directo a sus hermosos ojos negros.
Es entonces cuando aparece en escena El Cubano. El cubano estaba por cumplir 40 años, era de modales caballerescos y una suave y cimbreante tonada que derretía las piedras. En su pasado reciente había un hijo y dos divorcios.
El cubano andaba de viaje probablemente huyendo de ambas circunstancias. Aunque esa es una lectura extraoficial del asunto. Su trabajo era viajar aunando voluntades para concretar obras benéficas. En su juventud había ingresado en la masonería. Tenía una fuerte vocación de servicio y alas siempre prontas para despegar. Era un aventurero que ya andaba nostálgico de un lugar en el mundo. Aunque él recién lo supo cuando la vio, con su vestido de raso pegado al cuerpo, bajar las escaleras de la mansión donde habitaban la hermana mayor y su acaudalado esposo.
-Esa mujer será mi casa –decidió.
Seis meses después se casaron en La Habana.
Ella no vistió de blanco como hubiera querido.
Tampoco estuvo su madre en la boda. Ni sus hermanos.
Ella estaba paradita allí, ante el altar, sonriendo tímidamente a sus parientes políticos, mirando todo con sus profundos y hermosos ojos negros.
Ella era una mujer valiente.
Poco después, ellos emigraron de la isla. El hogar/caracol anduvo de un lado a otro por un lapso de veinte años, antes de radicar en el lugar que vio nacer a sus nietos y a sus nietos, verlos morir a ellos.
Pero esa es otra historia. Esa historia no nos interesa ahora.
Porque ellos vuelven a emigrar juntos hoy, como aquella vez, solos.
Ellos vuelven a elegirse.
La casa de él, donde esté su mujer.
La casa de su mujer, en el regazo de la infancia.
Ella lo lleva a él, que ha partido pocos años antes. Lo lleva de la mano hasta el lecho del río. Para ser agua: agua enriquecida, agua bendita.
Agua de amor.
Nosotros, sus hijos, les decimos gracias y adiós.
Buen viaje, viejos queridos.
Hasta los treinta fue “la flaquita”. Tenía la nariz ganchuda, piernas largas y los ojos más negros que uno pueda imaginarse. En las fotos aparecía tímida, mirando de costado. El primer plano se reservaba a su hermana mayor, que había ganado un concurso de belleza en Rosario junto a Nelly Medem, una de las femme fatale rubias de Argentina Sono Film, gracias a la competencia. La morocha no tuvo ese destino. El padre andaluz le había prohibido siquiera con soñar en ser actriz:
-Esas son cosas de putas –sentenció, y adiós futuro cinematográfico.
Pero ella no iba a tolerar una vida de perfil bajo: se casó con un hombre lo suficientemente ambicioso y perspicaz para los negocios como para hacer fortuna y, cual astro rey, sacarla de su opacidad de origen proletario. Cuando su hijo menor aun no había nacido, el industrial en que se había convertido su esposo le compró una casa que ocupaba una manzana entera, con escaleras anchas, vitrales y patios coloniales. Sus fiestas eran memorables; también el Cadillac dorado que manejó su esposo durante dos décadas, el primero que se vio circular por la ciudad.
La flaquita tuvo distinta suerte. Ella no daba para concursos de belleza, aunque después de adolecer su cuerpo se llenó de curvas y su rostro de ángulos. Entonces dejó de ser la flaquita para ser, a secas, la flaca.
La flaca que todavía era la flaquita aprendió a tejer, a bordar, a cocinar y a abrir la puerta para ir a jugar. El padre se murió el mismo día de su cumpleaños número 21, algo que nunca le perdonó. Tal fue su dolor de malquerida que nunca más volvió a festejar su natalicio. El padre había llegado viudo desde Linares, provincia de Jaén. Su primera esposa había muerto trágicamente en un accidente. Contaba la hermana mayor que la muerta estaba embarazada cuando su vida se tronchó. O sea que el abuelo tuvo una pérdida doble. A la hermana mayor le encantaba contar historias especialmente trágicas. Así parecía que a la familia le habían pasado grandes cosas:
-Papá se vino huyendo de ese dolor, dejando atrás sus campos de olivares que eran vastísimos…
Tras algunos flirteos inocentes, hasta donde el pudor de las mujeres de antes puede garantizarlo, la flaca se enamoró perdidamente de un joven llamado Carlos. El joven era un buen partido. De origen turco. O sea que el porvenir económico estaría asegurado. Ellos se comprometieron ante las dos familias. No queda registro fotográfico del acontecimiento, y las razones son obvias: un día la novia descubrió in fraganti al prometido en brazos de otra, que no era por lo que se supo la aventura de una noche. La flaca rompió lazos, se negó a escuchar ruegos y disculpas y se encerró en una vida monacal, por un tiempo. Su madre, que había criado seis hijos desde su viudez temprana, _el andaluz le llevaba 23 años_ la acompañaba en las caminatas por el bulevar Oroño, le secaba las lágrimas y le aseguraba:
-Ya pasará, hijita, todo pasa, menos la muerte.
La madre sabía por qué lo decía. Otra de las historias que había contado la hermana mayor era que el hermano mayor no era, en realidad, hijo del andaluz. Que eso explicaría su tez “morochita”, a diferencia del resto, y sobre todo del padre, cuya piel era traslúcida. El pretendido bastardo y su madre tendrían así su mundo privado y excluyente.
-Papá fue tan generoso… hasta le dio el apellido.
La hermana del medio siempre desmintió esas aseveraciones.
El mayor en cuestión había fugado con parte de la magra herencia familiar _el taller de herrería artística del andaluz_, el del medio se subió a los barcos de la marina mercante, así que el más chico cargó sobre sus hombros la responsabilidad de cuidar y mantener a las mujeres. Se fueron a vivir a una pensión.
El hermano proveedor hacía horas extras en la fábrica metalúrgica y a cambio la flaquita le lavaba los mamelucos grasientos y cosía para afuera. Nunca fueron peronistas “sentidos” pero había que sobrevivir. La hermana mayor empezó a visitar villas como asistente social de la Señora y la del medio a dar clases en las unidades básicas a niños del primario. Tenía un talento especial para la docencia. Era paciente y el gustaban los niños. Lástima que su deseo rumbeaba para el canto lírico, una carrera que jamás el andaluz ni el hermano menor hubieran podido costearle. La flaca ya era la flaca cuando su hermana mayor contrajo nupcias con pompa y circunstancia y se fue a vivir a Córdoba. Había florecido, y muchos la codiciaban.
La flaca enamoró a un conocido pintor de escenas gauchescas cuya madre la a-do-ra-ba.
A un señor entrado en años con una sólida posición y casa con pileta.
A un empleado bancario con modestas ambiciones pero ambiciones al fin.
A un viudo que sólo quería una compañera.
Ella jugaba a ser la chica sexy en los sesenta, cuando a su hermana mayor le crecía la panza y ya no era el centro de atención. Los otros hermanos ya habían buscado anclajes, con suerte adversa, como el tiempo se encargaría de demostrar. La flaca seguía jugando y su hermana mayor estaba seriamente preocupada. A la flaca no le quedaba mucho hilo en el carretel para mantener su estatus de soltera-apetecible. Era hora de sentar cabeza. Las fiestas se sucedían unas tras otras con diversos invitados cada vez; la flaca estaba encantada pero seguía solterita y sin apuro.
Hasta que la actriz que no fue la amenazó:
-Mirá querida, más te vale que consigas un marido pronto porque te vas a quedar para vestir santos y a mí se me está acabando la lista.
Para la flaca fue un baldazo de agua. La hermana mayor imponía sobre ella su autoridad. Sobre todo cuando la miraba arqueando las cejas pobladas directo a sus hermosos ojos negros.
Es entonces cuando aparece en escena El Cubano. El cubano estaba por cumplir 40 años, era de modales caballerescos y una suave y cimbreante tonada que derretía las piedras. En su pasado reciente había un hijo y dos divorcios.
El cubano andaba de viaje probablemente huyendo de ambas circunstancias. Aunque esa es una lectura extraoficial del asunto. Su trabajo era viajar aunando voluntades para concretar obras benéficas. En su juventud había ingresado en la masonería. Tenía una fuerte vocación de servicio y alas siempre prontas para despegar. Era un aventurero que ya andaba nostálgico de un lugar en el mundo. Aunque él recién lo supo cuando la vio, con su vestido de raso pegado al cuerpo, bajar las escaleras de la mansión donde habitaban la hermana mayor y su acaudalado esposo.
-Esa mujer será mi casa –decidió.
Seis meses después se casaron en La Habana.
Ella no vistió de blanco como hubiera querido.
Tampoco estuvo su madre en la boda. Ni sus hermanos.
Ella estaba paradita allí, ante el altar, sonriendo tímidamente a sus parientes políticos, mirando todo con sus profundos y hermosos ojos negros.
Ella era una mujer valiente.
Poco después, ellos emigraron de la isla. El hogar/caracol anduvo de un lado a otro por un lapso de veinte años, antes de radicar en el lugar que vio nacer a sus nietos y a sus nietos, verlos morir a ellos.
Pero esa es otra historia. Esa historia no nos interesa ahora.
Porque ellos vuelven a emigrar juntos hoy, como aquella vez, solos.
Ellos vuelven a elegirse.
La casa de él, donde esté su mujer.
La casa de su mujer, en el regazo de la infancia.
Ella lo lleva a él, que ha partido pocos años antes. Lo lleva de la mano hasta el lecho del río. Para ser agua: agua enriquecida, agua bendita.
Agua de amor.
Nosotros, sus hijos, les decimos gracias y adiós.
Buen viaje, viejos queridos.
A Ramón y Blanca, in memoriam. Rosario, a orillas del Paraná, 6 de diciembre 2008.
Etiquetas:
ceremonias,
Cosas mías,
Duelos,
familia,
Madre,
Maternidad
13.12.08
Acto fallido
Me llega por mail esta invitación:
Te invitamos a la presentación del libro Derechos de las mujeres y de las minorías sexuales. Un análisis desde el método de casos, coordinado por Andrés Rossetti y Magdalena Álvarez (Advocatus, Córdoba, 2008). Será este lunes 15 de diciembre, a las 19.30 hs, en el Salón Vélez Sársfield de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNC, Obispo Trejo 242, planta alta.
Presentarán el libro la Dra. Carmen Colazo, la Dra. Nora Lloveras y el Dr. Juan Marco Vaggione.
¿qué leo a primer golpe de vista?: Derechos de las mujeres y de las minorías sexuales. Un análisis desde el método del CAOS...
10.12.08
26.11.08
Rizomas
II
el espejo se vuelve más pálido
si estiro la espera:
la copa, la sombra de la copa...
¿cuánto temblor soporta el cuerpo?
ajado pero sin sonar a roto, al galope
de un ritmo que conoce,
como si cumpliera
la edad de nuestros hábitos
el miedo es un murmullo que transcurre
sobre música vieja.
Florencia Abatte (Buenos Aires, 1976)
.................................................
Hemos quedado parados,
en el laberinto de nuestro tiempo sucinto;
o, nos hemos acurrucado
sobre nuestro último instante.
Nos hemos acurrucado
sobre sueños evanescentes,
sobre copas vacías,
sobre una iglesia.
La iglesia de enfrente me ha visto
abrazar la nada.
Sabah Zouein (Monte Líbano, 1955)
En Poéticas al Encuentro. Poesía Argentina y Libanesa Contemporánea. Comp. Edgardo Zuain y Sabah Zouein. Tantalia. Buenos Aires, Octubre de 2008. (30 poetas argentinos, entre quienes tuve el honor de ser incluida / 30 poetas libaneses). Para más información remito a la dirección del blog de María del Carmen Colombo, que además como sitio brinda un interesante recorrido por lo mejor de nuestras letras.
Etiquetas:
florencia abatte,
Líbano,
Literatura,
literatura argentina,
Poemas,
Poesía,
Poéticas,
zabah zouain
21.11.08
Vidriera
Circa Recoleta, Juncal al nosecuánto. Ayer a la siesta.
Hay otras vidas, otras formas: de dormir, de acicalarse, de habitarse. De mostrarse.
Una mujer de cierta edad mira y se mira en el reflejo de esa escenografía in illo tempore.
Qué pensará.
Lo que es yo, no me imagino en esa chaise longue. Ni ahí.
Pero queda linda en la vidriera.
A ver a ver, una pose para la foto...
Click!
10.11.08
Blanca Rosa, in memoriam
L A G R I M A L
L I N A R E S
Debo apurar mi carta
mañana irán en barco a beber de Linares sus óleos y sus vinos
al fondo del cubil prensadas uvas negras
por las muchachas que éramos
los hijos
¿recuerdas?
¿la sangre mora casi al trepar las faldas
de los primeros arreboles?
nos tomaba la ronda todo el día
guernica estaba lejos
por los cabellos azulaba la sombra de la parra
el mar no estaba
la miel entre los labios a punto caramelo
las risas las abuelas
no había nada de esa nada que nos creció después
como un tubérculo
ni el dolor agrio del ciruelo en el frasco
ni de la terra incognita los frutos
ellos irán a descifrarse
el equipaje lleno de nueces
los bordes de la puntilla por fuera
de los cerrojos oxidados
el sabor de mis ojos en la caligrafía
por esas mismas aguas que atravesó la niña
al rumbo de tu mano
blanca. L I N A R E S
Debo apurar mi carta
mañana irán en barco a beber de Linares sus óleos y sus vinos
al fondo del cubil prensadas uvas negras
por las muchachas que éramos
los hijos
¿recuerdas?
¿la sangre mora casi al trepar las faldas
de los primeros arreboles?
nos tomaba la ronda todo el día
guernica estaba lejos
por los cabellos azulaba la sombra de la parra
el mar no estaba
la miel entre los labios a punto caramelo
las risas las abuelas
no había nada de esa nada que nos creció después
como un tubérculo
ni el dolor agrio del ciruelo en el frasco
ni de la terra incognita los frutos
ellos irán a descifrarse
el equipaje lleno de nueces
los bordes de la puntilla por fuera
de los cerrojos oxidados
el sabor de mis ojos en la caligrafía
por esas mismas aguas que atravesó la niña
al rumbo de tu mano
Etiquetas:
Cosas mías,
duelo,
familia,
Literatura,
Madre,
Maternidad,
Poesía,
Poéticas,
raíces
26.10.08
La Vida Girasol
Hace unos días asistí a un seminario dedicado a indagar la obra de Hélene Cixous y Jacques Derrida, en torno a Soñar y escribir lo femenino. Lo dictó una profesora de España, Marta Segarra.
A Hélene la había conocido gracias a mi amiga Daniela, por un libro precioso que escriben en tándem con Derrida, su gran amigo y lector, llamado Velos. Una delicia, también, como objeto libro.
Ahora encuentro lecturas nuevas de ella. Y la alegría de los lazos entre autores y artistas que me han conmovido y me conmueven. Un oasis entre tanta obra oportunista, tanta mercancía al gusto de consumidores fast-readers, tanta idea de que escribir no implica una puesta del cuerpo hacia el vacío, un riesgo y una aventura permanentes...
Va un parrafito, entonces, de su ensayo "El último cuadro o el retrato de Dios" (1983), incluido en Deseo de escritura:
"Pintar y escribir, es esto, es esperar absolutamente, es lo que podríamos llamar: La Vida Girasol, para tomar una imagen de Van Gogh o de Clarice Lispector:
´Casi todas las vidas son pequeñas. Lo que agranda una vida, es la vida interior, son los pensamientos, son las sensaciones, son las esperanzas inútiles... La esperanza es como un girasol que a la ventura gira en dirección del sol. Pero no es ´a la ventura´.
Lo que agranda la vida de una persona, son los sueños imposibles, los deseos irrealizables. El que todavía no se ha realizado. Y son tan fuertes esas esperanzas esos deseos que a veces nos caemos, y cuando la persona se cae, ve, está de nuevo girada hacia el sol inaccesible. Por qué la flor tiene un perfume que no es para alguien y para nada...
Como la esperanza. La esperanza aspira a la esperanza propia".
Etiquetas:
Cixous,
clarice lispector,
Derrida,
escribir,
Literatura,
literatura brasilera,
mujeres,
Poesía,
Poéticas
18.10.08
17.10.08
Deberes
he debido arreglar la chimenea y sin embargo
el humo le ha dado una cierta entidad a las paredes
las distrae el detalle
de algún adorno incaico
que trajo algún amigo de algún viaje
he debido limpiar un poco este desorden lo sé
sucede que me gusta
la fauna que crece en los resquicios
del pan amohosado
la generación voraz de su
alimento.
Etiquetas:
Cosas mías,
Literatura,
Poemas,
Poesía,
Poéticas
10.10.08
De la A a la Z: barthes
barthes.
¡Pero yo nunca me he parecido a eso! -¿Cómo lo sabe usted? ¿qué es ese “usted” al que usted se parecería o no? ¿dónde tomarlo? ¿Cuál sería el patrón morfológico o expresivo? ¿Dónde está su cuerpo de verdad? Usted es el único que no podrá nunca verse más que en imagen, usted nunca ve sus propios ojos a no ser que estén embrutecidos por la mirada que posan en el espejo o en el objetivo de la cámara (me interesaría sólo ver mis ojos cuando te miran); aún y sobre todo respecto a su propio cuerpo, usted está condenado al imaginario.
¡Pero yo nunca me he parecido a eso! -¿Cómo lo sabe usted? ¿qué es ese “usted” al que usted se parecería o no? ¿dónde tomarlo? ¿Cuál sería el patrón morfológico o expresivo? ¿Dónde está su cuerpo de verdad? Usted es el único que no podrá nunca verse más que en imagen, usted nunca ve sus propios ojos a no ser que estén embrutecidos por la mirada que posan en el espejo o en el objetivo de la cámara (me interesaría sólo ver mis ojos cuando te miran); aún y sobre todo respecto a su propio cuerpo, usted está condenado al imaginario.
R.B.: en Roland Barthes por Roland Barthes
2.10.08
El silencio
"El silencio no se puede cuantificar, pero yo me doy cuenta cuando un poema está rodeado de su silencio, cuando está con su silencio justo. El silencio es como el líquido amniótico para los bebés, por eso, si un poema no está rodeado de silencio, no veo que pueda ser interesante y que pueda ganarse un cierto tiempo." dice hoy en La Voz del Interior, entrevistado por Gustavo Pablos, Arnaldo Calveyra, uno de los mayores poetas argentinos (y dramaturgo, y novelista, y cuentista...).
Ahora la editorial Adriana Hidalgo ha publicado su Poesía reunida. Nació en Entre Ríos (¡qué gran provincia, matriz de artistas tan fecundos!) pero vive desde hace casi medio siglo en Francia.
21.9.08
De la A a la Z: ars erótica
ars erotica.
Un buen amante se conducirá con elegancia tanto en la oscuridad como en cualquier otro momento. Se deslizará de la cama con una mirada de consternación. Cuando la mujer le suplique: “Vete, amigo, está aclarando. Nadie debe verte aquí”, él lanzará un hondo suspiro revelador de que la noche no ha sido suficientemente larga y que abandonar a su dama lo hace sufrir. Ya de pie, no se vestirá de inmediato, sino que acercándosele a su amada le susurrará todo lo que ha quedado sin decir durante la noche. Incluso ya vestido, se demorará ajustándose el cinturón con gestos lánguidos. Luego levantará la celosía y permanecerá con su dama de pie junto a la puerta, diciendo cuánto lamenta la llegada del día que los apartará, y huirá. Verlo partir en ese momento será para ella uno de sus más deliciosos recuerdos.
La editorial Adriana Hidalgo rescató hace pocos años los apuntes íntimos de esta cortesana japonesa de exquisita complejidad. Irónica, liberal, curiosa, decidida, mundana... fue una verdadera excepción para esos tiempos, para esa cultura, para su propia clase.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







